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22 de enero de 2013
Puerto Rico Hoy
 

A reinventar las Fiestas de la Calle

De cara al aumento en el número de asistentes, residentes, trabajadores y políticos buscan alternativas para el futuro del popular evento

 
Un residente recomendó que se aumente el uso de letrinas y zafacones. (carlos.giusti@gfrmedia)

Por Ana Teresa Toro / ana.toro@elnuevodia.com

Manejar multitudes  no es una ciencia oculta. Para entenderlo sobran referencias mundiales de eventos deportivos, artísticos y culturales en los que cientos de miles de personas se dan cita en un mismo espacio para disfrutar sin mayores conflictos. 

Pensar en ello resulta oportuno a dos días de concluida la 43ra edición de las Fiestas de la Calle San Sebastián que, este año, rompió récord de asistencia con un estimado de sobre 400,000 personas, prácticamente 100,000 personas más que el estimado del año anterior. 

Ayer, a media mañana, aún se trabajaba a todo vapor para lograr completar las labores de limpieza en una ciudad  cuyos adoquines aún tenían memoria del olor a basura y orín con el que fueron bañados por cuatro días seguidos. Igualmente, comerciantes celebraban su agosto y artistas de diversas disciplinas alababan la nutrida oferta cultural que caracterizó el evento. 

Sin embargo, y como es natural, la discusión pública se centró en los lamentables incidentes (robos, escalamientos, agresiones, accidentes, intoxicados por consumo de alcohol, entre otros), así como en el asesinato de Julio Ramos Oliver, de 32 años, en la Plaza del Quinto Centenario el domingo en la madrugada.  

De inmediato, surgieron las voces que llamaban a una fulminante “cancelación de las fiestas”. Otros hicieron un llamado a una organización más consciente de las multitudes, y hubo quienes hicieron un llamado contundente al civismo. Por su parte, el secretario designado de Estado, David Bernier, descartó tajantemente la opción de cancelarlas.  “Estos son espacios necesarios para el pueblo de Puerto Rico y su eliminación es algo que no se debe contemplar. Siempre hay que ir mejorando los procesos, siempre hay que ir aprendiendo y que cada año se incorporen elementos adicionales que garanticen el pleno disfrute”, expresó.

Crece la calle 

Mientras, el legislador popular Ángel Matos presentó una propuesta concreta a la alcaldesa Carmen Yulín Cruz en la que recomendó que el evento anual se extienda al Distrito de Convenciones y a otros espacios fuera del casco antiguo de la capital, como el parque Luis Muñoz Rivera, el área de El Escambrón, Bahía Urbana, el Capitolio y el Paseo de la Princesa, entre otros en ruta al Viejo San Juan. A eso se suma que esta noche la Asociación de Residentes del Viejo San Juan se reunirá en pleno para discutir alternativas de cara al próximo año. 

“Si las mueven del Viejo San Juan, ya no serían las Fiestas de la Calle San  Sebastián, serían otra cosa”, expresó Nancy Marrero, residente de toda la vida en el Viejo San Juan, quien calificó esta edición de las fiestas como “apoteósica, hubo mucho entusiasmo. En los 43 años que he visto el corte de cinta no había visto tanta gente. Hay un ambiente de celebración en San Juan; si algo se salió de las manos es que no esperaban tanta gente”.  

 Por su parte, el residente Ramón “Monchy” Almodóvar estableció que el saldo del evento podría describirse como:  “por el día un éxito; por la noche, un fracaso”. “Lo que pasa por el día no tiene nada que ver. Este año, por el día, estuvieron mejor que nunca; la oferta cultural acaparaba todas las plazas, hubo mejor organización, en lugar de la Fuerza de Choque eran payasos los que desalojaban”, añadió toda vez que narró que ya entrada la noche y la madrugada afloraban los problemas. “Frente a mi casa hubo peleas todos los días; en la primera fueron dos mujeres. De noche es más salvaje”, dijo y recomendó que se aumente el número de letrinas y zafacones porque definitivamente no dan abasto.   

 “Yo me pregunto, ¿quién controla qué?, ¿el municipio?, ¿la Policía?, ¿el Comité Organizador?”, cuestionó la residente Vanessa Droz, para quien los extremos a los que se llegaron este año reclaman mayores controles. “Es un evento cultural tan importante que se ha ampliado tanto y se ha vuelto tan complejo que hay que poner ciertos controles. A las licoreras hay que controlarlas: no puede ser baile, botella y baraja”, denunció Droz, quien dio fe de que personas defecaron en los zaguanes, orinaron en cuanta esquina estuvo disponible, y hubo en general “una falta de civismo”. Asimismo, consideró que el gran talón de Aquiles de esta edición fue que “se piensa en cómo llevar a la gente y no necesariamente en cómo sacarla”, y enfatizó en que “no se trata de que no queremos las fiestas, los residentes las respetamos, pero hay mucho que mejorar”. 

Un espejo del país

“Las Fiestas de la Calle San Sebastián son un reflejo de los problemas del país. Hubo problemas en el transporte pero en Puerto Rico, ¿hay un sistema de transporte público efectivo? Hubo violencia, como la hay en todo el país: es un espejo”, opinó el actor Julio Ramos, quien bajo su compañía teatral, Arte Boricua, laboró durante los cuatro días de las fiestas con una veintena de clowns que trabajaron como “Payasos barrenderos” y fueron un elemento clave en el desalojo de las personas una vez terminados los eventos artísticos. 

 “Hay que romper con ese antagonismo entre los policías y los jóvenes que llegan más tarde; esa relación conflictiva crea tensiones”, añadió Ramos, quien lamentó además el exceso de presencia de la publicidad en espacios destinados a manifestaciones culturales. “Como artista, me molesta sobre todo la obviedad. A todo el mundo le gusta el carnaval de Río de Janeiro y claro que hay auspiciadores, pero tú no los ves en el desfile”, ejemplificó acerca de la confusión en términos del enfoque porque, a decir verdad, es más fácil ver una comparsa de botellas de ron danzantes que un pintor en la calle. 

  De otra parte, el artista Pedro Adorno, de la compañía Agua, Sol y Sereno y quien fuera el creador de muchos de los cabezudos que desfilaron por la calle, argumentó que este año observó un interés grande  por parte del público en las obras de teatro y diversas manifestaciones artísticas. “Se cambió esa noción del evento tipo fiesta patronal, donde todo es tarima, para estar más cerca de la gente”, dijo Adorno, para quien es indispensable pensar en cómo abordar al público de jóvenes que llegan sobre las diez de la noche y se quedan hasta la madrudada. “Hay que añadirles contenido a esas visitas, otro tipo de oferta, diversificar los espacios para distribuir la energía, diversificar las tarimas y los eventos, controlar la transportación”, señaló. 

Eso sí, la mayoría coincidió en que hay que evitar la idea de demonizar los espacios sociales de encuentro con la misma fuerza con la que hay que desarrollar mecanismos eficientes de control. “No se les pueden cerrar las puertas a personas que tienen la necesidad de estar juntas, de celebrar. Eso es importante”, afirmó Adoro. 

El llamado tampoco es una ciencia, a mayor demanda, mayor oferta. El reto es cómo habrá de articularse. Hay un año para ello.

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