Animales desaparecidos sin dejar rastro
Por ElNuevoDía.com
Recientemente falleció el último ejemplar de las tortugas gigantes a sus 100 años, en circunstancias que aún se desconocen, pese a que esta especie puede vivir hasta 200 años.
La extinción de este animal ocurrió debido a que no dejó descendientes, a pesar de los últimos intentos en los pasados 40 años para que se apareara y así lograse reproducirse. Su muerte representa el fin de la subespecie de tortugas gigantes conocidas científicamente como Geochelone nigra abingdoni.
Son muchas las especies que han tenido el mismo destino de extinción, y otras tantas actualmente también están en peligro de desaparecer del planeta.
En primer lugar el oso del Atlas habitaba en la cordillera del Atlas (de ahí su nombre), desde Túnez a Marruecos. Fue el único oso que vivió en África en épocas recientes y tenía mucho menor tamaño que otros osos pardos, además de un hocico más chato.
La caza y la destrucción de su hábitat natural lo llevaron a la extinción.
El león más grande del territorio africano, conocido como el león del Cabo, llegó a pesar 250 kilos. Vivía en la zona de las llanuras herbáceas del Karoo, al suroeste de Sudáfrica.
Su desaparición está atribuída a los colonizadores holandeses, , pero se sabe que los verdaderos responsables fueron los ingleses, quienes comenzaron a cazarlo indiscriminadamente, tanto por deporte, como represalias a sus ataques al ganado. El león del cabo tuvo su desaparición oficial en 1865, cuando el último ejemplar fue cazado por hombre conocido como el General Bisset.
Por otra parte, la codorniz de Nueva Zelanda también entra en el listado de las especies que desaparecieron en su totalidad. Fue un ave muy peculiar, la más grande de su especie, por lo que también se le conocía como "Alca imperial" o "gran pingüino". Fue muy abundante en la época romana, a lo largo de las costas del Océano Atlántico, desde Florida a Groenlandia, incluyendo a Islandia, Escandinavia, las Islas Británicas, Europa Occidental y Marruecos. También se le podía ver en el Mar Báltico y al oeste del Mar Mediterráneo.
Al igual que los pinguinos, esta ave no tenía capacidad para volar. Se cree que justo su incapacidad de volar y el sabor de sus huevos fueron la causa de que se convirtieran en víctimas de la caza indiscriminada. A finales del siglo XVI desapareció de la Europa Occidental y sólo abundaba en el norte de Nueva York. En el año 1800 aún se le podía ver en Islandia, pero tras la llegada de dos barcos a la isla entre 1808 y 1813, el consumo constante de sus huevos los llevó a la extinción en 1844.
Otro que corrió la misma suerte fue el tigre persa, a quien también se le conocía como "tigre del Caspio". Fue la tercera subespecie de tigre más grande, después del tigre siberiano y el de bengala. Su pelaje era amarillo, casi dorado. En los costados y la cara su pelo era de color blanco y sus rayas eran de color marrón.
El tigre persa habitaba la región comprendida por la península de Anatolia, el Cáucaso, el Kurdistán, el norte de Irak e Irán, Afganistán y gran parte de Asia Central.
Los machos pesaban entre 169 y 240 kilos, y tenían una longitud de 2.65 a 2.95 metros. Sus patas contaban con garras excepcionalmente largas, incluso más grandes que las de cualquier otro tigre. Tenían la capaidad de adaptarse a temperaturas altamente frías, gracias a su pelaje.
La deforestación y las tierras fronterizas ocupadas por los zares de Rusia contribuyeron a su desaparición. El último ejemplar se vio en Tadjikistán en 1961.
En Puerto Rico hay especies que están en peligro de extinción, como la cotorra puertorriqueña, sin embargo hay otras que lograron desaparecer en su totalidad, como el coquí dorado.
El color del coquí (Eleutherodactylus jasperi) era entre amarillo y dorado y medía sólo dos centímetros. Algunos naturalistas se resisten a declararlo extinto, pero tampoco se han tenido avistamientos de la especie en los últimos años.
Más antiguo a un, para 1800 se declaró extinto el pika sarda, descrita por algunos autores como un "conejo gigante sin cola". Fue una especie nativa de la isla de Cerdeña y el sabor de carne fue lo que le costó la vida a todos los ejemplares de la isla.
En la zona suroeste de los Estados Unidos y al norte de México habitaba el oso mexicano. Era una subespecie del oso pardo, conocido científicamente como Ursus arctos nelsoni, la cual no se conocía mucho tiempo antes de se extinguiera en 1964.
Finalmente, otra especie que se extinguió es el águila de haast, una de las aves de presa más grande que pesaba entre 10 y 15 kilos. Se dice que cuando existió era la cabeza de la cadena alimenticia.
Bastaron dos siglos tras la llegada del hombre para que el último ejemplar desapareciera.