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Deportes
20 septiembre 2009

¿Dónde está Ángelo Cruz?

Por años, el estelar armador capturó el corazón de los boricuas con su juego intenso y alegre. Hace cerca de diez años, se desvaneció y ni siquiera su familia sabe qué ha sido de él. Vídeo y fotogalería


Era ágil, veloz y atrevido. Para más de uno, el más excitante jugador del Baloncesto Superior Nacional y del Equipo Nacional de Puerto Rico de su época.

Era el más mortífero lanzador de cestas para ganar juegos no aptos para cardiacos en el segundo final. Una vez un amigo le contabilizó como quince de estos canastazos.

Posiblemente, nunca fue el más alto de los canasteros en la cancha. Casi siempre era el más bajo. Para él, sin embargo, eso no era un impedimento porque siempre dejaba el corazón en el campo de juego. Sus seguidores -y los fanáticos rivales-, pagaban cualquier cosa por verlo en acción pues tenían muy claro que era un fuera de serie, un ídolo nacional.

Han pasado ya 16 años desde la última vez que jugó en el BSN y su nombre todavía es una referencia entre los mejores armadores de todos los tiempos en Puerto Rico.

Pero hace alrededor de diez años nadie sabe de él.

Si vive, es posible que hoy no tenga fuerzas para levantarse; y si se levanta, posiblemente es de lento andar. Si no ha muerto, ese espectacular canastero posiblemente ni recuerde quién es ni quién fue.

Es la historia del 'Pequeño Gigante' de los extintos Indios de Canóvanas, Ángelo Cruz, quien hoy debería cumplir 51 años.

“NO SABEMOS SI ESTÁ VIVO”

“Lo hemos buscado en cárceles, hospitales y morgues, utilizando su número de Seguro Social y todo, y no lo hemos encontrado”, dijo su hija Angeliz, de 22 años, quien realmente nunca conoció a Ángelo pues éste desapareció de su vida cuando ella tenía unos cinco años.

“Todos los que queremos a Ángelo sentimos una gran pena porque no sabemos si está vivo o muerto, si está deambulando, o enfermo, o si está preso. No sabemos nada”, agregó, por su parte, el ex presidente de la Asociación de Jugadores y ex compañero de Cruz en los Indios, José “Cheo” Otero.

Uno de los grandes momentos de gloria de Ángelo ocurrió al encestar un canasto de un lado de la cancha al otro en el segundo final del tiempo reglamentario de un séptimo juego de serie semifinal ante los Vaqueros de Bayamón en el Coliseo Roberto Clemente que forzó aquel partido a un tiempo extra. Un triunfo aquella noche posteriormente catapultó a los Indios al campeonato nacional en el 1983.

Otra gran actuación suya ayudó a Puerto Rico a conquistar por segunda vez en la historia un triunfo sobre Yugoslavia al vencerles en las Olimpiadas Seúl 1988. Para celebrar aquella gesta, Ángelo se dejó cargar en brazos por el centro Ramón Ramos, su también compañero de juego en Canóvanas.

Ángelo, padre del actual base de los Gigantes de Carolina, Alvin Cruz, según los que le conocieron, era un líder nato en la cancha. Y en lo personal, un hombre humilde y bonachón que amaba entrañablemente a sus familiares y amigos.

Todo esa linda vida, sin embargo, se opacó por el uso y abuso de drogas. Y ahora nadie tiene la menor idea de dónde está Ángelo.

“TRAGEDIA DOLOROSA”

Su mentor en la Isla, Tuto Marchand; su amigo del Bronx, Wes Correa; su ex compañero de entrenamientos, José París; su pana de tiempos buenos y malos, Roberto Vigil; su hijo Alvin; su ex esposa Annie Torres; sus hijas Anaís y Angeliz, entre muchos otros, cargan un dolor terrible por el enigma del paradero de Cruz.

“Siempre nos veíamos en el barrio (Bronx) y hace quizás ocho años que no se de él. He llamado a casa de su mamá y te podrás imaginar el dolor que ella siente porque no sabe de su hijo”, relató Correa, quien reside en Nueva York y catalogó a Cruz como uno de sus mejores amigos en la vida.

“Es una tragedia terriblemente dolorosa”, opinó Vigil, quien lleva 19 años fuera de las garras de la drogadicción principalmente porque Ángelo le llevó a buscar ayuda cuando su vida daba indicios de descontrol.

“Luego yo traté de hacer lo mismo con él y lo ingresé en un centro aquí en Puerto Rico pero poco después desapareció del lugar y nunca más pude encontrarle”.

