Top de la pagina

Noticias

Puerto Rico Hoy
12 de julio de 2012
 

Amor que transforma

La enfermera haitiana Marie José Paul dice que ha cambiado su visión de la vida desde que empezó a ayudar al niño Gerilon Mondesir

Por Marga Parés Arroyo / Mpares@elnuevodia.com

De hablar melodioso y pausado, Marie José Paul no quiere que se le considere una heroína por seguir el dictado de su corazón y ejercer la profesión que estudió y que ha practicado durante más de 25 años.

Para esta enfermera de 53 años, natural de Puerto Príncipe, Haití, era inconcebible no asistir médicamente a alguien que lo necesitaba, en este caso, a Gerilon Mondesir, el niño haitiano de 13 años que gracias a gestiones suyas fue trasladado a la Isla la semana pasada en una misión humanitaria para extirparle el tumor benigno que ocupaba gran parte de su rostro.

“Todos piensan que estoy haciendo algo increíble, pero para mí es normal... si no, lo dejaba morir. No había alternativa. Tenía que ayudarlos y voy a continuar haciéndolo”, sostuvo.

Al conocer el caso del niño, esta enfermera haitiana le gestionó la ayuda de la fundación Haití se Pone de Pie, organizada por médicos boricuas, que eventualmente consiguió que Gerilon fuera tratado gratuitamente aquí en el Hospital Pediátrico.

Y ahora ella lleva a Mondesir pegado a su corazón. Tanto, que, además de coordinar la asistencia médica que el adolescente necesita, ansía también darle una mejor oportunidad de vida.

“Esto es un compromiso de por vida. No puedo dejarlos ahora”, dijo.

Compromiso que no parará

Paul, quien ha estado acompañando aquí en todo momento a Gerilon y su madre, deberá regresar a Haití en unas dos semanas para reintegrarse a sus labores como supervisora de los servicios perioperatorios del Hospital Adventista, en Puerto Príncipe.

Una vez allí, la enfermera planifica buscar un lugar que pueda rentarse para acomodar a Gerilon y a su madre, Filiese Mondesir, cuando ambos regresen a su país natal. También viviría con ellos la hermana del menor -de 10 años-, quien se quedó en Haití bajo el cuidado de sus abuelos y tíos.

Esta familia vive en Miragoane, pueblo extremadamente pobre que queda a tres horas de Puerto Príncipe. Sin embargo, Paul considera que deben vivir en un ambiente donde no haya riesgo de infección en el área operada. Además, cree que sería más factible tener a Gerilon cerca de la clínica donde labora para monitorearlo con más frecuencia.

“No sé, incluso, si algún día pueda regresar a su pueblo”, dijo Paul, al recalcar que la recuperación del menor y su proceso de rehabilitación tomarán años y varias visitas más a Puerto Rico para seguimiento médico.

La madre del menor está consciente de esto y ya le comunicó a Paul su deseo de buscar trabajo como empleada doméstica en la capital haitiana.

Paul planifica, además, ayudar académicamente a Gerilon, quien a sus 13 años solo ha podido llegar a cuarto grado pues en el último año y medio se ausentó de la escuela por las burlas de sus compañeros ante su desfigurado rostro.

“Ha perdido mucho. Por eso, voy a tratar de conseguir a un maestro retirado para que lo ayude a ponerse al día en los estudios”, dijo la enfermera.

Y es que la meta de esta haitiana es “que él sea la mejor persona que pueda ser, que viva a su máximo potencial”.

Regresa a Haití

Paul salió de su país a los 10 años cuando su familia se mudó a Nueva York y regresó en el 2010, ya como enfermera, para ayudar en las tareas después del terremoto. Planificaba permanecer un mes, pero la necesidad de un país devastado por la naturaleza era tal que se quedó tres meses.

Solo fue por unas semanas a California, donde vivía, para recoger sus pertenencias y renunciar a su trabajo en la Comisaría de San Bernardino. También tuvo que convencer a sus dos hijos, de 30 y 33 años, quienes residen en Washington D.C., de que regresar a Haití era la mejor decisión.

“Me dijeron que sería difícil, que no me acostumbraría, pero ya había tomado la decisión. Ahora, cada vez que pienso irme, pasa algo. Dios me llevó allá y voy a quedarme hasta que me necesite”, dijo Paul, quien también entrena a otras enfermeras en Haití.

Una familia extendida

Para Paul, Gerilon y su madre ya son parte de su familia. Y es que el proceso por el cual está pasando el menor los ha unido aún más. Por eso, para ambas mujeres ayer fue un hito importante como preámbulo de la masiva operación que se le realizará hoy a Gerilon para comenzar el proceso de reconstrucción de su rostro después de que el tumor desfigurante le fuera operado el lunes.

“Ella sabe que va a ser duro mañana (hoy), pero espera solo lo mejor y me ha dicho que sabe que está (el niño) en excelentes manos”, dijo.

“Dios no lo trajo tan lejos para abandonarlo”, dijo, por su parte, la madre de Gerilon, quien, al igual que hizo durante la primera operación que se le realizó el lunes al menor para extirparle el tumor, anticipó que permanecerá de rodillas, pidiéndole a Dios por su hijo, mientras dure la intervención de hoy.

Paul explicó que Filiese Mondesir, la madre de Gerilon, no se ha apartado del lado de su hijo. Incluso, aunque el niño permanece en la unidad de intensivo, la mujer duerme en las cercanías de su cama pues en la cultura haitiana esto es algo normal. No hacerlo, dijo, sería como abandonarlo.

Mientras, Paul considera que el proceso que ha vivido junto a Gerilon y su madre ha sido la mejor experiencia de su vida.

“He aprendido tanto de él. Es que él saca lo mejor de todos. Te hace ser una mejor persona solo por aceptar su condición como lo ha hecho, sin rencores ni desprecios. Ha mejorado mi vida. Me ha enseñado a ser agradecida por las cosas más pequeñas. Ahora veo el cielo y a mi alrededor y lo aprecio aún más”, concluyó.

Cargando..
Primer paso:
Conectar con Facebook
Primer paso:
Conectar con Facebook
Primer paso:
Primer paso:
Primer paso: