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13 de octubre de 2013
Puerto Rico Hoy
 

"Aquí no se sabe ni la hora que es"

Roosevelt Roads está sumida en el abandono oficial

 

Por Sandra Caquías Cruz / scaquias@elnuevodia.com

CEIBA - Como si se tratara de una ciudad fantasma de la que todos salieron despavoridos dejando atrás las casas, un complejo de apartamento, tres escuelas y locales comerciales. Así se encontraba ayer la antigua base naval Roosevelt Roads, años atrás un importante eje económico del este.

A casi una década de la salida de la Marina de Guerra de Estados Unidos, la maleza se ha apoderado de las estructuras que permanecen en pie, mientras una empresa de cine aprovecha el escenario de desolación.

“Las condiciones de Roosevelt Roads las catalogo de sumamente deficientes”, expresó Ramón D. Figueroa, miembro de la Junta de Redesarrollo para Roosevelt Roads, antiguas instalaciones militares que pasaron a manos del gobierno de Puerto Rico este año.

En un recorrido con Figueroa por esas antiguas instalaciones, El Nuevo Día constató que la cabina que una vez ocuparon policías militares para restringir el paso a la antigua base ahora la usan policías estatales. Las áreas verdes inmaculadas solo están en la memoria del también abogado, copresidente de la Junta de Restauración Ambiental de Roosevelt Roads.

Deterioradas las facilidades abandonadas de Roosevelt Roads

La actividad en estas instalaciones militares es mínima, con excepción del aeropuerto José Aponte de la Torre, de donde despegan avionetas para Vieques, Culebra y otras islas cercanas.

El complejo no tiene agua potable. Hace seis años que el agua la compran de camiones cisternas para almacenarla en dos tanques, dijo Figueroa.

Luis Manuel Díaz Meléndez, porteador de la ruta entre Fajardo y el aeropuerto de Roosevelt Roads, lamentó las condiciones de una de las pocas estructuras que aún tienen uso aquí.

“Esto va pa’ cinco años abierto y no tenemos los servicios principales, que es el agua. Hay problemas con la luz. Todo el tiempo hay apagones. Las carreteras están en muy mal estado”, apuntó. “Aquí hay veces que no se hace ni un centavo”.

No obstante, la imagen más común en esas instalaciones fueron los lugares acordonados para restringir el paso a terrenos que, antes de ser militares eran los barrios Guayacán y Playas Blancas de Ceiba, que estuvieron poblados por familias de pescadores que tuvieron que salir “por expropiación forzosa”, recordó Figueroa.

Lo que fue un restaurante de comida rápida, una comisaría, un garaje de gasolina y una tienda por departamentos, ahora se usan para filmaciones. Ayer no parecía que estuvieran grabando, pero guardias de seguridad privada impedían el paso.

El letrero “Out of Service” se destaca en la puerta de entrada del otrora hotel. El abandono del Navy Lodge, en lo alto de una colina, se ve desde la distancia. La yerba amenaza con tapar la carretera que lleva a la entrada de la estructura.

Cerca del hotel hay un complejo de apartamentos de varios edificios. La maleza arropa los buzones y las entradas a las estructuras. Figueroa recordó que los edificios fueron construidos a inicios de la década de 2000, pero nunca fueron habilitados.

Esas no son las únicas viviendas abandonadas. La maleza impide el acceso por carretera a las barracas militares.

“Es tiempo de que el gobierno dé un empujón para que inicie el desarrollo del que por tantos años se ha hablado. Aquí la economía ha sufrido bastante”, señaló Figueroa. Atribuyó, tanto el deterioro económico de la zona como el de las instalaciones, a la “negligencia por parte de los gobiernos”.

Malu Blázquez, directora ejecutiva de la Autoridad para el Redesarrollo de Roosevelt Roads, informó el viernes, en medio del anuncio de los planes gubernamentales para estas tierras, que en las instalaciones “hay de todo, hay algunas estructuras que son aptas para reuso y hay otras que son bien viejas, tienen asbesto, ha habido vandalismo de los sistemas de agua y electricidad, se han robado el cobre y hay muchas que no se podrán usar. Para eso hay que hacer una evaluación”.

Las tierras de la antigua base, algunas en manos de la Marina en espera de que concluya la limpieza de los terrenos, cuentan con siete playas aptas para bañistas, de acuerdo con Figueroa.

Otro atractivo es la pesca de orillas. En uno de los muelles, un grupo de jóvenes de una iglesia disfrutaba ayer de un pasadía de pesca. José Veléz Santiago, quien pesca aquí, criticó las condiciones del lugar. El exmarino mercante lamentó que con los planes para las instalaciones “hoy dicen unas cosas, mañana dicen otras, entonces el alcalde quiere hacer algo, pero allá se reunen y dicen otra cosa. Aquí no se sabe el día ni la hora que es”.

Mientras, Jaime Rosario, encargado del negocio El Barco Cash & Carry, dijo que ansía que establezcan algún tipo de actividad económica en las antiguas instalaciones militares.

“Nos estamos muriendo de hambre. Aquí se vendían $1,000 todos los días. Ahora no se venden ni $200. No da ni para pagar la luz”, dijo antes de señalar que “desde que se cerró la base esto decayó”.

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