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14 de diciembre de 2008
La Revista
 

Una leyenda que cierra sus ojos

El Gángster, Tony Sánchez, celebra muy a su manera la desaparición, después de estar cerca de 19 años en el aire, de No Te Duermas, un programa que hizo historia en la televisión boricua. Vea el video.

 

Por Jorge L. Pérez / jperez@elnuevodia.com

Aquéllos que sólo conocen la más reciente versión de No Te Duermas, en la que Tony Sánchez, mejor conocido como El Gángster, se comporta como un moderador convencional de un ‘talk show’ igualmente convencional, no saben lo que es gozar de la vida.

En su versión original, No Te Duermas, que en febrero de 1990 debutó en el viejo Canal 7 y que poco después se mudó a Telemundo, agarró con las dos manos el horario de 9-10 p.m. de los lunes por la noche, y no lo soltó hasta convertirse en el programa número uno de la televisión puertorriqueña.

Más que un programa, fue una revolución social... o tal vez sexual. Capitaneado por la volcánica figura de El Gángster, Tony Sánchez, y su ganga de personajes -Cuco Pasurín, Lindín, el doctor Selástraga-, y endulzado por la presencia de despampanantes modelos, atractivamente desvestidas, desde un principio fue bombardeado por las críticas y las entidades moralistas, que hacían campaña para que el público boicoteara los productos de sus anunciantes.

Pero, a la larga, No Te Duermas -que cerrará sus ojos definitivamente el 30 de diciembre- pudo superar o incluso aprovechar todos los obstáculos para durar 18 años y 10 meses, y de paso le inyectó al léxico boricua un puñado de palabras o frases que de seguro se quedarán ahí por buen tiempo: “Ea rrrrayos”, “¡Pelo power!”, “Gángster, ¿qué hago?”.

Días atrás, su creador, Tony Sánchez, accedió a sentarse a hablar un poco de su pasado y su futuro con LaREVISTA, la cual, al contrario de como hubiese podido esperarse, resistió la tentación de aullar un ‘waaaaaa’... como siempre hacía el público de No Te Duermas cuando alguien -preferiblemente una damisela muy bien dotada- procedía a asentar sus posaderas.

En la conferencia de prensa en la que anunciaron el fin de No Te Duermas, tú dijiste que, al principio, tú mismo te habías dicho que si duraba dos años iba a ser un palo. ¿Por qué?

Hay que recordar que aunque la radio había evolucionado un poco, la televisión era más conservadora. Vinimos con este concepto que era agresivo, que era distinto a lo que la gente estaba viendo. Por eso es que los grandes filósofos del país como Millie Cangiano, como Luisito Vigoreaux, dijeron que iba a durar dos semanas o seis meses. Por eso es que yo mismo dije, “si esto dura dos años es un palo”. Porque era una locura. Era bien difícil, porque tenía que estar la creatividad de uno todo el tiempo inventando para que la gente no se cansara y para tener siempre algo distinto.

Ese fue, en sus comienzos, el éxito de No Te Duermas: la gente no sabía qué iba a pasar en el programa.

Cuando era semanal, naturalmente, era más fácil. Tenías toda una semana para crear una locura de un día, que la gente esperaba con ansias locas.

Desde que comenzó en el Canal 7, ¿tenía ese formato, con las modelos y todo?

Desde que arrancamos. Cuando originalmente arranca No Te Duermas no era lunes, era los martes. Y era a las 10 de la noche. En aquel entonces estaba Marcano en su apogeo, con Marcano el Show, donde quería ser Arsenio Hall. Como todos sabemos, él siempre quiere ser alguien, y ese año quería ser Arsenio Hall. Para aquel entonces Telemundo era líder: de los primeros 50 programas, 60 eran de Telemundo. Pero nosotros, en el canal 7, le rompíamos esa encuesta a Telemundo, estando en primer lugar en nuestro horario, y en quinto ‘overall’.

Fue entonces que Telemundo le hizo el acercamiento al señor Gabriel Suau, quien en ese entonces era el productor del programa, y dimos el salto a Telemundo.

