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De Viaje

8 de abril de 2012
 

¡Viva la diversidad!

Nuestra cronista visitó a su familia pamplonesa este pasado invierno, destino del que nos recomienda al menos una visita de tres días para probar en justicia el sabor de su cocina, el ambiente nocturno y la belleza de sus pintorescas alamedas.

 
Vista de la Calle Curia, con la catedral al fondo.
Vista de la Calle Curia, con la catedral al fondo.

Por Marta Garraus/Especial para De Viaje

Ciudad conocida por sus San Fermines, gracias a las alusiones literarias de Ernest Hemingway, la capital del Reino de Navarra, la “tierra de diversidad”, atrae a miles de turistas durante todo el año. Conocida en vasco como Iruña, el nombre de Pamplona deriva del año 45-74 aC cuando el general romano Pompeyo estableció, con mucha dificultad, su campamento base durante la guerra contra Sertorius. Pompeyo es el fundador de Pompaelo y su nombre, como claramente indica, evolucionó a Pamplona.

Su historia es muy rica. Habla de incursiones germánicas, invasiones de vándalos y alanos, ataques visigodos... Fue por siglos objetivo militar, por su emplazamiento estratégico. Hasta los musulmanes intentaron invadirla en la alta Edad Media. También estuvo ocupada por Carlomagno aunque fue derrotado más tarde en Roncesvalles por los vascones. De cada bosque, prado o rincón de la ciudad y sus pueblos hay una historia, una leyenda o una anécdota que contar.

Estuve en Pamplona este pasado invierno. Casi sin utilizar el auto, tuve la oportunidad de ir de compras, pasear, recorrer la ciudad, irme e pintxos (pinchos), salir a cenar, copas e incluso explorar a Navarra, todo ello en menos de tres días.

Juevintxo de pintxos

Imagínate llegar un jueves de tarde y ya tienes plan porque ese día allí todos se van de pintxos (de tapas) por la calle Estafeta en la parte vieja. Una copa de vino cuesta 2 euros, Juevintxo. El viento gélido no nos detiene a las 7 de la tarde para recorrer los bares que están llenos de gente: El Encierro, Bar Fitero, Chez Evaristo, Cocina de Alex Múgica, Cervecería La Estafeta y el Bodegón de Sarría. El frío no impide que las calles se llenen de gente divirtiéndose y disfrutando de la noche pamplonesa.


Viernes de compras, paseos y pinchos

Son las 8 a.m. y todavía está oscuro, hace frío y el suelo está húmedo. Las calles huelen a pan recién hecho, a croissants, pasta y bollos de crema, entre otras delicias. Madrugo porque quiero tomar café en la pastelería Taberna. Un buen rato hablando y un desayuno nos ha devuelto el calor, ya es hora de recorrer la avenida Carlos III que está llena de tiendas. ¡Compras! Siempre encontramos algo que comprar en Zara, Bershka, Bimba y Lola, Hakei y otros diseñadores españoles en esta gran avenida peatonal.

Por el Casco Viejo


Aquí todo se hace sin auto, en una mañana puedes ir de compras y tomar el aperitivo con tus amigas. Huele a castañas asadas, la tradiciones y costumbres no se pierden y oficios, cuyo sufijo termina en “ero”, como castañero, churrero y barquillero todavía continúan vivos. Algunos comercios mantienen carteles de la época modernista, y distingo farmacias antiguas con artículos centenarios. Cada calle es un mundo de detalles: escudos, iglesias, fachadas barrocas, mesones medievales, pórticos, Pamplona romana, iglesias medievales, catedral gótica, plazas, románico, murallas, parques y jardines donde literalmente respiras otra época.

Los aromas dulces de la mañana dan paso a los salados. Es hora del aperitivo. En cualquier bar o restaurante puedes degustar los mejores pintxos. Recomiendo: el frito de pimiento del Roch, el Otano con su Milhojas de aguja con hongos y virutas de “foie” a la salsa de Oporto, el Gaucho con su alta cocina en miniatura, el San Nicolás, El Baserri, La Pizarra, Melbourne, y la Mejillonera entre otros.

Si quieres saborear una buena tortilla de patata prueba la de La Navarra. De Pamplona he de destacar el servicio y trato en los restaurantes y bares, con algunos hay amistad así que te sientes como en casa, siempre te encuentras con gente conocida y si eres nuevo, no te preocupes que te tratarán bien, no saldrás de comprar el pan, o de la plaza sin un “bonita” “majica” (de maja) o una sonrisa.

En El Bistrot, flanqueado por la majestuosa Catedral de Pamplona, nos sentamos durante horas mientras degustamos un cuadrado de hongos y foie, croqueta de gallina y puerro, taco de presa iberia y manzana caramelizada. Cuando paseo por la Catedral huele a incienso, a piedra, y El Caballo Blanco es mi rincón medieval favorito. Web: www.bistrotcatedral.com.


