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Cultura
27 de junio de 2012
 

"Aquí siempre está pasando algo"

El proyecto artístico que ocupa la Casa de los Contrafuertes ha convertido el espacio en un punto de encuentro cultural

 
Charles Juhász Alvarado conceptualizó el espacio como un taller de trabajo y sala de exposición en la que los artistas están presentes constantemente.  (Especial El Nuevo Día / Alberto Bartolomei)

Por Ana Teresa Toro / ana.toro@elnuevodia.com

La casa está llena, ocupada y viva. Hay un entra y sale, hay algo pasando.

Desde que abrió sus puertas al público “La Casa de los Contrafuertes, espacio de trabajo”, el proyecto artístico gestado por Charles Juhász Alvarado en el marco de la tercera edición de la Trienal Poligráfica de San Juan, el abandonado edificio sanjuanero ahora es punto de encuentro para artistas de diversas disciplinas y curiosos de insospechados trasfondos.

Juhász Alvarado recibió la invitación para participar en el evento artístico que inauguró a finales de abril por parte de Deborah Cullen, curadora de la Trienal. De inmediato decidió trabajar en un proyecto que llevaría distintas piezas de arte a ocupar espacios en edificios del casco antiguo ponceño. Sin embargo, la falta de presupuesto -como suele suceder en múltiples proyectos de arte- implicó el tener que replantearse el concepto.

Finalmente, surgió la opción de utilizar el edificio -ubicado en la calle San Sebastián frente a la Plaza San José- que históricamente llevaba por nombre Casa de los Contrafuertes y había albergado anteriormente el Museo de la Raíz Africana. En marzo era un espacio abandonado, lleno de limo y con un pie de agua acumulada en el techo.

“La idea de la Trienal, el concepto, es la idea de la colmena, de la colaboración y mi invitación surge como una oportunidad de ser anfitrión y cuando recibo gente en mi casa procuro arreglarla lo mejor posible”, explicó Juhász Alvarado.

Entonces vinieron las mangueras a presión, arreglos en las ventanas, pintura y la creación de muebles pensados expresamente para este proyecto. Todo, con un presupuesto asignado de $10 mil. Como es natural, ha sido insuficiente, sin embargo la idea de la colmena ha rendido frutos y los artistas que se han integrado al proyecto han aportado sus recursos y su tiempo para que pueda correr. Porque de correr, corre todo el tiempo. Ese precisamente es el germen del proyecto, el espacio de trabajo vivo.

“El lugar en sí tiene esa calma, es acogedor, tiene una escala que no es institucional”, describe el artista para quien la casa ha pasado a ser no solo un lugar de exposición sino un taller de trabajo constante y sonante. Por eso, cada una de las decenas de piezas que ocupan las distintas habitaciones (y que son obra de distintos artistas invitados a su vez por Juhász) se acompañan de una mesa en la que se incluyen materiales de trabajo.

Dentro de eso hay una intención, conocerse mejor como grupo, como generación de artistas trabajando aquí y ahora. “El problema más grande que tenemos a nivel ideológico es que no nos conocemos a nosotros mismos. Estamos en el afán de pensar en la estadidad y en la independencia, nos confundimos”, analiza el artista.

Entonces llegaron instalaciones, esculturas, pinturas, se creó una sala de lectura, se habilitó un espacio como taller y estudio de grabación, se decidió prender la cafetera todos los días a las seis de la tarde y se estableció los jueves como el día fijo de eventos nocturnos. A veces son lecturas de poesía, performances, piezas de danza, música e, incluso, pronto se presentará la pieza teatral “La violencia de las flores”, creación de estudiantes de drama de la Universidad de Puerto Rico. A eso le suman una colmena de abejas que han colocado en uno de los recovecos de la casa ocupados por artistas.

“Mi contribución ha sido crear mi espacio allí que es un miniestudio de grabación, es un lugar de experimentación con sonido para que vengan artistas a trabajar creando piezas sonoras para eventos o para el edificio”, describe Fabián Vélez, uno de los artistas que colabora con el proyecto. “De hecho, la colmena está conectada al estudio y tiene un micrófono y sensores de movimiento, de modo que en cualquier momento ese sonido de las abejas se integra, componen con nosotros”.

“El proyecto es de cada uno de nosotros los que estamos colaborando y nos convertimos en el contrafuerte de esta casa”, comentó por su parte la artista Ana Rosa Rivera, quien llevó hasta allí su pieza “Columna/skirt”, una serie de faldas gigantonas que se convierten en cortinas de teatro y en las que artistas como Awilda Sterling han presentado sus coreografías, entre otros.

Entonces, ¿es posible una colmena de artistas? ¿Se puede domesticar el ego lo suficiente como para que un proyecto así prospere?

“Yo digo que sí, nuestra naturaleza se presta para eso, somos como las abejas, muchos insectos que formamos un mismo organismo”, finaliza Juhász Alvarado con esa sensación de futuro que generan los espacios cuando están vivos.

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