Cuando comenzamos en el canal 7, era pura ‘Tropical Television’: yo actuaba, yo escribía con Kcho (Ángel Santiago) y los demás muchachos. Nosotros mismos producíamos, llegábamos con los promos, montábamos la escenografía. Así era como se hacía televisión entonces.

¿Por qué se llamó No Te Duermas?¿Por qué se llamó No Te Duermas?

Realmente el nombre no es mío. La historia de No Te Duermas es bien interesante.

El productor Gabriel Suau tenía un programa que se llamaba La noche es nuestra y nosotros en radio hacíamos parodias y nos lo vacilábamos. Pero el tipo tenía un gran humor y nunca se molestó conmigo. Al contrario, me llamaba, me felicitaba, “oye, me gustó como me quemaste” y yo seguía en la película.

Pero un día me llamó y me dijo: ‘Mira, Tony, tengo una oportunidad ahora para que tú labores en un programa que se va a llamar No Te Duermas, y en este programa va a haber un animador. Y tú vas a ser la persona que va a entrar a interrumpir con tus locuras, con los personajes que tú diseñas, a interrumpir las entrevistas... además, hay cosas que yo quiero que tú me hagas en la calle, ‘sketches’ de comedia y esas cosas’.

El animador lo iba a ser el señor Axel Anderson.

Pues yo le dije, ‘bueno, qué chévere’. Luego tuvimos varias reuniones. Yo todavía no veía dónde encajábamos porque, cuando tú estás haciendo comedia, necesitas a alguien que te haga de segundo, alguien que tenga más o menos el mismo ritmo tuyo. Si no, no empata una cosa con la otra.

Así que yo le dije, ‘mira, Suau, yo respeto mucho al señor Axel Anderson, pero yo creo que va a ser un poquito difícil yo adaptarme a él, o él a mí. Pero vamos a hacer una cosa: yo te hago los personajes -ya yo tengo una idea de varios-, los hago en la calle, te entrego el ‘tape’ y tú los pones y chévere’.

Porque realmente, entrar en una dinámica e interrumpir a una persona que está entrevistando, es complicado... si uno no entra a tiempo, entra después, le rompe el tempo y eso iba a ser una locura. Además, le dije que yo no me quería quemar, porque hacía años que tenía una idea para un programa y sabía que algún día se iba a dar.

Suau me preguntó: ‘¿Pero qué idea es la que tú tienes?’ Yo le dije, bueno pues es así así, algo bien diferente de lo que tú me estás planteando. Entonces, ahí mismo Suau me dijo: ‘¿Sabes qué? Ese es el programa que vamos a hacer, el tuyo, con el nombre mío de No Te Duermas’.

Digo, no fue quien le serruché el palo a Axel... Es que Suau compró la película mía, y lo otro se quedó.

Pero si se lo serruché pues lo hice muy bien, porque me ha salido todo bien chévere (risas).

Hubo un momento en que comenzaron las críticas de organizaciones como Morality in Media, que llamaban a que se boicotearan los productos de los auspiciadores. ¿Fue desde el mismo principio, o fue algo gradual?

Yo creo que fue media hora antes de ir al aire que ya estaban las protestas (risas). Fue desde un principio: veníamos con una propuesta distinta, una comedia sexista, obviamente, un tipo de comedia que mucha gente había hecho en otros países, pero que aquí en Puerto Rico no se había atacado de la forma en que nosotros lo hicimos, que era una cosa criolla. Pero sí, comenzaron las críticas... y creo que esa fue la mejor promoción. Yo creo que la publicidad, buena o mala, después de que digan bien tu nombre, es publicidad comoquiera. Y de verdad que nos pegamos de eso: como el aikido, se utilizó la fuerza del enemigo para matarlo.

El señor Milton Picón, que creo que todavía preside Morality In Media... yo no le tenía nada personal, de verdad. Yo lo veía, me lo vacilaba, gufeábamos. De hecho, él recientemente estuvo en No Te Duermas, y yo le dije: ‘Oye, Milton, ¿te gusta el programa como está ahora? Y él me dijo ahora sí, yo apruebo este programa’, y qué sé yo qué.

Yo realmente en este medio nunca he tratado de hacer enemigos. Sí hay gente que se molesta porque uno hace comentarios: recuerda que la vida del comediante a veces es burlándose de las personas. Hay gente que lo acepta y otra que no lo entiende... así que ‘perdona, saeee’ a los que se agitaron.