La terraza del Bar Baviera, en la Plaza del Castillo es nuestra segunda casa, aquí saboreamos diversos pintxos como el frito de yema de huevo, patata y trufa, o el de alcachofa con una mini o zurito (cerveza) y nos sentimos que estamos en cualquier capital europea donde se concentran muchísimos turistas. Tomar el aperitivo aquí es peligroso; puede derivar en una larga sobremesa que empieza a la una de la tarde, desencadenando en fiesta para terminar a cualquier hora de la noche ya que, entre vinos, pintxos, alegría, amigos, conocidos, desconocidos y el buen servicio de nuestro amigo Santos conlleva te lleva a la fiesta, seguro.

Cae la noche

La niebla se apodera de la ciudad creando una atmósfera mágica y medieval. El cuerpo pide pierra de carne con salsas, picantes y un buen surtido de patés, foies y quesos. El Savoy. Todo ello regado con un Chivite rosado, Pago de Cirsus, Incurriera 400, Pétalos del Bierzo, Pago de los Capellanes, Pago de Carraovejas... Pruebo la tostada de queso fundido.


De postre un café irlandés y listo... a la barra, otro lugar donde puedes salir a cualquier hora entre risas y charlas, gracias al buen servicio de Aitor. Son las doce de la noche y me voy a dar un paseo entre la niebla por las calles vacías de la ciudad, es indescriptible la sensación de libertad, de no ver un alma en la calle, y disfrutar de la espesa niebla gélida.

Sábado de montañas, ventas, cena y “marcha”


Llego a la segunda selva más grande de Europa, La Selva de Irati. Bosques de hayas, riachuelos, alfombras de musgo y aire puro nos reciben en el silencio absoluto interrumpido sólo por el viento que roza las copas de los árboles y nuestras pisadas sobre ramas y hojas secas.

En la penumbra de las montañas y bosques la escarcha no se ha derretido, un riachuelo congelado empieza a crujir cuando recibe los rayos del sol y mis manos están congeladas mientras saco fotos, estamos a -2 grados. Hora de volver.

Puedes almorzar en uno de los asadores o ventas que encontrarás en cualquier pueblo, pero fuimos al Bar Roncesvalles, la Botería y el Restaurante La Olla, todos al lado de la Plaza de Toros de Pamplona. Toca siesta y prepararse para salir por la noche.

Fuimos a cenar al restaurante Alhambra de cocina creativa y de temporada. El Alhambra invita a pasar largas sobremesas que es lo que hicimos ya que estábamos cansadas. Compartimos Pimientos del Piquillo de Perón (Lodosa) asados con aceite virgen, Huevo escalfado a baja temperatura con trufa negra y crujiente de puerros en tempura, Taglialoni con trufa negra, hongo beltza y aceite de perejil y almendra. De segundo, Rodaballo al horno con patatas y refrito de ajo al vinagre de vino oloroso. De postre, para compartir, Crema de cuajada,  helado de miel y galleta de pasta brisa. Pedimos la copa y, cómo no, te dejan la botella en la mesa con una hielera. Así se fueron 3 horas, con buena comida y compañía. Web: www.restaurantealhambra.es

Caminamos a Lo Viejo entre risas y bromas con visita obligada al Bar Baviera, donde sirven las mejores copas y más tarde al Bar Subsuelo para terminar la noche. Aquí observarás que los tragos son enormes, a los navarros les gusta las copas con mucho hielo y en copa grande y redonda, “de balón”.

Domingo de golf, ventas, equitación y asador

Las calles rebosan de gente comprando el pan, el periódico, yendo a misa. Las terrazas están repletas. Todos los campanarios se ponen de acuerdo. Los repiques de campanas llamando a misa se repiten. Después de saludar nos vamos al Valle de la Ulzama, en concreto al Golf Ulzama a practicar en la cancha. En un torneo se contabilizó el mayor número de especies de aves entre los campos de golf de 5 continentes: 101 especies. Puedes probar la cocina tradicional en el club con vistas al campo de golf y el Valle de la Ulzama. Tel.: www.golfulzama.com. En este verde valle tienes muchas ventas donde parar a comer como las de Larrainzar, Guerendiáin, Iraizoz, Alcoz y Lizaso, entre otras.

Optamos por comer en Juan Simón en las Ventas de Araitz, uno de los favoritos de la familia. Aquí saboreamos platos típicos como menestra, plato compuesto de diversas verduras navarras (algunas sólo existen en Navarra) como alcachofa, alubia verde, borraja, guisantes, cardo, acelga, cada verdura se cuece por separado, pochas, cordero, chuletón, caza y pescados. Prueba de postre el sorbete de cuajada, natillas o el brazo de gitano.


Los domingos cenamos en el Asador Erreteguía, compartimos una menestra, y después un chuletón, lo preparan vuelta y vuelta con sal gorda, o un besugo o merluza, todo ello regado con un buen vino.

De postre queso Gaztazarra, (significa queso viejo) queso local fuerte o un Idiazábal. Los quesos navarros han sido premiados en el World Cheese Awards. Son las 11 de la noche, las calles están vacías, es domingo, así que caminamos entre la niebla a descansar. Mañana será otro día.

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Martes 21 de mayo de 2013
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