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27 de diciembre de 2009
Béisbol
 

Aliado Incondicional

Insiste que el incidente que protagonizó con Roberto Alomar quedó en el pasado y que el boricua merece ser escogido para el Salón de la Fama

 
El incidente. Roberto Alomar es sujetado por el dirigente de los Orioles, Davey Johnson cuando el boricua intentaba abalanzarse sobre el árbitro John Hirschbeck tras escupirle. El lamentable suceso ocurrió en septiembre del 1996.

Por Noel Piñeiro Planas / npineiro@elnuevodia.com

“Si tuviera la oportunidad de hablar con cada elector que tiene en sus manos el chance de exaltar a Roberto Alomar al Salón de la Fama de Béisbol, les suplicaría que no dejen que un triste incidente de un día en medio de una espectacular y ejemplar carrera les lleve a dudar de tomar la decisión correcta, que es inmortalizarlo para el resto de la vida”.

La anterior cita la declaró esta semana a El Nuevo Día el árbitro norteamericano John Hirschbeck, aquel al que el intermedista boricua escupió lleno de rabia una tarde del 27 de septiembre del 1996, mientras jugaba para los Orioles de Baltimore, y luego de ser ponchado por una dudosa apreciación del oficial.

El incidente, uno que le ganó a Alomar una suspensión de cinco juegos, es el único elemento negativo en la carrera del pelotero natural de Salinas. Es también, posiblemente, lo único que han tenido que sopesar algunos miembros de la Asociación de Escritores del Béisbol en América para decidir si eligen al boricua para ingresar al Salón de la Fama en su primer año de elegibilidad o si lo harán esperar algunos años.

Y es que aquella sorpresiva e inexplicable reacción del boricua es la única mancha en su carrera. El propio Hirschbeck, quien hasta hace unos años fue el presidente de la Asociación de Árbitros de las Grandes Ligas, así lo reconoce al declarar que Alomar debe ser elegido al Salón de la Fama porque para él fue y sigue siendo el mejor segunda base que ha tenido el béisbol en la historia.

“De verdad que espero que los votantes no le nieguen su derecho. Él lo merece”, añadió al recordar que los electores tienen hasta este jueves para votar en favor de la candidatura de Alomar y otros peloteros de la talla del boricua Edgar Martínez y los norteamericanos Barry Larkin y Fred McGriff para determinar así cual será la Clase 2010.

El resultado de dicha elección será dado a conocer públicamente el próximo Día de Reyes, a las 3:00 p.m.. La ceremonia de exaltación, por su parte, será el 25 de julio aunque las actividades especiales cubrirán todo el fin de semana del 23 al 25 de julio.

DEL ODIO A LA AMISTAD

De vuelta a Hirschbeck, sus palabras en favor de Alomar ciertamente resuenan con fuerza. Sin dudas son las de un hombre que perdonó a Alomar por su trasgresión y un ser humano que tiene paz con la vida a pesar del calvario que le ha tocado vivir en ella.

El veterano árbitro de 55 años de edad explicó que tanto él como Alomar arreglaron cuentas hace ya muchos años y por eso nadie debe tomar venganzas sobre el asunto.

“Nosotros tenemos hoy en día una gran relación. Ambos lamentamos mucho lo que sucedió aquel día”, dijo Hirschbeck, quien alegadamente ripostó la inicial protesta del 'strike' de Alomar usando una expresión con la que cuestionaba su hombría, lo que causó la gran ira del boricua y le cegó el entendimiento hasta atreverse a escupirlo.

Más adelante aquel día, sin embargo, Alomar empeoró las cosas al intentar justificar su error diciendo sobre Hirschbeck, “lo respetaba mucho pero desde que tuvo un problema con su familia cuando su hijo falleció -sé que eso es algo realmente difícil y duro para cualquier ser humano- simplemente cambió, personal y mentalmente... simplemente se convirtió en un amargado”.

Fueron expresiones insensibles y muy duras. Incluso movieron al árbitro a intentar entrar al camerino de los Orioles el día después para pelear con el boricua.