La primera protesta fue cuando nosotros nos enteramos, todavía en el canal 7 allí en Puerta de Tierra, que había esta gente que yo desconocía -Morality In Media- que iba a venir a piquetear frente al programa. Pero venían a piquetear un sábado, cuando yo no estaba al aire. Así que me pregunté, ‘¿Quién es esta gente? ¿Es que no tienen babilla o son flojos? ¿Quiénes son estos payasos?’

Porque tú vienes y tú te tiras de frente... yo soy así, por lo menos, yo hablo de frente. Si éste no me cae bien, yo le digo, ‘ven acá, vamos a arreglar esto ahora. Al pan pan y al vino vino’.

Así que yo me dije, ‘vamos a hacer una cosa: nosotros vamos a estar el sábado aquí. ¿A qué hora es la protesta? ¿A tal hora? Nosotros vamos a estar una hora antes, ¿okey? Vamos a tener a las muchachas, vamos a tener champaña, y vamos a sacar piscolabis’.

Cuando ellos llegaron, yo salí y les dije: ‘Hey, bienvenidos, ¿cómo están, mi gente?’ Repartimos los piscolabis, repartimos champaña.

Eso fue un balde de agua fría para ellos. Morality in Media se desmoralizó en ese momento. Fue el comienzo de una guerra, pero una guerra en la que siempre nos tratamos con respeto.

¿Tuvieron algún efecto las protestas?

El que se fueran anunciantes sí ocurrió, y también nos ayudó a ponerle una línea -un límite- a las cosas. Cuando empezamos, obviamente, no había línea, no había nada. Estábamos haciendo historia, estábamos haciendo ruido, y de eso se trataba, de que la gente se fijara en el canal.

Las críticas uno siempre tiene que medirlas, no importa de quién vengan. Pero supimos torear al toro, y valga la redundancia.

Se dice que, en tu vida privada, eres muy distinto.

Sí, bien aburrido. Como Tony Sánchez, soy bien aburrido. Me miro en el espejo y yo mismo me odio. Ahora se puede decir así, abiertamente: El Gángster es un personaje. Es un personaje más, como Minga, como Cuco Basurín, como Lindín, como el doctor Selástraga. Cuando tú estás en personaje, es más fácil hacer las cosas. Tú le puedes preguntar a cualquier actor de comedia y te dicen que prefieren estar en un personaje. Se atreven a vacilarse a otro con más facilidad que si fueran ellos mismos.

Así que yo me dije: como tengo personajes, pero la mitad del programa es como nosotros decimos, en el piso -en el escenario- tenemos que hacer algo que tenga energía, que sea controversial. Tengo que tener otro personaje. Y ese personaje fue El Gángster, el hombre que siempre tenía chicas bellas a su alrededor.

Aunque después, cuando yo salía del estudio, tenía 15 minutos para llegar a casa, por reloj, o si no dormía con el perro. Y quiero que sepas que durante todos estos años, creo que nunca dormí con el perro. Dormí bastante calientito en mi casa.

También se comenta de ti que siempre has protegido muy bien tu vida privada... tu matrimonio de 24 años, tus tres hijos.

Ya son 25 años: los cumplimos el 4 de junio. Yo pienso una cosa. Uno no puede ser egoísta en ese sentido. Si yo decidí estar en los medios, que es bastante difícil, no sólo por el trabajo que tienes que hacer, sino por aceptar críticas, tienes que tener piel dura, y a veces hasta ser medio hipócrita.

Pues yo no podía meter a mi familia en eso, por buscar una primera plana de una revista: ‘Ah, aquí salí con mi esposa, aquí con mis nenes’.

Yo dije, ‘ellos tienen que decidir lo que ellos quieren ser’. Si ellos quieren ser figuras públicas, pues yo con mucho gusto los oriento.

Pero en ese sentido yo entendí que tenía una responsabilidad como padre y como esposo, para que ellos pudieran tener una vida... casi normal. Casi como un hijo, casi como un estudiante, casi como una esposa. Cien por ciento no lo fue, porque son familia de una figura pública.

