Logo
Entretenimiento
15 febrero 2009

Monumento a un aromático pasado

La Hacienda Juanita en Maricao mantiene su rica esencia.




La Hacienda Juanita, construida en 1834 en las montañas de Maricao - en el oeste de Puerto Rico, es un tributo a la cultura cafetalera y reflejo de lo que significó el cultivo de este grano para los puertorriqueños de los siglos XIX y XX.

En la construcción de la casona principal de esta hacienda se utilizaron maderas nobles del país, especialmente ausubo y moralón, así como piedras y ladrillos, según datos provistos por su actual propietaria, María E. Cánovas. En sus alrededores se levantaban los barracones o viviendas de los agregados, una cocina comunal, almacenes, establos, un huerto, el cuarto de máquinas, una tienda y la casa del mayordomo.

Inicialmente se llamó Hacienda La Juanita, en honor a la esposa del hacendado que la fundó. Se cuenta que ambos constituían una pareja joven procedente de Córcega que dedicó todas sus energías al desarrollo de este proyecto agrícola. Eventualmente, el lugar se conocería sólo como Hacienda Juanita.

Apellidos como Antonetti, Comas y Del Moral -que identificaban a los descendientes de los propietarios originales- estaban íntimamente relacionados con el liderazgo y el poder en la hacienda de acuerdo con los datos provistos por los dueños actuales.

Según Cánovas, la fachada del ahora parador “corresponde a la arquitectura típica de una hacienda cafetalera de principios de siglo XIX: puertas de trancas, ventanas de celosías en madera, techos de madera y zinc”.

Entre los principales atractivos de la Hacienda Juanita, se destacaban la Fuente de Rosita, un manantial junto a una imagen de la Virgen, donde solían descansar los trabajadores y que se puede observar aún en la carretera 105 en dirección a Maricao.

También tiene una piscina -hoy vacía- que destaca por su gran tamaño, su profundidad y los detalles ornamentales y decorativos.

La información provista por los propietarios dan cuenta de que en la Hacienda Juanita la fiesta del acabe del café con la que los hacendados celebraban junto a los agregados con música, baile y comida el fin de la cosecha, duraba tres días.

Tan reciente como la década de 1960, se instaló en la hacienda una moderna secadora de café. “Existían, además, varios molinos y piezas antiguas en nuestra sala del comedor y en los alrededores”, indicó Cánovas.

El esplendor de la Hacienda Juanita se eclipsó en las últimas décadas del siglo XX con la disminución de la producción de café y el comienzo de la economía industrial, cuando hubo que segregar gran parte de los terrenos cultivables. Sólo el interés del gobierno en promover el turismo le dio un segundo aire a la Hacienda Juanita, esta vez como parador. Así, en el 1976, el lugar se convirtió en el Parador Hacienda Juanita, que cuenta con hospedería y restaurante.

Con esos fines, por iniciativa y con fondos de la Compañía de Turismo, se hicieron mejoras a la hacienda, contó Cánovas. Turismo lo administró los primeros años.

“Desde que nosotros adquirimos el Parador, hace cuatro años, no ha habido ningún acuerdo con el gobierno para preservarlo. Mientras la propiedad se utilice con este propósito, endosado por la Compañía de Turismo, ellos requieren que se cumpla con ciertos requisitos de planta física incluyendo las habitaciones y el restaurante”, señaló la empresaria.

Hoy el parador “ocupa tanto el espacio de la antigua casona como otras estructuras”, indicó Cánovas.

“La casona original es el restaurante, La Casona de Juanita”, dijo.

Cánovas afirma que el parador “conserva la esencia de la antigua hacienda”. Y no sólo por sus estructuras antiguas sino por el aire puro de la montaña que aún se respira allí y que remonta al visitante a tiempos distantes del trajín moderno.