Logo
Negocios
09 mayo 2011

Empresario en patines

Moisés Abreuha hecho de su pasión un negocio creativo y exitoso


Un pasatiempo terminó siendo el motor empresarial de Moisés Abreu, conocido como “Moisty”, para quien unos patines fueron la primera y la mejor inversión de su vida.

Hace casi 20 años, Abreu comenzó a patinar sin sospechar que ese deporte lo motivaría a convertirse en empresario. Hoy, es propietario de un parque de entretenimiento familiar en Caguas y tiene acumulada una trayectoria como promotor de eventos extremos.

Aunque empezó patinando por las calles del Viejo San Juan, el joven empresario pronto se convirtió en profesional de dicho deporte y viajó por diversos países participando en competencias.

“Yo quería que mi gente pudiera verme compitiendo, pero en Puerto Rico no se hacían ese tipo de eventos”, comentó sobre la semilla de su aventura empresarial.

Así es que se acercó a unos productores de competencias de patinaje y les habló sobre la posibilidad de celebrar una en la Isla, se mostraron interesados y lo retaron a hacerla. No obstante, debía cumplir con una serie de requisitos, como conseguir $30,000 en premios, construir rampas profesionales y producir un programa de televisión para transmitir el evento por la cadena Fox.

Para las rampas necesitaba $40,000, “los mismos que no tenía”.

“A todo el que le pedía los $40,000 prestados me decía que estaba loco”, recordó Abreu y bromeó que ni siquiera su padre se atrevió a correrse el riesgo.

Así es que terminó vendiendo su única posesión, un carro que le había regalado su padre para la graduación de escuela superior. Con los $6,000 que obtuvo dio el pronto para las rampas y el dueño de las mismas, un estadounidense, le hizo un plan de pago.

Ese método de financiamiento ha permeado su trayectoria empresarial, incluso su más reciente aventura, Moisty Skate & Family Park, en Caguas, también necesitó del apoyo de los suplidores y contratistas, quienes estuvieron dispuestos a hacerle planes de pago. Ya que, a pesar de que llevaba una década de negocios exitosos, no pudo convencer a los bancos para que le prestaran los cerca de $5 millones que necesitaba para restaurar el antiguo Parque del Turabo, en Caguas.

“Aprendí a vender”

Esa primera rampa se convirtió en un negocio sin que Abreu lo planificara, cuando empresas comenzaron a pedirle que les alquilara el equipo. A la vez, continuó organizando los eventos de deportes extremos, que además de patines se añadieron patinetas y bicicletas.

“Panasonic fue mi primer auspiciador, con $100,000. Yo pensaba que eso era mucho dinero, pero cuando empecé a pagar todo lo que necesitaba el evento, se me fue todo el dinero”, expresó Abreu sobre los pininos de su negocio en 1998. “Pero de esa primera experiencia aprendí de números y de cómo hacer negocios. Aprendí a vender mejor los eventos con otros auspiciadores”.

El empresario enfatizó en que su idea siempre ha sido ofrecer entretenimiento para el público, por lo que sus eventos eran gratis y se sostenían de los auspicios de compañías privadas.

Por cinco años estuvo nómada con sus rampas, organizando entre ocho y diez eventos al año; no obstante, el costo de montar y desmontar los parques era enorme.

Fue probando con eventos de más tiempo, primero en el Hiram Bithorn por un mes, luego tres meses en San Patricio. Incluso, antes de siquiera soñar con comprar el lugar, estableció un parque navideño para patinar en el antiguo Parque del Turabo, en Caguas.

Seguidor insospechado

Abreu resaltó que en ese proceso hubo una persona que le dio el empuje final para echar a correr su idea de negocio.

“Conocí a un viejito, como de 70 años, Pablo García, que se me acercó con un paquetón de cortes de periódico con historias que habían publicado sobre mí y me dijo que llevaba cinco años siguiendo mi trayectoria. Era administrador de Santa Rosa Mall y quería que le presentara una propuesta para sus centros comerciales. Él creyó en mí”, narró.

De esta manera nació Moisty Skate Park en el último piso del estacionamiento de Santa Rosa Mall, en Bayamón. Aunque el contrato era por tres años, el parque se mantuvo por siete años, hasta que el mes pasado cerró ante la necesidad de estacionamientos en el centro comercial.

“Yo lo hacía todo. Entregaba los cascos y los patines, vendía agua, todo”, rió el empresario al recordar los días en los que hasta dormía en el parque junto a su esposa, Trini Menéndez, la primera VJ de MTV Puerto Rico.

El parque de Santa Rosa Mall requirió una inversión de $1 millón pero, en vez de ir al banco, pensó en los socios naturales para su negocio. Y se lanzó en busca de auspiciadores para lograr su meta, empezando por ferreterías, ya que la madera era el gasto principal de un parque de rampas para patines.

Sin embargo, pronto comenzó a pensar en formas de obtener dinero sin depender de los auspiciadores y surgió la idea de celebrar cumpleaños “extreme” en el parque. El concepto fue tan exitoso que celebraba 15 en un día, y ahora en Caguas pudo diversificar la oferta al tener opciones de fiestas en las piscinas, los go-karts, el área de aventura, el gotcha y la minigranja.

Corazón para restaurar

Nuevamente, en busca de un lugar todavía más permanente, Abreu recordó aquel Parque del Turabo, una instalación que estuvo inoperante por cerca de 12 años. Quería un lugar con mucho espacio pero con infraestructura y el viejo parque acuático le pareció perfecto.

“Le presenté el proyecto al (fallecido) alcalde Willie Miranda Marín. Le dije: ‘Yo no soy el más millonario, pero tengo el corazón para levantar este parque’ ”, contó.

La franqueza y el realismo del plan pareció convencer al ejecutivo municipal, quien aceptó el proyecto, a cambio de una inversión de $5 millones a lo largo de cinco años.

La idea de Abreu era restaurar las estructuras existentes, que incluyen una piscina de olas, un “spash pool” y varias chorreras de agua. Así como un funicular.

Relató que cuando le entregaron las llaves del parque, en diciembre de 2008, el parque estaba en muy malas condiciones y no consiguió financiamiento en la banca.

Durante los 10 años que llevaba en el negocio, Abreu consiguió ahorrar $500,000 y los puso en servicio de su nueva aventura.

Otra vez se insertó noche y día en el proyecto, al punto de dormir en el parque, con su esposa y sus dos pequeños hijos. La meta era tener el lugar listo para abrir en la temporada veraniega del 2009. Su fe era tal que comenzó a matricular niños para el campamento de verano de Moisty Skate Park en Caguas.

Cuando vio que se le acababa el dinero, además de conseguir que los contratistas le hicieran planes de pago, se le ocurrió alquilar pedazos del terreno a otros negocios complementarios. Así llegaron un negocio de go-karts, otro de gotcha, la aventura en sogas y hasta un centro de tutorías, así como diversos concesionarios de comida.

Sus próximos proyectos son restaurar el funicular del parque y abrir un restaurante y una ecohospedería en el tope de la montaña, para los que requerirá $1.5 millones.