Yo creo que ese cometido lo logré. Y le agradezco también a la prensa, porque me entendieron, entendieron mi posición y han sido muy respetuosos. Todos comprendieron cómo era mi forma de pensar, y la respetaron.

Si tuvieras que escoger cuál ha sido para ti la mejor experiencia que has tenido en el programa...

Han sido muchas... En estos momentos estamos revisando todos esos ‘tapes’ de todos esos años, porque todo el mes de diciembre vamos a tener muchos segmentos de recuerdos, incluso vamos a tener invitados que participaron antes y vamos a mostrar cómo han cambiado; a modelos que ya no son modelos, que están haciendo otras cosas, etc.

Y al ver esos ‘tapes’ uno dice: ‘Rayos, la verdad es que yo estaba bien loco cuando hice eso’.

Han pasado muchos años y la forma de uno pensar cambia en muchas cosas.

Pero hay cosas así que no se olvidan... por ejemplo, uno de los ‘triggers’, uno de los incidentes que disparó muchas críticas, fue algo que no estuvo en mis manos, porque yo no lo planifiqué: llegó una cantante R& B de Nueva York, no recuerdo ahora su nombre, y ese día teníamos a un boxeador invitado y yo estaba vestido como un boxeador, con los guantes y qué sé yo qué.

Ella agarró un guante que yo me había quitado y empezó a echarse fresco así (apuntando hacia su entrepierna)... tenía ropa puesta, unos pantalones, pero empezó a echarse fresco ahí, y yo... todo pasmado.

También una vez, comenzando en el canal 7, nosotros hicimos un ‘wet T-shirt contest’ y llegó el novio o el que vivía con una de las muchachas que estaba participando y se formó un revolú: él me empujó, yo lo empujé a él...

Si vamos a hablar de eso, vamos a estar aquí hasta mañana, porque pasaron muchas cosas.

¿Cuál momento es el que más lamentas? ¿Algún momento embarazoso?

Fíjate, una vez Millie Corretjer se molestó y se fue. Y esta cantante española, Marta Sánchez, también se fue del programa. Pero, con mucho respeto, el humor de los españoles es un poquito distinto. Ellos llegan con una actitud no tan ‘friendly’ como somos nosotros los caribeños. Ese día estábamos haciendo un programa de playa, de que llegaba el verano. Y había unos ‘stools’ -esas sillas pequeñas, que son incómodas, yo lo entiendo. Y ella estaba molesta con la silla, y abandonó el set.

Y, aunque ella no abandonó cámara, el caso de Millie Corretjer fue cuando aquel famoso pesaje de Oscar de la Hoya, que, cuando le fueron a quitar la toalla, se le vio pelo púbico. Yo agarré con Cuco Basurín, que era el que entrevistaba y la gente contestaba otras cosas. Cogí una entrevista que se le había hecho a Oscar y obviamente le cambié todas las preguntas, como siempre se hacía con Cuco.

Y aunque en cámara Millie se portó muy bien, siempre ‘politically correct’, alguien de la disquera me dijo: ‘mira, ella se fue molesta, porque se ofendió con el chiste’.

Pero era algo que había visto todo el mundo: si yo hubiera entendido que era algo para que ella se ofendiera, pues yo hubiera ido y le hubiera pedido disculpas, o le pedía disculpas públicas. Pero éste era un programa en el que la gente sabía a lo que iba. No era el show de Mickey y de Minnie.

Hablando de De la Hoya, ¿cuándo empezó esa tradición de llevar a los boxeadores al programa?

Desde el canal 7. Fuimos los primeros en tratar a nuestros atletas los boxeadores como las figuras que son. Les dimos el respeto y el sitial, porque siempre he sido fanático del boxeo, gracias a mi papá, que también lo es. Y así ha sido siempre la tradición. Ahora todo el mundo los invita... y qué bueno que sea así: no me siento mal. Al contrario, se les está dando el sitial que se merecen.

Tito Trinidad parece haber sido el ejemplo clásico. Él tenía una pelea grande y, cuando regresaba, no hablaba con nadie antes de ir primero a No Te Duermas.

