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30 de julio de 2012
 

Arquitectos diseñan para mares crecidos

Las casas flotantes dan de qué hablar en las grandes ciudades

 
 (thinkstock)

Por DENIS D. GRAY / Prensa Asociada

Bangkok - Una mezquita y un campo de golf flotan sobre el agua en las sumergidas islas Maldivas. Casas anfibias en Holanda son alzadas para salvarlas de las aguas crecidas.

Un hospital en Tailandia es soportado por 400 pilotes para protegerlo de las devastadoras inundaciones y del mar invasor.

En todo el mundo, arquitectos y urbanistas exploran la manera en que la humanidad y el agua puedan coexistir cuando el crecimiento en el nivel de los océanos y otros fenómenos inducidos por el cambio climático, como inundaciones graves y errátiles, amenazan la vida arraigada en la tierra.

En un ámbito encabezado por los holandeses, los proyectos de la arquitectura acuática ya están materializándose, incluyendo un complejo habitacional marítimo, una prisión flotante e invernaderos en Holanda.

Más proyectos vienen en camino y aunque los esbozos iniciales parecían cosa de ciencia ficción, los promotores dicen que se necesita tener imaginación ante la magnitud del peligro.

“Tendremos que vivir con un ambiente más acuoso. No hay opción”, advierte Danai Thaitakoo, un arquitecto paisajista de Tailandia cuya casa en Bangkok fue anegada el año pasado cuando el país sufrió su peor inundación de los tiempos modernos.

En las grandes ciudades

La capital tailandesa figura también entre las megaciudades costeras que para finales de siglo podrían estar total o parcialmente bajo las aguas una vez que el calentamiento global eleve el nivel del mar, de acuerdo con el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. Entre otras están Tokio, Londres, Yakarta, Sydney y Shanghai, en medio de una visión apocalíptica de mi graciones masivas y crisis económicas.

Aunque en décadas anteriores, los arquitectos y urbanistas, sobre todo japoneses y estadounidenses, soñaban con ciudades marinas enteras con millones de habitantes, la mayoría de los nuevos proyectos prevén una combinación de la protección de comunidades con barreras y la construcción sobre el agua mediante plataformas flotantes, estructuras levantadas o anfibias y soluciones todavía por concebirse.

“El cambio climático exigirá un cambio radical en la práctica del diseño, de una visión terrenal de un urbanismo paisajista a una más dinámica perspectiva líquida de urbanismo acuático’, considera Danai, quien participa en varios proyectos orientados en ese principio.

“En lugar de encarnar la permanencia, la solidez y la longevidad, la percepción debe hacer hincapié en el cambio, en la adaptación”.

En un estudio para las zonas bajas de Nueva York, Olthuis dice que se ha imaginado a Manhattan rodeada por un muro de mar en la que los distritos periféricos dejarían entrar el agua. Los Londres y las Bangkoks, dice, podrían convertirse en “hidrociudades”, en las que sus centros históricos sean herméticos y otras áreas “convivan con la corriente”.

Holanda, que tiene una tercera parte de su territorio bajo el nivel del mar, ha estado controlando el agua desde la Edad Media y de esta manera ha surgido como una precursora en este campo.

Ha exportado su experiencia a Indonesia, China, Tailandia, Dubai y la Republica de las Maldivas, un archipiélago en el Océano Indico que con una elevación máxima de dos metros (ocho pies) resulta el país más bajo del mundo.

La ciudad estadounidense de Nueva Orleáns, que batalla con el mar, también ha buscado la asesoría del Waterstudio de Olthuis.

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