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Estilos de vida
18 marzo 2008

Estas brasas de aquellos fuegos

Las desigualdades sociales y la pasión por la música empujaron al cantautor Roy Brown a sumirse desde la  década del 70 en la lucha de una generación dispuesta a virar el mundo al revés.




De pequeño siempre le molestaron las injusticias. Durante su infancia en Florida preguntaba por qué los negros tenían que ir en la parte trasera de las guaguas y se estremeció con el asesinato del líder de los derechos civiles, Martin Luther King.

Como universitario se opuso a la Guerra de Vietnam, al servicio militar obligatorio y a un proceso de industrialización que dejó a miles de marginados en los campos agrícolas de Puerto Rico.

Esas desigualdades que veía y su pasión por la música empujaron a Roy Brown Ramírez al torbellino de las luchas sociales y políticas de la década del 70 y a levantar la bandera de una generación dispuesta a virar el mundo al revés.

Las canciones de sus primeros discos “Yo protesto” y “Basta ya, revolución” atizaban el fuego contestatario que ardía en las líneas de piquete y manifestaciones estudiantiles de la época.

Pero el salto del joven trovador al arriesgado mundo de la militancia política en una época de persecución y carpeteo fue casi un salto mortal. Aunque sus composiciones instaban a soñar con un mundo mejor, su propio mundo comenzó a caerse en pedazos. Sus canciones, vedadas en la radio, eran parte de un fenómeno subterráneo que no le garantizaba ingresos. Incluso sus relaciones familiares se deterioraron.

Ese no fue el camino diseñado por su padre norteamericano cuando Roy nació en Orlando, Florida en julio de 1945. Éste, que estudió en un colegio católico desde que se mudaron al Condado cuando él tenía cinco años, tendría una vida acomodada, una carrera en los negocios.

“Mi vida económica era un desastre. No tenía dónde vivir, no tenía chavos y tenía una muy mala relación con mi papá. Mi mamá se suicida. No digo que fue por mí, pero se suicidó dentro de todo el conflicto familiar con mi papá. Ella tenía pesadillas de que me iban a matar en la calle, me veía sangrando. Se preocupó demasiado y parece que tampoco era muy feliz”, relata el cantante.

Su propia felicidad también le eludía. La repentina muerte de su madre, natural de Ponce, fue uno de los factores que lo empujó en 1976 a refugiarse en Nueva York, donde vivió durante 13 años.

“Eso me marcó porque me quitó la felicidad. Dicen que la felicidad está en la lucha. A mí me la amargó. Lloré mucho cuando me llevaron a ver el cuerpo de ella, pero cuando la gente empezó a hostigarme, di la espalda y me fui. Yo me escudé”, recuerda.

En la distancia, sus ideales y experiencias turbulentas le rindieron fruto en una creatividad más profunda y cuidada. En Nueva York fundó el grupo “Aires Bucaneros” junto a Zoraida Santiago y otros músicos y en 1978 produjo lo que considera su mejor disco, “Aires bucaneros”.

Con más de 150 canciones escritas y unas 25 producciones discográficas, es ahora cuando Brown asegura estar en su mejor momento, listo para cosas mejores. Dice ser feliz porque hace lo que le gusta. “Cada vez voy descubriendo que puedo hacer diferentes cosas en mi propio país, que no tengo que salir de aquí. A nivel musical, éste es el mejor momento de mi vida. Nunca he cantado mejor, nunca he entendido mis canciones mejor. Yo estoy descubriéndome a mí mismo ahora”, recalca mientras riega los más de 20 bonsai que cultiva en su casa del Cerro Las Mesas, en Mayagüez.

Allí vive desde hace siete años con la tenista Emily Viqueira, y sus dos hijos, Emile, de dos años, y Fabiola, de siete. “A mi edad estoy criando. Estoy en una etapa que los hombres tienen a los 30 o 40 años”, apunta maravillado. Esa etapa no la pudo vivir cuando le tocaba, cuando crecían sus primeras hijas, que ahora están en sus 30. Estaba proscrito, viviendo deprisa, huyendo constantemente de su realidad. Nunca vivió dos semanas en un mismo lugar.

Ahora puede estar cerca de su familia, de sus amigos. Ahora es querido, respetado. Prueba de ello es que ha llegado a cantar con la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, algo que dice le cambió la vida. Ahora colabora con otros músicos y cantantes, como Tito Auger, el grupo “Así Somos” y “El Topo”, con quien trabaja en un disco que saldrá en verano.

Para Brown, quien sigue luciendo su característica cola de caballo ahora de pelo blanco, la noche está más clara, pero no olvida el desafío que asumió de joven cuando se salió del camino trazado. “Creo en lo mismo que siempre he creído, que tiene que haber un movimiento de justicia social y político. Se va a tardar, pero por fin se puede hablar de que Puerto Rico es una colonia y no te meten preso y eso es un adelanto. Yo soy el mismo militante de siempre, lo único que no soy tan joven”, resume el cantante.