Se había convertido ya en una tradición, y los boxeadores lo usaban también como un amuleto de la buena suerte. De que iban antes... y después de la pelea. Estuve los otros días hablando con nuestro nuevo campeón, Juanma López, y él me dijo: ‘Cuando yo era chamaquito yo me decía, cuando yo llegue a No Te Duermas es que de verdad soy un bravo del boxeo’.

¿A qué se debió que No Te Duermas dejara de ser un programa semanal, y pasara a transmitirse primero de lunes a viernes y, a lo último, de lunes a jueves?

Eso fue una cosa que cambió drásticamente el programa. Y no tan sólo el programa, sino el estilo del programa, y la forma de vida de uno. Surgieron unos cambios programáticos de Telemundo. La planta decidió que cambiaba las novelas, que quitaba unas cosas de ‘prime time’. Yo estaba a las nueve de la noche y ahora ése iba a ser un lugar de novelas. Me dijeron, ‘lo que queda es una franja a las 10 de la noche y queremos poner algo ahí que sea todas las noches. ¿Tú lo haces?’

Y yo sabía que si decía que no, pues iba a quedar fuera.

Ahí fue donde se hizo la última negociación, por cuatro años, que caducaba en febrero de 2009.

¿Fue un error hacer eso?

Yo creo que todos aprendimos en este proceso. Error como tal, para mucha gente sí, para otra gente no. Yo a veces pienso que sí fue un error, a veces pienso que no...

Obviamente fue una etapa distinta del programa y yo creo que ese cambio vino en el momento preciso, porque habían pasado muchas cosas en mi vida y yo también había cambiado mi forma de pensar.

Aquí se hizo otro tipo de No Te Duermas. No era el No Te Duermas al que la gente estaba acostumbrada a ver. Obviamente los personajes desaparecen porque, al hacerse todos los días, no había tiempo para hacerlos. Cuando se hacían los personajes, que se grababan fuera, era como una minipelícula, como una miniproducción, y no había tiempo de hacerlo en el día a día.

Y, obviamente muchos de los fans que eran seguidores del No Te Duermas ‘hardcore’, se dijeron: ‘oye, pero éste cambió’.

Pero a su vez muchas mujeres que antes no veían el programa, me veían en la calle y me decían: ‘ahora estoy viéndolo, porque tienes farándula, llevas a los artistas... sigue así’, y esa serie de cosas.

¿Lo hice bien, lo hice mal? No sabría qué contestarte.

Hay quien comenta que, de no haber cambiado el formato, No Te Duermas hubiera durado otros 19 años.

No creo que hubiera durado otros 19 años... tal vez hubiese durado más años, ¿verdad? Pero es como todo. La tecnología ha hecho que todo cambie. Antes, cuando alguien quería reírse, ponía No Te Duermas. Pero llegó el cable y llegó satélite... pues ahora es No Te Duermas, o el show de Jay Leno, o el show del otro.

Llegó el internet y si quieres reírte, no es a la hora que dan el show. Es ‘yo me quiero reír ahora’. Buscas en internet, y tienes para ver y para reírte un montón. ¿Quieres ver mujeres en bikini? Pues ves las que tú quieras, de los países que tú quieras. Quieres orar, y buscas la página...

La tecnología ha hecho que todo el medio cambie.

De la decisión de cancelar el programa se ha especulado mucho: una baja en los ‘ratings’, problemas de salud, tu deseo de tomarte un descanso...

Es que yo necesito tener vida. Te voy a contar cómo es mi vida: yo me levanto a las cuatro de la mañana y, con suerte, a las once, once y media de la noche vuelvo a acostarme, para levantarme otra vez a las cuatro de la mañana del otro día. Obviamente uno aguanta ese golpe: llevo cuatro años en ese tren. Pero hay un sinnúmero de cosas que uno quiere y no puede hacer, porque uno está atado. Y más yo que soy tan comprometido con el trabajo, que no me gusta faltar, no me gusta fallar.

Hace dos años y pico, yo tuve un viaje, a peleas de mi mujer y de mis hijos. Hacía tiempo que me estaban pidiendo que yo me cogiera unas vacaciones largas y yo les decía que no podía, pero se pusieron de acuerdo con mi productor de radio y con mi socio y compañero de televisión, Kcho Santiago, y de buenas a primeras me dijeron: ‘no, eso es lo que va, ya el viaje se compró...’.

