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1 de abril de 2011
Mi bienestar
 

Artritis reumatoidea

NUEVAS TERAPIAS Y MEDICAMENTOS PUEDEN DISMINUIR O DETENER SUS DOLOROSOS EFECTOS

 
 (Thinkstock)

Por Ileana Delgado Castro / idelgado@elnuevodia.com

Le diagnosticaron artritis reumatoidea a una edad en la que ella pensaba que eso solo le “daba a los abuelos” y a personas muy mayores. Pero de golpe y porrazo, a los 15 años, Lourdes se enteró de que esa enfermedad era la causante de los severos dolores en las articulaciones que la afectaban desde hacía varias semanas.

Hoy, la abogada de 48 años, admite que esos años juveniles fueron los más infelices de su vida. No solo por el dolor que sufría, sino también por todos los cambios y ajustes que tuvo que hacer en su vida y que no le permitieron vivir a plenitud.

Se trata, de hecho, de una enfermedad inflamatoria autoinmune -en la que el cuerpo se confunde y ataca a sus propios órganos-, que va destruyendo los revestimientos de las articulaciones y causa mucho dolor e incapacidad, explica la reumatóloga Yvonne Font, quien destaca que tiende a involucrar manos, muñecas, codos, hombros, cuello, rodillas, pies o tobillos.

“Todavía no se sabe la causa. Pero estamos claros que tiene que haber una base genética. Además, hay algo en el ambiente que lo tiene que activar”, indica Font. Precisamente, mientras señala que recientemente se han podido identificar ciertos factores ambientales, como fumar, algunos virus, bacterias e incluso hormonas.

Tampoco hay una cura. Sin embargo, los adelantos médicos en los últimos años han traído unos cambios en cuanto a tratamiento se refiere para aliviar esta dolorosa afección. Otro aspecto importante que ha cambiado, recalca Font, es el énfasis que se hace ahora en el diagnóstico temprano.

“De todas las artritis inflamatorias que existen, el cambio más grande que se ha dado en la última década ha sido para mejorar el tratamiento de la artritis reumatoidea”, explica Font, tras destacar que hoy día éste no es ni la sombra de lo que era hace unos años.

“Antes era una sentencia absoluta de que el paciente iba a padecer de una artritis deformante, erosiva y que, posiblemente, terminaba en una silla de rueda o encamado y con una expectativa de vida de 15 años menos”, agrega la reumatóloga.

Precisamente, eso fue lo que le dijeron a los padres de Lourdes al momento del diagnóstico. “Dijeron que, posiblemente, a los 20 años, iba a estar en una silla de ruedas”, rememora, mientras recuerda que el dolor y la incapacidad llegó a un punto en que casi no podía cargar o agarrar algo por el dolor en las muñecas.

Callar la enfermedad

Afortunadamente, ese panorama ha cambiado en los últimos diez años y hoy los pacientes tienen muchas más alternativas que les ayudan a mejorar su calidad de vida. Tan es así que se puede llevar al paciente a lo que los médicos llaman remisión de la enfermedad. Quiere decir que se puede lograr “callar” la dolencia y aunque no se cure, el paciente puede vivir como si no la tuviera.

“Los reumatólogos han revisado los criterios con miras a diagnosticar más temprano y comenzar el tratamiento de forma más agresiva con terapias combinadas”, explica Font. Por ejemplo, si tienes más de una articulación de las manos o los pies entumecida por más de una hora, debes visitar a un reumatólogo para que te evalúe, recomienda la especialista. Otros síntomas incluyen: articulación hinchada, roja o caliente, movimiento limitado y se afectan ambos lados del cuerpo.

“Usualmente, tomo en cuenta si el paciente lleva más de seis semanas con el dolor y entumecimiento, eso denota cronicidad. Además, si involucra cinco o más articulaciones, ahí levanto bandera”, agrega Font. Eso, de hecho, amerita un buen examen físico, laboratorios de sangre para detectar marcadores de inflamación y las pruebas de factor de artritis reumatoidea, así como radiografías.

