Un profesor ha dedicado los últimos 20 años a trabajar por quienes viven con VIH y sida
Por Ana Castillo Muñoz ana.castillo@elnuevodia.com
Héctor Díaz encontró en el recuerdo de tres de sus estudiantes de comunicación otra vocación.
Este profesor de la Universidad de Puerto Rico empezó a hacer trabajo voluntario luego de que aquellos jóvenes, pacientes de sida, fallecieran y de ver cómo aumentaban los casos del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) en la década de 1990.
Así fue como el también publicista se interesó en el padecimiento y decidió aportar tiempo y dinero. Gracias a la que entonces era su secretaria en la agencia de publicidad en que laboraba, conoció a Bill’s Kitchen.
La organización sin fines de lucro se encarga de ofrecer semanalmente bolsas de comida, que suplen parte de la dieta que necesitan los pacientes de VIH/sida para que, junto al tratamiento médico, puedan tener una mejor condición de salud.
Estas bolsas incluyen siete comidas preparadas y congeladas, una para cada día de la semana. Las aportaciones de Bill’s Kitchen equivalen al 60% de la dieta semanal que los pacientes deben ingerir y son recomendadas por nutricionistas que trabajan en el centro.
Bill’s Kitchen, que recibe más de 14 referidos de pacientes al mes de hospitales y otros centros de salud, brinda, además, consejería nutricional y apoyo social.
Díaz cuenta que empezó a empacar, repartir y distribuir las bolsas de alimento como cualquier otro voluntario, pero a medida que se involucró más con la causa, asumió mayores responsabilidades.
“Esto te mantiene con vida, porque está el sentido de que estás aportando y de saber que otra persona te necesita”, sostuvo Díaz, quien experimentó su primer acercamiento a un acto solidario como este mediante las iniciativas de responsabilidad social empresarial en la industria de la publicidad.
Al relacionarse con los pacientes de VIH/sida, identificó sus necesidades físicas, emocionales, nutricionales, salubristas y económicas, y entendió que tenía mucho que hacer.
Por lo que escucha en la calle, le preocupa que algunas personas ya no perciban el VIH como una amenaza a sus vidas cuando la epidemia persiste.
Desde el primer diagnóstico en 1981, en Puerto Rico se han reportado cerca de 45 mil casos de VIH. En este tiempo, unas 24 mil personas han muerto por complicaciones relacionadas con el sida, según datos del Departamento de Salud.
En lo que va de este año, se han reportado 64 nuevos casos de VIH, mientras que en 2011 se registraron 402 diagnósticos y 525 el año anterior.
En los 19 años que Díaz lleva como voluntario, ha pasado malas experiencias, tanto así que ha pensado desistir, pero ha sopesado su interés y el de la gente a la que ayuda y ha preferido seguir en este trabajo para procurarles una mejor calidad de vida.
Aunque haya quien opine que son los pacientes quienes deben estar agradecidos con la organización, Díaz piensa lo contrario: es él quien les agradece que le enseñaran a dar de lo que tiene sin esperar nada a cambio más que la satisfacción de ayudar.
“La gente se ha vuelto insensible al dolor de los demás. Son pocas las personas que piensan en lo que pueden dar”, indicó.
Ahora, como presidente voluntario de la Junta de Directores, trabaja para asegurar los recursos económicos que ayuden a sostener la obra, al tiempo que define hacia dónde dirigir la organización, que en el 2011 preparó más de 87 mil comidas congeladas.
Parte de su función en la entidad es hacer que otros se unan. “Hay que animar a la gente a que sean voluntarios. El servicio del voluntariado hace posible que sigan funcionando todas las organizaciones”, abundó. “Yo me quedo aquí, hasta que el cuerpo aguante”.