Aquí crecen gran parte de las que se venden en la Isla.
Por Yaritza Rivas Bermúdez / yrivas@elnuevodia.com
A pleno mediodía la brisa fría obliga ponerse un abrigo en esta finca de 35 acres. Esta es la temperatura normal estos días cuando la temperatura baja sin recato en Aibonito, el pueblo más elevado de Puerto Rico, que reposa a 2,401 pies sobre el nivel del mar.
“Debe estar en 70 grados”, dice Dianne Serrallés De Meyer, propietaria del vivero Meyer Nurseries. Pero cuando cae la tarde, la temperatura desciende hasta 50 grados. El récord fue 40 grados en marzo de 1911. Con el sol en el cenit, y sin calor, Dianne me ofrece café hecho en casa, antes de partir a ver los alrededores.
En su hacienda siembra legumbres, tomates y especias como romero, cilantrillo y limoncillo. El resto de la propiedad la destina a crecer bromelias y orquídeas. Estas últimas han convertido a este vivero en uno de los atractivos en crecimiento de este pueblo tan amigable con las flores.


Entrar a uno de los 35 invernaderos alegra. En particular el que tiene cientos de orquídeas que provocan los sentidos con sus curvas, formas y colores. El violeta y lila-rosado siempre están presentes en las orquídeas, dice Dianne desde el vivero en que guardan las plantas grandes y florecidas. Listas para distribuirlas en el mercado.
Miles de estas dibujan un paisaje que relaja la mente y enriquece los sentidos, especialmente la vista y el olfato.
Parece la paleta de colores en el estudio de un pintor experimentado. Y su aroma impregna particularmente el ambiente, cual perfume en pote pequeño. Y ya saben lo que dicen de las fragancias en miniatura.
Desde aquí, según Dianne, suplen gran parte del inventario local de orquídeas de las tiendas.
Las plantas llegan muy pequeñas a la granja. Luego se van cuidando por un periodo de un año, en algunos casos hay que esperar tres años, hasta que ya están grandes, florecidas y listas para vender.
Aquellos amantes a la floricultura, pueden realizar una visita guiada por este vivero, siempre y cuando informe sobre su intención de visitar el área. Esto por razones de seguridad.
Una vez adentro, lo interesante es ver la impresionante variedad de la orquídeas. Las hay de sol y sombra. La más común es la variedad Phalaenopsis, pero también hay Cattleya, Dendrobium y Vanda, que se guindan en una canasta y demoran unos tres años en florecer.
Por eso son las más costosas. Rondan los $45. Dianne explica que es fácil tener una orquídea. Sólo hay que saber lo que necesita la planta y cuidar sus raíces. “Cuando entiendes a tu orquídea sabes cuánta agua requiere”, dice de los cuidados básicos para mantener la planta. “Una raíz saludable es una planta saludable”, reitera.
Al vivero aiboniteño traen especies de Tailandia, Hawaii, Costa Rica, Holanda, Brasil y Australia, dice la empresaria oriunda de Ponce.
En el lugar, se pueden adquirir las orquídeas al detal, si el visitante gusta. Pero normalmente se consiguen en las grandes cadenas donde las distribuyen a mejor precio, dice la propietaria del vivero.
Para Dianne, ver crecer las plantas, además de un negocio es una oportunidad para mejorar la calidad de vida. La gente sigue buscando las plantas, dice, porque necesitan la paz que da la naturaleza.
Al culminar el recorrido por la hacienda de orquídeas y bromelias, aprovecho para visitar el casco aiboniteño. La Iglesia Católica del pueblo, San José, fue la última que se construyó durante la dominación española. Tardó una década en erigirse en 1897. Su altar -estilo barroco- tiene laminados en oro.
Más adelante, en la biblioteca pública, hay una exhibición de fotos antiguas del pueblo. Está en el segundo piso en el espacio que ocupa el Archivo del Patronato Histórico de Aibonito.
De los comedores que todos comentan hay dos restaurantes, el Cantinflas, en la carretera #722, de comida mexicana y a la carta. Tiene vista a las montañas. Tel: (787) 735-8870.

Y otro es el Balconcito Criollo. Aquí hacen pinchos de chicharrones de pollo y tostones, empanadillas, con masa de harina casera y también sirven un menú criollo a la carta.
Gerardo Santiago, el dueño del restaurante rústico, explica que llevan 15 años en el lugar frecuentado por los amantes de los four tracks y los vehículos todo terreno. En el local, sirven especiales de almuerzo desde $7. Los domingos hacen sancocho de patitas.
También tienen pechugas rellenas como la “Pechuga al Balconcito”. “Se rellena con jamón, chuleta, pimientos y cebollas. Luego se hornea envuelta en tocineta”, detalla Santiago, quien una vez al año organiza la ruta Chinchorreando en Jeep desde el Balconito Criollo.
El restaurante está en la carretera #7718 de la Ruta Panorámica. Abren de martes a domingo desde las 10 de la mañana. Tel: (787) 735-2005.
En Aibonito, nombrado así en honor a las hermosas vistas panorámicas de las montañas, también hay dos lugares de interés religioso.
Casa Manresa, en la carretera #162, es conocida por los retiros espirituales, y el Seminario Salesiano, donde ofrecen educación religiosa a quienes aspiran al sacerdocio.
Otro punto de aventura muy conocido en este pueblo es el Cañón San Cristóbal. El único acceso por tierra al cañón es desde Aibonito.