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Estilos de vida

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20 de noviembre de 2012
Mi bienestar
 

Aléjate de los envidiosos

María Marín ofrece consejos para combatir a los que te desean más

 

Por María Marín / Especial el Nuevo Día

¿

Eres envidioso? Si eres feliz con quien eres y lo que tienes, seguramente tu respuesta es: ¡Yo no! Ahora te pregunto: ¿conoces a un envidioso? Sin duda, dirás que sí. Y es que, todos en algún momento de nuestras vidas hemos sido envidiados, más aún si posees una de estas cosas: una casa linda, un buen trabajo, un carro último modelo, una familia unida, una cara bonita o un cuerpo atlético.

La característica principal de un envidioso es que desea intensamente algo que otro posee. A este tipo de persona le da tristeza o disgusto el bien ajeno o el cariño que otros disfrutan. El envidioso siempre está listo para hacer un comentario en el que menosprecia tus logros o tus gustos y a la vez, él se enaltece. Por ejemplo, si dices que conociste a un hombre encantador, una envidiosa te dice: “cuidado que todos son así al principio”. O si comentas que fuiste a cenar a un lujoso restaurante, te dirá: “Yo conozco uno mejor”.

Otras de las características de un envidioso es que habla de ti a tus espaldas, también busca cualquier oportunidad para llevarte la contraria y hacerte sentir mal sobre tus opiniones. Y no te sorprendas cuando empiece a copiar tus ideas o hasta tu forma de vestir. Además, nunca se alegra cuando recibes buenas noticias.

Debido a que el envidioso le molestan tus bendiciones, jamás compartas tus alegrías frente a él. Por ejemplo, si tu enamorado te regaló una cadena con corazones de brillantes no se te ocurra decirle a una envidiosa: “Mira con lo que me sorprendió mi querido novio”. Una noticia como esta provoca rabia y alimenta la envidia de quien la padece. Es ahí cuando el envidioso desearía tener tu suerte y como no la tiene, ansía que la cerradura se rompa y pierdas tu joya. Solamente comparte tu dicha con aquellos que realmente se alegran por ti. Nunca le des la oportunidad a un envidioso de desearte mal. Saca de tu vida a esa gente y no lo hagas drásticamente porque se multiplicará el veneno. Disimuladamente dale excusas para no compartir con ellos, pero siempre continúa sonriéndoles y así estarás protegido de un mal que siempre persigue a los más afortunados.

Más información en www.mariamarin.com o en Twitter @maria_marin

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