Ciertamente el drama de la vida de Ángelo es triste. Más cuando las teorías de que puede haber pasado con el ex baloncelista son todas trágicas. Algunos comentaron que lo último que supieron de él es que estaba deambulando por las calles de las ciudades de Boston y Nueva York, enfermo y sumergido en la drogadicción.

El Nuevo Día sometió su nombre y fecha de nacimiento al sistema de cárceles de Estados Unidos, pero ahí tampoco lo encontraron.

Hay quienes aseguran haber escuchado que murió. Incluso, hay quien sostiene haber oído que lo mandaron a liquidar.

Esa desgraciada posibilidad ha ocasionado un quebranto inconsolable en sus seres queridos.

Alvin, de 27 años, recuerda muy bien la última vez que vio a su padre. Éste había reaparecido en su vida, la de su madre Annie y la de su única hermana de padre y madre, Anaís, luego de casi cinco años de ausencia física.

“Llevaba como tres meses en casa. Apareció cuando se enteró que yo estaba a punto de firmar con los Capitanes de Arecibo porque uno de mis mentores en el baloncesto en la YMCA, Chino Torres -quien junto a Raymond Milligan y Luis Lájara cubrieron el rol de padre-, era asistente allá”, recordó Alvin sobre el incidente que ocurrió cuando él se aproximaba a los 16 años en el 1997.

“SE FUE SIN AVISAR”

“Él llegó para decirme que no iba a firmar en Arecibo. Que lo iba a hacer en Bayamón. Y así lo hice y comencé a entrenar con el equipo. Pero luego, como a las dos semanas, llegué de una práctica en la que me había doblado un poco el tobillo y en casa no había hielo. Y él salió a buscar el hielo pero nunca regresó”, abundó Alvin.

Han pasado ya más de diez años de ese día. Desde entonces nadie de la familia de Ángelo en la Isla sabe de él. Incluso ni la Interpol, ante quien la madre de Alvin llevó el caso, ha logrado definir si vive o está muerto.

“Esa salida de casa fue sin aviso”, recordó su ex esposa Annie Torres.

“Él me había pedido regresar con nosotros unos meses antes después de casi cinco años viviendo afuera. Y cuando vino fue que me di cuenta que no estaba bien. Intenté ayudarlo, pero no tenía las herramientas para hacerlo. Y por eso un día lo confronté y le pedí que si no podía bregar con su caso, que sería mejor que se fuera y no nos hiciera sufrir. El día después, se fue a buscar el hielo para Alvin. Se fue sin avisar... sin intentar dar batalla a su situación. No se llevó nada. Dejó toda su ropa, identificaciones y todo en casa”.

Al parecer, la conversación de Annie y otra charla similar que sostuvo con su mentor Tuto Marchand lo convencieron a irse del País.

“Nosotros tuvimos una conversación seria. Él vino a pedirme un consejo sobre que debía hacer. Me explicó las circunstancias que estaba enfrentando, sus problemas y sus oportunidades y le recomendé que se fuera a arreglar su vida. Él no quería causarle daño a Alvin por sus problemas con las drogas”, relató Marchand, quien firmó a Ángelo para jugar en Canóvanas en el 1977 siguiendo la recomendación del ex dirigente Lou Rossini.

“Después de esa partida me llamaba cada dos o tres meses. Y después, dejé de saber de él como tantos otros. En los sitios donde la gente siempre sabía de él tampoco han sabido nada”, dijo Marchand, apenado.

La desaparición, inicialmente, solo fue de Puerto Rico. Por varios años más Ángelo visitaba a su madre en Boston y a su padre en Nueva York. Sus amigos en el Bronx siempre lo veían dando vueltas. Algunos lo vieron deambulando. Pero paulatinamente, todos comenzaron poco a poco a echarlo de menos.

“Abuela cada vez desmejora más porque extraña demasiado a su hijo mayor”, apuntó Angeliz sobre la septuagenaria que reside en Boston.

Todo apunta a que la vida de Ángelo Cruz parece haber tenido un fin trágico que nadie ha podido constatar.

“El último contacto con algo de él, si podemos decir que fue un contacto, fue que una persona que lo conocía, que nos trajo un día su pasaporte y una especie de diario que él tenía. Eran unas pertenencias que él había llevado consigo a un programa de rehabilitación en Nueva York. Eran unas pertenencias que se supone recogiera cuando terminara el programa... pero nunca las recogió”, dijo Angeliz.