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Un solo Puerto Rico

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25 de junio de 2013
Puerto Rico solidario
 

Arquitecta de sólidos pilares

Vilma Pérez Blanco sabe que apreciar el entorno mejora el sentido de comunidad

 
La arquitecta Vilma Pérez Blanco (a la izquierda, micrófono en mano) propone la preservación histórica como forma de ayudar a desarrollar lo que llama “el amor propio colectivo”; promover que la gente se sienta orgullosa de su entorno y proteja su comunidad. (CARLOS.GIUSTI@GFRMEDIA.COM)

Por Lilliam Irizarry / lilliam.irizarry@gfrmedia.com

Vilma Pérez Blanco no tenía idea de en qué se estaba metiendo cuando la Universidad de Harvard la aceptó en su programa graduado de Arquitectura en 1952. Se enteró el día que, acabada de llegar de Cuba, no pudo hacerse entender en la cafetería de la prestigiosa institución para que le sirvieran su bocado del día.

Esa experiencia la marcó a tal punto que, cuando ocho años después regresó como refugiada a Estados Unidos, organizó y dirigió un programa del entonces cardenal Richard Cushing para relocalizar cubanos en el área de Boston.

“Muchos de ellos, con poco conocimiento del idioma, como fue mi caso años antes cuando llegué a Harvard. Los ayudábamos a buscar vivienda, empleo, escuela para los niños. Conseguíamos donaciones de muebles, equipo de cocina, y lo que fuera necesario para habilitar el nuevo hogar”, señala la actual presidenta de la Fundación por la Arquitectura.

Para Pérez Blanco - quien en el mundo de la arquitectura es conocida como Vilma Blanco porque en Harvard tomaron el Pérez como su segundo nombre y ella no pudo arreglar el entuerto por no saber cómo explicarlo en inglés - esa primera cruzada solidaria le mostró un camino del que no ha podido ni ha querido apartarse: el trabajo voluntario, que ahora también conjuga con su pasión por la arquitectura.

Como arquitecta paisajista, Pérez Blanco ha donado de su tiempo, conocimientos y esfuerzos en variadas iniciativas, como el equipo de profesionales que preparó un plan para reforestar El Morro tras el paso del huracán Hugo. El plan, que recibió el endoso de la American Society of Landscape Architects, nunca fue acogido por las autoridades a cargo de esa instalación histórica. “Se hizo el esfuerzo para que El Morro no fuera el escampado que es ahora, pero no lo entendieron”.

Y cuando se enteró de que estaban cortando árboles en los jardines de Casa Blanca en el Viejo San Juan, sintió que tenía que hacer algo como arquitecta paisajista y vecina del Viejo San Juan. Rápido llegó hasta La Fortaleza y se ofreció para preparar un diseño para el cual luego no apareció el dinero para implementar. “Pero la naturaleza es sabia y aquello que se tumbó empezó a retoñar y ahí están de nuevo los jardines llenos de vegetación”.

Entre las iniciativas solidarias de más impacto en que ha participado, resalta el desaparecido parque de aventuras Punto Verde en San Juan, una especie de cooperativa donde asegura haber aprendido cómo las personas pueden transformar su autoestima con el simple hecho de tener la oportunidad de trabajar con conciencia colectiva. “Hubo gente que logró romper el cerco de la pobreza espiritual. Se lograron cosas maravillosas. Fue un esfuerzo de grupo por ser mejores personas”.

Desde el 1993, Pérez Blanco dedica buena parte de su energía a la Fundación por la Arquitectura, organización sin fines de lucro que promueve que las disciplinas de la arquitectura paisajista sean reconocidas como profesiones que contribuyen al bienestar y la calidad de vida de la comunidad puertorriqueña y educa sobre la importancia de la preservación histórica.

Como asegura que le gustan “las causas difíciles”, desde que asumió la presidencia de la Fundación hace un año se ha propuesto hacerla sustentable, ya que el Colegio de Arquitectos y Arquitectos Paisajistas, que era su único sustento, está sufriendo las consecuencias de la crisis en la construcción.

Para alcanzar esa meta, desarrollan programas culturales y educacionales de impacto a la comunidad, entre los que se destacan el de “Recorridos Arquitectónicos” y el campamento de verano para niños “Archi-Camp”. Ambos buscan educar sobre la importancia de apreciar, mejorar y conservar nuestro entorno para el disfrute de toda la comunidad.

Para Pérez Blanco, el aprecio de la arquitectura y la preservación histórica puede ayudar a desarrollar lo que llama “el amor propio colectivo” que tanto necesita la sociedad puertorriqueña, al promover que la gente se sienta orgullosa de su entorno y proteja su comunidad.

“Creo que para ser buena persona, para de verdad hacer algo por los demás, primero tienes que quererte a ti mismo, y eso empieza cuando entiendes el valor que tienes como persona y el valor que tiene lo que te rodea”, expresa. Cuando un pueblo tiene una autoestima colectiva alta, no está pendiente a coger, coger, coger, sino a dar, dar, dar”.

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