William Maldonado vive la vida a través de sus oídos y manos.
Por Ricardo Cortés Chico rcortes@elnuevodia.com
A la luz de sus ojos
Morovis – Caminaba con tropiezos. William Maldonado Rivas estiraba los brazos hacia adelante. Era su forma de experimentar con todo alrededor. Debido al desprendimiento de su retina, este niño, de apenas cuatro años, no puede ver. Toda su curiosidad la concentra en sus manos.
“Despacio... camina... despacito”. El menor repite cada una de las palabras que le dicen sus padres. Estos tratan de ayudarlo o balancearlo y él se desespera para que lo dejen quieto. Él quiere hacer las cosas solo.
Toca el televisor y sale con algunas ideas propias. “La película... los muñequitos”, dice. Su atención, sin embargo, se dirigió poco después a una cámara fotográfica que sus manos encontraron en el camino.
“Él es un milagro. Él se murió cuatro veces en el hospital”, dijo el padre del infante, también llamado William Maldonado.
Se refería a los traumáticos primeros días de vida de su hijo. Su madre, Sandra Rivas, tenía 44 años cuando quedó embarazada y padecía de hipertensión. Era un embarazo de alto riesgo que no fue planificado. Tan sólo tenía 25 semanas de gestación, cuando el pequeño William decidió nacer.
Ese día Sandra llegó de su trabajo y comenzó a mapear la casa cuando rompió fuente. Fue de hospital en hospital hasta que terminó en el Centro Médico de Río Piedras.
Las probabilidades de supervivencia eran pocas para el infante. Entonces tenía hasta sangrado interno en la cabeza. Pero el pequeño William iba a desafiar todo pronóstico. Con apenas unos días de nacido uno de sus pulmones colapsó. Por las pocas semanas de gestación que tuvo no respiraba solo. “No terminó de desarrollarse. No había terminado...”, dijo el padre de la criatura.
William estuvo seis meses en el hospital. Salíó sólo para que le operaran los ojos ya que la retina se le desprendía. El pequeño terminó con dos operaciones, la última para mitigar daños en la que le removieron parte del iris y el lente de los ojos. William actualmente apenas logra percibir la claridad del día y por su nacimiento prematuro desarrolló una serie de complicaciones adicionales.
El menor asiste a un grupo de educación especial del Departamento de Educación. Allí, las clases sin embargo, se concentran en las necesidades de menores con algún retraso mental. Y ese no es necesariamente el caso de William. “Hemos buscado alternativas pero no hemos encontrado... Lo que queremos es que él vaya aprendiendo a hacer cosas”, dijo el padre.
Esto por los limitados recursos económicos que logran generar. Sandra dejó su trabajo para dedicarle todas sus energías al menor. El padre trabaja instalando lozas.