“Siempre hay que descartar otros tipos de artritis y enfermedades, como lupus, artritis psoriásica, infecciones virales, osteoartritis, gota y hasta fibromialgia”, advierte Font. Agrega que la artritis reumatoidea es una enfermedad que puede ocurrir a cualquier edad, aunque esta se ve más entre los 30 y los 40 años. También es tres veces más común en la mujer.

No obstante, lo más importante es que si se diagnostica temprano y se trata “con los medicamentos adecuados”, se puede alterar el curso de la enfermedad y detener la erosión de las articulaciones. Entre los medicamentos nuevos, se destacan los medicamentos biológicos y los fármacos antirreumáticos modificadores de la enfermedad (DMARD en inglés).

“Hay estudios que han demostrado que la terapia combinada, por ejemplo con un medicamento biológico y Metotrexato (fármaco sintético DMRAD) no solo ayuda a que la persona se sienta mejor, sino que puede disminuir el daño de las articulaciones. Pero la terapia se tiene que individualizar y supervisar de cerca”, recomienda Font, tras enfatizar en que la artritis reumatoidea es hoy una enfermedad que gracias a los nuevos tratamiento permite llevar a cabo una vida relativamente normal.

Otras ayudas

Según información publicada por los CDC (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades), las investigaciones han demostrado que la actividad física disminuye el dolor articular, mejora la función y la actitud de las personas afectadas con dolor crónico.

Dejar de fumar y llevar una alimentación balanceada también es muy importante, por lo que se recomienda buscar orientación con una nutricionista licenciada.

También se debe tener en cuenta que una persona con dolor crónico puede sentir mucho estrés y ansiedad, así como depresión. Por eso es importante incluir también el tratamiento psicológico.

De hecho, todos los pacientes con afecciones crónicas siempre se van a afectar emocionalmente porque “todo lo que afecta el cuerpo, afecta la mente”, señala el psicólogo clínico Luis Caraballo, especialista en medicina psicosomática y profesor de psiquiatría del Recinto de Ciencias Médicas.

“La artritis es una condición limitante que cambia el estilo de vida y el paciente tiene que hacer ajustes en muchas áreas, incluso hasta en la intimidad sexual. Y esos cambios vienen acompañados de una serie de sintomatología que incluye frustración, coraje y desesperanza, entre otros”, afirma Caraballo.

El psicólogo destaca, además, que a nivel social, la persona con dolor se aleja de lo que antes hacía y desarrolla conductas que pueden ir en contra del tratamiento. A lo que se suma que para los pacientes con altos niveles de ansiedad, la percepción del dolor aumenta.

“Por eso es muy importante que todo paciente que esté sufriendo de dolor crónico, obtenga tratamiento psicológico especializado”, recomienda Caraballo. Si no lo hace, agrega, se expone a que esa parte subjetiva del dolor se mantenga y se exagere.

“Se debe recordar que si hay ansiedad, los músculos se ponen más tensos y eso hace que el dolor aumente. Pero se ha demostrado que pacientes que entran en tratamiento psicológico pueden bajar la percepción de dolor y mejorar la calidad de vida”, agrega Caraballo.

Además, se debe tener en cuenta, advierte el psicólogo, que el paciente con dolor puede tener coraje y su relación con familiares puede ser tensa. Sin contar que su vida íntima también se afecta. “Pero con el tratamiento psicológico se puede trabajar con el aspecto familiar y ayudar a desarrollar nuevas destrezas de manejo de dolor”, agrega Caraballo, quien destaca que también es muy importante que cada paciente decida vivir cada día tan plenamente como le sea posible.

