Aquí hallarás los nueve pasos que deben seguir los padres y educadores al identificar un caso de "bullying".
Por Miglany Gomila Romer y Joy Lynn Suárez, Psy.D. / Especial El Nuevo Día Educador
El acoso escolar o “bullying” es mucho más que una “peleíta de muchachería”. Es una situación que debe identificarse y atenderse a tiempo para que no se convierta en agresión. Aquí te mostramos los nueve pasos que deben seguir los padres y educadores al identificar un caso de acoso escolar.
1. ¡ALTO! No te alarmes- A veces, como padres o educadores, al identificar una situación que afecte a un menor, se nos dificulta contener nuestras emociones. Nuestro instinto nos lleva a actuar en contra del agresor y a favor del agredido. Sin embargo, debes de evaluar la situación detenidamente.
2. Identifica dónde ocurre el “bullying”- Hoy en día, ante la tecnología que nos rodea, es un reto identificar y controlar las fuentes de comunicación que rodean a los menores. Lo mismo sucede con el acoso escolar, que puede trascender la comunicación cara a cara y trasladarse a las redes cibernéticas. Esto se conoce como “cyberbullying” o acoso cibernético. Según el Dr. Sameer Hinduja, el “cyberbullying” se define como “el daño deliberado y repetido, infligido a través del uso de la computadora, teléfonos celulares y otros artefactos electrónicos”. Por eso es importante conocer si la situación por la que atraviesa el menor, va más allá del salón de clases.
3. Escucha a ambas partes- Escucha al agredido y al agresor, haz preguntas y no asumas posturas sobre lo que ocurre. Opta por escuchar atentamente a las partes involucradas de forma separada. A modo de pregunta, trae a coalición la versión del otro involucrado, para conocer la opinión del menor.
4. Comunicación con la escuela- Muchas veces el “bullying” puede pasar inadvertido a los maestros; ya sea porque no se da en el salón o porque es visto como un juego más. Comienza por hablar con los maestros de los niños involucrados. Lo mejor es sacar una cita o ir cuando no estén presentes los menores. Además, aclara que quieres que la cita sea sin los padres de la otra parte, ya que la presencia de estos puede incitar acciones negativas o que el acoso empeore.
5. Comunicación con los padres o encargados del agresor- En ocasiones es aconsejable hablar con los encargados del agresor. Ya que puede arrojar mayor luz a la situación que se da en el ambiente escolar. No vayas con el dedo acusatorio. Ve como adulto que eres, abierto al diálogo y a trabajar por el bienestar de ambos menores. Si la otra parte se torna agresiva, retírate. No pierdas tu tiempo en peleas que no llevarán a la meta final: resolver el acoso escolar.
6. Apoyo al agredido- Si tú eres el encargado o cuidador del agredido, ofrécele tu apoyo incondicional. Escúchale sobre todas las cosas e ínstale a confiar en ti y a no temer por reprimenda alguna. Déjale llorar si quiere y ofrécele palabras de aliento. Ponte en su posición: ¿Cómo tú te sentirías si tú fueses un niño que a diario eres herido verbal o físicamente sin poder defenderte?
7. Posibles soluciones- No hay una píldora mágica que detenga el “bullying”. Hay que tomar cada situación como una individual y no generalizar. Lo que sí debe ser general en toda situación de acoso escolar es la comunicación. Escuchar es de suma importancia para entender los problemas. Al igual que el diálogo entre todas la partes involucradas (agredido, agresor, padres o encargados, personal de la escuela) es clave para mediar y promover las soluciones pertinentes. A ti padre o encargado: no aísle la situación ni la vea como “otra queja más”. Escuche al menor y comprenda por lo que está pasando. A ti maestro: no minimice lo que observa como “esos son peleítas de muchachería”; preste atención a las señales que dan los menores. Estas señales son: bajo desempeño escolar, desánimo ante sus compañeros, aislamiento a la hora del recreo, llanto súbito y profuso, poca o ninguna participación en el salón de clases, dolores inexplicables de estómago o miedo a entrar al salón de clases. También, a la hora de buscar soluciones, pregúntale a las partes involucradas. Hazles partícipes en la búsqueda de una solución.
8. La persistencia- No te desesperes, ten paciencia. De la misma forma en que el problema se generó, tomará su tiempo en resolverse. Recuerda que esa desesperación que presentes es la que el perjudicado observa y puede llevarle a sentirse doblemente herido. Trata de proyectar serenidad y fortaleza, para que ese sea el modelo que el niño vea. Así generarás más seguridad en el menor.
9. Cuando el acoso se convierte en agresión- Muchas veces se observa que hay una línea fina entre acoso y agresión. Recuerda que la agresión no es sólo un pellizco o un tropezón a propósito, sino que las agresiones verbales o emocionales, con palabras soeces o denigrantes, o traer a coalición eventos vergonzosos frente a otros, es igual o peor que una herida abierta. A veces, es necesaria la intervención de las autoridades escolares o judiciales. Pero antes de esto, debes evaluar la magnitud de la situación, y si llevar a cabo este paso traerá más beneficios que problemas. Recuerda que en caso que la vida de la persona, la propiedad de esta o la de otros esté en peligro, llama inmediatamente a las autoridades pertinentes.
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