Hoy, sin embargo, ni siquiera de eso guarda rencor Hirschbeck.

“Aquel incidente luego nos unió y Roberto se convirtió en un aliado en unas actividades que yo organizaba para recaudar fondos para la investigación sobre la condición 'adrenoleukodystrophy' de la que falleció mi hijo”, dijo Hirschbeck sobre una extraña condición genética que también heredaron sus otros retoños y cuya consecuencia es el desarrollo de daño cerebral y en las glándulas adrenales hasta causar la muerte.

COLABORADOR DE UNA NOBLE CAUSA

Según el portal Wikipedia.com, Alomar donó sobre $250,000 para la investigación científica de esta condición. Sin quererlo, el incidente levantó un conocimiento nacional sobre la condición.

Indirectamente, algunas de esas investigaciones han permitido que muchos niños sobrevivan el progreso de la condición. Tal es el caso de los tres hijos menores de Hirschbeck, el niño Michael y las niñas Erin y Megan.

No sucedió así, sin embargo, con el primogénito John Drew. Éste falleció el 7 de marzo de 1993, tan solo 11 meses después de que le fuera diagnosticada esa terrible condición. Desde entonces en adelante, el parque y el juego de pelota era el único lugar donde Hirschbeck podía vivir algunas horas de un día sin que su mente repasara la preocupación de qué le depararía el futuro a sus otros retoños, o más duro aún, si correrían la misma suerte que su hijo mayor.

El incidente con Alomar tres años después, ciertamente, trastocó esa realidad por un tiempo. Pero como Alomar y él fueron protagonistas de una tragedia atípica a su realidad de vida, las aguas regresaron a su normalidad.

“Fui quien hice el acercamiento inicial. Roberto había expresado en muchas entrevistas que reconocía que había hecho un grave error pero no habíamos vuelto a hablar sobre un terreno de juego”, dijo Hirschbeck, procediendo a relatar como el encargado de la propiedad del camerino de los árbitros en el estadio de Cleveland, a donde Alomar fue a jugar el año siguiente, fue instrumental en el proceso.

“El encargado del camerino de los árbitros es un viejo amigo mio. Un día, después que Roberto comenzó a jugar con los Indios, le pregunté qué pensaba de Alomar ahora que lo había conocido. Y me dijo, Alomar es uno de los dos mejores seres humano que he conocido en mi vida”.

Hirschbeck no pudo creer aquellas palabras.

“'¿Estás hablando en serio?'”, le dije. “Y él me dijo 'sí'”.

Y añadió, “'y tú eres el otro'”, recordó Hirschbeck.

“Fueron palabras que me movieron a hablar con Roberto. Y lo hice esa misma noche. Estuve arbitrando en segunda base y cuando comenzó el partido le dije, 'buena noches, ¿cómo estás?'. Y él me respondió que bien y después se pasó hablando conmigo todo el juego. Estuve hasta preocupado que no se distrajera mucho”.

De aquella noche en adelante Alomar se convirtió en un amigo y colaborador de Hirschbeck. Camisas, gorras, guantes, bates y dinero. De todo brindó para recaudar fondos para la investigación médica de la condición que le cobró la vida a su hijo.

Este mismo año, de hecho, Alomar también llamó a Hirschbeck tan pronto supo que al oficial le fue diagnosticado cáncer testicular, lo que le obligó a someterse a una operación y perderse los últimos dos meses de la temporada regular y los playoffs.

“Roberto es tremendo ser humano. Él, su padre y su hermano. Espero que ellos puedan tener un bonito comienzo del año con la exaltación de Roberto'”, dijo Hirschbeck, quien en el 1980 fue árbitro en la Liga de Béisbol Profesional de Puerto Rico y quien incluso conoció a su esposa en la Isla durante un fin de semana de aquella temporada invernal.

Hirschbeck, de otra parte, también elogió la calidad y el valor de inmortal de Edgar Martínez.

“Siempre fue un hombre de clase en el béisbol. Un gran bateador y un ser humano generoso. Él también debe ser exaltado”, dijo Hirschbeck.

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