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3 de agosto de 2008
 

Agridulce jornada

A pesar de no haber sido seleccionados en la etapa inicial de las audiciones, participantes admiten haber disfrutado la expriencia. Vea el vídeo.

 
Sheila Michelle, de Yauco, mientras esperaba ayer su turno en las audiciones. (AP / Brennan Linsley)

Por Marcos Billy Guzmán / Especial El Nuevo Día

Los sueños de decenas de jóvenes boricuas fueron tronchados, aunque muchos coinciden en no querer cambiar por nada su breve paso a través de la octava temporada de popular programa American Idol.

Éste es el caso de Marioly Montañez, quien dijo que “volvería a audicionar” si se le diera la oportunidad.

“Aunque no pasé esta etapa me pareció un experiencia muy agradable. Comoquiera, tengo a mi fanaticada en casa”, sostuvo la madre, cuyos tres hijos esperaban ansiosos el veredicto.

Para Ginaris Carrasquillo, de 25 años, se trató de una prueba divertida, agobiante e intimidante que le recomienda a la gente.

“Pasamos un tiempo bien chévere poniendo el nombre de Puerto Rico en alto. Eso sí, el proceso fue un poco estresante; la seguridad estuvo demás, fila, nervios, gritos, gente cantando al lado de uno, desde que llegamos nos ponían a saludar las cámaras... De hecho, creo que el que nos mandaran a gritar hacía que perdiera la voz”, consideró la cagüeña.

“Pero todos deberían pasar por esto alguna vez en sus vidas”, añadió tras aclarar que en la audición los participantes entraban en pares para cantar estribillos de hasta dos canciones.

El corozaleño Kenny Pabón, de otro lado, se quejaba de que el equipo de producción haya aceptado que algunos llegaran tarde a la audición. Según él, cuando se registró el pasado jueves se le entregó un documento mediante el cual se especificaba que nadie podría entrar después de las 5:00 a.m.

“Es un poco desesperante no pasar después que nos hicieron esperar con el intenso calor que hacía en el coliseo”, expresó el joven confesando que ahora ansía audicionar para “Objetivo fama”.

A Alexandra Vargas parecía pesarle aún más el que su voz no haya capturado la atención de los evaluadores, pues debía viajar soñolienta a su hogar en Rincón.

“Me gustó, pero me voy porque me dijeron que cantaba bajito; parece que buscaban a alguien con un registro bien alto. Y, en cuanto a las expectativas que tenía, pienso que no se llenó como se había esperado y habían más americanos que puertorriqueños”, manifestó.

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