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26 de febrero de 2013
12:36 p.m. Modificado: 3:47 p.m. Seguridad
 

Agente narra cómo ayudó a una mujer a parir en Arecibo

Maritza Ramírez atendió la emergencia anoche y tuvo que hacer de partera en medio de la autopista

 

Por Edwin J. Rodríguez Rivera / edwin.rodriguez@elnuevodia.com

Maritza Ramírez no se lo imaginaba. Era imposible que, ayer cuando se levantó a las 11:00 a.m., supiera que se enfrentaba al día más memorable en sus 12 años y medio de trabajo en la Unidad Marítima de la Policía de Arecibo.

Pero un día así tenía que llegar. Desde los siete años esta mujer de voz noble y cariñosa soñaba con ser policía. Ella se crió en Lares y en el pueblo veía una señora policía que la marcó de por vida. “Yo quiero ser policía. Me gusta cuidar a la gente, en especial a  los niños y las personas mayores…”, les decía a sus padres aquella niña lareña…

Pero ayer Maritza no pensaba en nada de esto. Simplemente terminó sus quehaceres domésticos y salió a su trabajo. “Chuito (Dios), me voy. Cuida a los seres que amo. Permite que sea un turno bueno. Permíteme volver a casa sana y salva”, oró en su mente. Y como de costumbre, llegó media hora antes a la comandancia arecibeña. Su turno sería de 7:00 p.m. a 3:00 a.m.

Pero ella no sabía que Chuito le tenía tremenda sorpresa…

Y quizá fue Él quien comenzaba a cambiar su rutina, porque secretamente su día se volvía extraordinario. El primer cambio  fue que no trabajaría en el mar. Usualmente, Ramírez patrulla las costas de Arecibo en una embarcación. Pero una advertencia de fuerte oleaje obligó a su equipo a vigilar los recovecos playeros en una patrulla.

Ese detalle lo cambió todo.

Así que Ramírez, el sargento Edwin Miranda y el agente Carmelo Pérez comenzaron su faena policíaca parando en cada playa y cada sendero costero en las carreteras PR-684 y PR-681.

“Este turno se va rápido”, dijo el sargento Miranda en un momento dado.

“¿Son como las 11:45 p.m. verdad?”, preguntó Maritza.

“¡No! Son las 10:45 p.m. Maritza”, contestó Miranda.

Maritza no se dio cuenta de que acababa de preguntar exactamente por la hora en que ella sería testigo y partícipe de un milagro. Parecería que casi adivinaba lo que ahora  les contaremos.

La llamada

Cerca de las 11:00 p.m. de anoche, Cristian Rivera llamó a la Policía pidiendo ayuda porque su esposa Olga Santos estaba a punto de parir. El detalle es que venían en un auto desde Quebradillas y su meta era llegar a un hospital en Manatí. Así que el hombre solicitó que una patrulla los escoltara. También viajaba en el auto Kaleb, de dos años, hijo de la pareja.

Poco después, Maritza y sus colegas escucharon el llamado por radio control. “Sargento nosotros estamos cerca de ellos, podemos salir a la PR-2 y verificar”, dijo Maritza.  Y, como antojo del destino, no tardaron en localizar el auto y escoltarlos. Eran las 11:20 p.m.

Iniciaron el trayecto hacia Manatí, pero cerca del peaje de Hatillo, el carro de la familia se detuvo.

Maritza estudió un bachillerato en Administración Comercial con concentraciones en gerencia y contabilidad.  Jamás en su vida le enseñaron cómo recibir a un bebé. Pero su vocación hizo que se bajara de la patrulla y corriera hasta el vehículo de la familia. Cuando abrió la puerta:

“¡Mi bebé va a nacer!”, exclamó la Olga Santos.

“Señor, que seas tú el que me ayudes. Que no tengan complicaciones…”, oraba Maritza, a la vez que actuaba instintivamente, sin pensar.

La mujer policía le tocaba la barriga a la embarazada, la apretaba un poquito. Muy delicada. “Puja”, le decía.

Olga pujó fuerte y el bebé comenzó a salir: Lo primero fue la cabecita y Maritza tuvo que sostenerla con mucho cuidado pues notó que era suave, muy frágil.

Y a pesar de que todo se hizo con cuidado y detenimiento, el muchachito salió de la barriga de Olga en cuestión de minutos.  Primero lloró, abrió un poquito los ojos y orinó a Maritza. Sí, el bebé orinó a la mujer que lo ayudó a llegar a este planeta.

Y como muestra de su carácter, Maritza sonrió... quizá sintiéndose bautizada, bendecida, mientras limpiaba al pequeño con su abrigo antes de ponerlo en brazos de su madre.

“¿Qué es eso?”, preguntó el niño de dos años, hijo de la pareja.

“Es tu hermanito”, contestó Maritza.

Cuando el bebé quedó en brazos de su mamá, se quedó dormido y el papá miró a Maritza y le dijo: “Éste es mi regalo. Hoy yo cumplo años”.

Poco después llegaron los paramédicos, cortaron el cordón umbilical y se los llevaron al hospital regional de Arecibo Cayetano Coll y Toste. Maritza, el sargento Miranda y el agente Pérez los escoltaron hasta allí y dieron por cumplida su labor cuando salió el doctor y les dijo: “el bebé está bien”.

Esta crónica se escribió según lo narró la agente Maritza Ramírez a ELNUEVODIA.COM

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