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Estilos de vida

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7 de agosto de 2010
Hogar y familia
 

Arquitectura innovadora

Desde México y Perú, Irvine Torres se destaca por sus diseños arriesgados. Mira la fotogalería

Por Eileen Rivera Esquilín / erivera1@elnuevodia.com

Cuando estudiaba arquitectura en la Isla -junto con la primera generación de la Universidad Politécnica- a Irvine Torres le seducía el tema latinoamericano. Para él, era como revertir la mirada tradicional hacia la obra de Estados Unidos o Europa, y concentrarse en otro contexto.

Así, el arquitecto lleva radicado con éxito en México hace poco más de tres años y se ha dado a conocer por proyectos muy particulares. Recientemente formó parte de uno en Perú que recibió medalla de plata en la Bienal de Arquitectura Mexicana.

“Si le preguntamos a un joven arquitecto cuál es su sueño, seguramente la respuesta será que su nombre propio sea el emblema de una famosa firma de arquitectos a cargo de proyectos importantes, de presupuestos multimillonarios y que trascenderán en el tiempo. Durante mi formación me surgieron muchas oportunidades académicas enfocadas en una valoración particular a Latinoamérica. Y ese contexto es más afín en muchos aspectos a Puerto Rico”, explica Torres, quien al momento labora con la firma JSa (Javier Sánchez arquitectura) en Ciudad de México.

En entrevista desde Perú, asegura que la Isla funciona “dentro de parámetros primermundistas, pero la ciudad es evidencia de los descalabros administrativos de no tener visión sobre cómo pensar el espacio urbano”. En esa misma línea, ha sido testigo de cómo en Latinoamérica, en muchos casos, con menos hacen más. “Si ellos tuviesen nuestro presupuesto, serían mucho más, nosotros nos parecemos en la polaridad y en la improvisación”.

¿Por qué decides radicarte en México?

México, en particular el DF, es la antítesis a Puerto Rico, densidad, contrastes urbanos, un paisaje metropolitano diverso, que generan un contexto complejo, pero retador. Estas características impulsan en muchas ocasiones propuestas mucho más arriesgadas, algo que en la Isla es impensable. Estamos acostumbrados a la conformidad y en algunos casos a la mediocridad. Me seduce lo que sucede en el ambiente creativo mexicano en muchas aspectos. Así, las propuestas resultan en una exploración arquitectónica mucho más innovadora.

Unirme al equipo del arquitecto Javier Sánchez como jefe de proyectos ha reforzado mi visión emprendedora y proactiva de la práctica de la arquitectura. En JSa se revierte el esquema tradicional de una oficina de arquitectura en un despacho de jóvenes creyendo en jóvenes, un equipo compuesto por 60 personas entre arquitectos, diseñadores, ingenieros, diseñadores de interiores y contratistas.

Cuenta un poco de esos primeros proyectos realizados en suelo azteca.

En México he trabajado escalas muy variadas. Los primeros proyectos respondieron a desarrollos inmobiliarios, que son un fuerte del despacho. Luego colaboré en proyectos de escala urbana significativos como la rehabilitación urbana del eje central Lázaro Cárdenas para convertirlo en corredor.

¿Porqué estás ahora en Perú?

Luego del concurso, se comenzaron a generar invitaciones para proyectos particulares. Este país se encuentra sumergido en un ‘boom’ de construcción muy importante. Nos seducen las oportunidades que presenta crear arquitectura en diferentes contextos, luego de participar en proyectos y concursos en diferentes partes del mundo.

¿Cómo defines el 22, proyecto ganador de la Bienal y que mostramos en estas páginas?

Ganó en la categoría de vivienda multifamiliar y es un proyecto a 50 kilómetros del centro de Lima. Consta de cuatro departamentos de playa de carácter familiar y un espacio común. Un reto significativo del proyecto era el tiempo, el diseño arquitectónico y construcción total de la obra se debía completar en 10 meses y se logró. El terreno intervenido es de forma rectangular con una pendiente significativa y vistas espectaculares al paisaje marítimo. El área común incluye piscina, sala de estar, patio, cocina y servicios.

Ahora que tienes ambas experiencias, ¿cómo defines la arquitectura que se está haciendo en México y en Perú?

Son dos contextos muy diferentes. Lima me recuerda mucho a Puerto Rico, donde el volumen o el cuerpo principal arquitectónico se articula de manera pesada, apostándole más a la masividad del cuerpo y esto provoca que la experiencia interior de habitabilidad esté desvinculada con el exterior. Tanto Lima como la Isla, tienen el vínculo con el mar y sus paisajes particulares lo que uno pensaría que favorece a una relación con el exterior. En México ocurre lo contrario, la arquitectura contemporánea apuesta a mayor transparencia, es una transición del interior al exterior.

¿Prefieres trabajar un estilo específico o te llaman más la atención los retos?

Un proyecto de arquitectura se convierte en un problema a resolver. Ese es el reto, y por lo tanto no creo que la arquitectura se trata de estilos específicos. Cada uno es particular y por lo tanto, cada propuesta es para el equipo de trabajo el resultado del entendimiento único del proyecto. El tema de los estilos ha perjudicado la vocación de la arquitectura en Puerto Rico. Los 80 y 90 fue un periodo que provocó gran cantidad de oscurantismo creativo. Un recorrido por el Área Metropolitana es suficiente para ver algunos ejemplos.

¿Hay planes de regresar a Puerto Rico?

Allá colaboré en el despacho del arquitecto Andrés Mignucci y en proyectos como Ventana al Mar y la Escuela de Bellas Artes de Mayagüez. Me interesa mucho regresar, creo que hay mucho camino por recorrer en la arquitectura y mucha de la experiencia aprendida en México es aplicable a nuestro contexto. Actualmente, me veo en un ciclo en México, estoy expuesto a una escala de proyectos mayor, en ambiente profesional y con buenos resultados que me provocan muchas satisfacciones.

¿Qué otros proyectos hay en agenda?

En Perú comenzaremos una casa unifamiliar de playa y el proyecto de un taller-galería con tres departamentos en el contexto histórico. Paralelo a esto, trabajo un proyecto de usos mixtos en Monterrey con más de 90 mil metros cuadrados de hotel, apartamentos, comercio, oficinas y servicios.

¿Cómo será la casa del futuro?

La respuesta más sensata va dirigida no tanto al resultado de la forma o la casa como un problema de habitabilidad, sino al modo en que moldeamos la convivencia en sociedades cada vez más complejas. La casa no parece ser el mejor modelo para lograrlo. La casa fue el modelo del siglo pasado, ahora nos toca inventarnos nuevos espacios capaces de negociar entre lo individual y lo colectivo.

Más del proyecto el 22

El concepto de este proyecto en Perú -que mostramos en estas páginas- parte de presentar los departamentos como volúmenes independientes y sobrepuestos, generando una diversidad compositiva entre espacios interiores y exteriores.

Cada uno de los espacios habitables procura reforzar la acción de mirar el paisaje, resultando en un proyecto diverso en relación a las vistas privilegiadas, pero a la vez con un perfil volumétrico articulado y de presencia sutil al malecón.

Se logran cuatro departamentos y un gran patio central revestido de una superficie tipo celosía operable de madera que registra el carácter cambiante de la habitabilidad en los espacios.

El espacio común brinda preferencia a la vista más atractiva de la bahía. Se trata de espacios muy abiertos y libres de elementos, creando grandes claros que se refuerzan con cerramientos colgantes operables de vidrio. Es un proyecto con un programa arquitectónico resuelto de manera estratégica logrando el aprovechamiento total de los espacios y las relaciones de estos con el paisaje.

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