Fue un viaje donde yo aprendí tanto: fue a las islas griegas, donde estuvimos por espacio de 12 ó 14 días montados en un barco, viajando por allá.

Eso cambió mi filosofía de vida. Lo que uno siempre hace es que trabaja y trabaja y trabaja hasta que un día se dice, ‘ahora no trabajo más, ahora es que voy a disfrutar mi vida’. Y esa es la película que uno piensa. ‘Cuando tenga sesenta o setenta me quito’..., y ‘whatever’. Qué pasa, cuando tú vas a ese viaje, y ves los buffets que sirven allí, ves a esa gente que está en ese viaje que está en esa edad, y que está en ese viaje porque se retiró para disfrutar de la vida...

Y ahora tú los ves y no pueden comer del buffet, porque están afectados de salud. Y no pueden beber. O cuando la excursión llega a un sitio y dicen, ‘mira, vamos a subir a la montaña aquélla’, y ellos no pueden subir porque están en una silla de ruedas... o porque están en unas muletas.

Y uno se dice: ‘Espérate, espérate, espérate, ¿qué estoy haciendo? Yo estoy haciendo algo mal. Eso no existe, que tú trabajas y trabajas y trabajas y después tú te quitas. Yo tengo que quitarme ahora, quitarme de ciertas cosas para poder tener vida, para disfrutar de ciertas cosas, para disfrutar de mi familia mientras la tenga’.

Y eso cambió mi vida. Realmente, aunque yo empecé a anunciarlo hace año y pico, la verdad es que hace dos años y algo -fue en el verano del 2006 que hice ese viaje- que yo estaba claro con lo que yo quería hacer.

Ya yo le había dicho a mis socios, ‘mira, brother, yo voy a seguir aquí porque hay una gente que está con nosotros y me voy a sentir incómodo de quitarme así’.

Aparte de que hay que planificar. Porque no te creas que me estoy quitando porque tengo tanto dinero que puedo seguir p'abajo. Esto va a tener un impacto económico bien grande. Pero yo creo que vale más la vida, el disfrutar, que tener dos o tres pesos más en el banco.

Pero sigues en la radio todas las mañanas.

Sí, pero con un solo trabajo es más flexible. Hay que hacer arreglos para un solo trabajo, no para dos. Sé que hay mucha gente que, sabiendo lo ‘workaholic’ que soy, está apostando a cuánto tiempo yo voy a poder aguantar. Pero yo lo que sé es que necesito un ‘break’. Por lo menos en un año yo no quiero pensar en tener que hacer algo frente a la cámara. Sí tenemos muchos compañeros muy buenos, y les hemos presentado unas propuestas a Telemundo y a Mega TV, para hacer unos shows donde yo no esté actuando, pero sí produciendo.

Hay mucha gente aquí de mucho talento que merece una oportunidad y eso es lo que me gustaría hacer: producir para otra gente.

En la conferencia de prensa cuando anunciaron que No Te Duermas concluiría el 30 de diciembre, dijiste que, al contrario de lo que ocurre a menudo cuando se anuncia el fin de algo, estabas haciendo el anuncio con alegría porque la misión estaba cumplida desde hacía muchos años. ¿Cuál fue esa misión que se cumplió?

Yo creo que todo lo que hay después de dos años, la misión ya se había cumplido hacía muchísimo tiempo.

Y hay que estar alegres: yo no me he muerto, los compañeros no se han muerto. Termina una cosa, pero pueden comenzar muchísimas otras cosas, tal vez mejores.

No hay nada eterno: las cosas tienen su principio y un fin, y qué bueno que podemos llegar a un fin todo el mundo con salud, con energía... yo creo que esto es motivo de fiesta.

¿De qué te sientes más orgulloso en relación con No Te Duermas?

El mayor orgullo que hay es que se pudo hacer un programa durante tantos años. El mayor orgullo también es que pude seguir las palabras de Suau, que me había dicho: ‘El único que puede matar a este programa eres tú’.

Y el programa se está acabando cuando, gracias a Dios, yo decidí que se acabara.

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