Hace unos días me escribió una mujer diciéndome: “¿Qué le dirías a una persona que se siente terriblemente miserable porque ya no está enamorada de su pareja, a quien considera una gran persona?”
De las enseñanzas que más recuerdo en esas visitas esporádicas que hacía a la misa dominical en la iglesia católica la más que recuerdo es: “ama a tu prójimo como a ti mismo”.
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