Según el psicólogo, existen muchas estrategias y técnicas específicas que pueden ayudar. Entre ellas, menciona la terapia cognitiva, un modelo que se enfoca en los procesos mentales que tiene la persona sobre diferentes aspectos de su vida. Con ese método se ayuda a evitar que, por ejemplo, el paciente piense que se le acabó la vida y que no va a ser feliz debido a la enfermedad.

También se puede utilizar la terapia de “Biofeedback” que, a través de dispositivos electrónicos que miden las funciones vitales del organismo, se enseña al paciente a controlar su organismo a través de la meditación, relajación o la visualización.

De la misma forma, los pacientes con artritis reumatoidea se puede beneficiar de la práctica de yoga y de Tai-Chi, un arte marcial muy popular en China que se caracteriza por las secuencias de movimientos corporales lentos, dirigido al desarrollo de la integración del cuerpo, mente y equilibrio personal.

Algunos síntomas

La enfermedad generalmente comienza de manera gradual con:

• Fatiga

• Inapetencia

• Rigidez matutina (que dura por más de una hora)

• Dolores musculares generalizados

• Debilidad

• Dolor articular. Cuando la articulación no está en uso por algún tiempo, se puede tornar caliente, sensible y rígida. Cuando el revestimiento de la articulación se inflama, produce más líquido y la articulación se hincha. El dolor articular a menudo se siente en ambos lados del cuerpo y puede afectar las muñecas, las rodillas, los codos, los hombros, las caderas, los dedos de manos y pies, los tobillos y el cuello.

Otros síntomas adicionales incluyen:

• Deformidades de manos y pies

• Rango de movimiento limitado

• Fiebre baja

• Inflamación del pulmón (pleuresía)

• Entumecimiento u hormigueo

• Enrojecimiento o inflamación de la piel

• Inflamación de los ganglios linfáticos

Fuente: MedlinePlus

Medicamentos biológico

Estos nuevos medicamentos reducen la inflamación articular y el daño a la estructura de la articulación, bloqueando una sustancia llamada Factor de Necrosis Tumoral (TNF en inglés), una proteína involucrada en la respuesta del sistema inmune.

El primer remedio biológico en ser aprobado por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) para tratar a pacientes con artritis reumatoidea fue Enbrel, que reduce el dolor y la hinchazón y mejora el desplazamiento de la articulación. También ayuda a frenar el daño de la estructura de las articulaciones.

Otras dos drogas biológicas bloqueadoras del TNF son Infliximab (Remicade) y Adalimummab (Humira). Las tres, según Font, han probado mejorar el funcionamiento físico de los pacientes con artritis reumatoidea.

Fuente: Dra. Yvonne Font (787-767-6340)

Reduce el impacto

• Es importante que mantengas un peso saludable. El sobrepeso impone mayor tensión a las articulaciones, especialmente las rodillas, caderas, espalda y pies.

• Lleva una dieta sana y balanceada que incluya frutas, vegetales y cereales integrales. Reduce el consumo de grasa, colesterol y sal.

• Limita las bebidas alcohólicas si está tomando aspirina y evítala por completo si tomas medicamentos para controlar la enfermedad.

• No ignores el dolor. Los estudios demuestran que el daño a las articulaciones ocurre en etapas tempranas en algunas formas de artritis.

• Debes mantenerte activo. El ejercicio apropiado fortalece los músculos que rodean las articulaciones y eso las protege. Consulta con tu médico sobre cuál es el ejercicio que más te conviene.

• Planifica tu día para que puedas alternar las tareas y evita usar las mismas articulaciones repetidamente. Si tu trabajo consiste en estar sentado todo el día, toma descansos frecuentes para levantarte y estirar articulaciones rígidas y músculos adoloridos.

• Relájate y evita el estrés. La tensión tiende a aumentar el dolor articular y la fatiga. Utiliza masajes y técnicas de relajación que te ayuden a aliviar la tensión muscular y el dolor.

• Evita el cigarrillo.

Fuente: Dr. Luis Caraballo (787-766-0940); Dra. Yvonne Font (787-767-6340)

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