Intercalar obras en la decoración de interiores no siempre significa usar muebles clásicos
Por Inmaculada Tapia / EFE REPORTAJES
Tener un cuadro de un autor importante domina cualquier decoración. Puedes tener en tus paredes un Picasso, un Monet o un Barceló pero, si no están bien ubicados o no tienen el marco adecuado, pueden pasar perfectamente desapercibidos.
Pero la realidad es que tener un cuadro en casa que podría ser digno de colgar en la pared de un museo no es lo usual.
Fotografías familiares, e incluso lienzos de los niños cuando eran pequeñitos, sí son comúnes, pero no siempre están en los mejores lugares y, sobre todo, con una adecuada enmarcación.
En ocasiones la pasión y la emoción nos puede hacer caer en el exceso de colgar cosas por todas partes.
El estudio de interiorismo de las españolas Beatriz Yagüe e Isabel García ha desarrollado una propuesta en Casa Decor, una de las mayores exposiciones de interiorismo, arquitectura, diseño y arte de Europa, que tiene que ver con la incorporación del arte de una manera natural a la decoración.
Para ello huyen de un ambiente recargado, apuestan por colores potentes, pero no sobrios, y combinan con metales. Una apuesta arriesgada en la que incorporan el valor principal: un cuadro del fenecido pintor español Antonio Saura.
JUEGO DE LUCES
Según Beatriz Yagüe, han intentado presentar una “perfecta fusión entre tradición y modernidad, adaptando las paredes y techos existentes con un juego de luces y sombras”.
La gran cúpula suspendida acentúa la teatralidad del espacio donde “conviven lienzos tan importantes como un Saura, o esculturas de José Ramón Lidó Rico”, dice.
El reto consistía en adaptar en un espacio mínimo de 15 pies un cuadro importante, muy significativo por sus trazos, sus dimensiones y su color “de manera que quedara como principal protagonista”, comenta Yagüe.
La interiorista explica que era una pieza que tenía que convivir con otra y, “al mismo tiempo no deslucirla”, de manera que se pudiera conseguir un buen ambiente.
La propuesta armoniza el espacio con todo lo que lo compone, de manera que el piso, por ejemplo, al que se han incorporado incrustaciones metálicas, “consigue el contacto con unas cortinas también metálicas”. Esto permite que los pequeños detalles estén en sintonía.
Las esculturas de la pared son de Lidó Rico y están hechas en resina. Beatriz Yagüe apunta que, aunque Rico las presenta en línea, “el estudio ha decidido ponerlas en nichos redondos con la intención de dar más movilidad al espacio y jugar con los volúmenes de han dado en las paredes”.
Una fuente vertical cierra la composición con la intención de ofrecer, gracias a su sonido, un momento de relajación “ante dos obras que son muy potentes”.
REFLEJOs
Una fuente que cae sobre un espejo permite, además, crear una sensación de aumento y logra reflejar las obras que tiene a su lado.
El negro de los sofás y complementos no tiene que ver con el color dominante de la obra de Antonio Saura, si no en un gusto específico por esta tonalidad que, en el espacio siguiente, cambia radicalmente gracias a complementos de un rojo vivo en cojines y mesas auxiliares.
“De esta manera el espacio es alegre, pese al negro”, matiza Beatriz Yagüe.
De la misma manera que la cortina metálica viene a demostrar que, con pequeños detalles se puede romper la uniformidad y la seriedad de un ambiente, la estantería blanca situada en la pared contribuye a “desestructurar un espacio muy estructurado”, comenta la decoradora, quien añade que “sirve fundamentalmente para clasificar revistas”.