El obispo ponceño fue también un dedicado educador. Vídeo
Por Ricardo Cortés Chico / rcortes@elnuevodia.com
Ponce - Cada obispo iba, uno a uno, alrededor del féretro echando agua bendita. Eran los momentos finales de la última ceremonia en honor al fenecido obispo emérito de Ponce, Juan Fremiot Torres Oliver.
Luego de que el actual obispo de Ponce, Félix Lázaro, hiciera varias oraciones, un grupo de religiosos tomó el ataúd y poco a poco lo cargaron hasta uno de los nichos al costado de la catedral Nuestra Señora de la Guadalupe. Eran los mismos que Torres Oliver ordenó construir. Sus restos serían los primeros en descansar allí.
Entonces se escuchó un largo aplauso mientras el coro de la iglesia cantaba un himno religioso. Era una forma sencilla de despedir la larga trayectoria y las aportaciones de Torres Oliver a la Diócesis de Ponce y a los feligreses en general.
Poco antes Lázaro había resaltado las aportaciones de Torres Oliver. Algunas de las más importantes fueron en el campo de la educación, como fundador de la Escuela de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (PUCPR), y en la creación de la Escuela de Medicina de Ponce.
El rango de pontificia de la PUCPR también se le debe a él, explicó Lázaro. Y eso que al inicio de sus labores como obispo de la Diócesis enfrentó “tiempos tormentosos”, en los que presuntamente se pretendía que la universidad echara a un lado su carácter religioso.
“De apariencia frágil, mostró poseer un espíritu férreo en los momentos que arreciaba la tormenta, como en los años 1970 cuando se intentó convertir la universidad católica en una laica”, dijo Lázaro.
Torres Oliver fue descrito por los religiosos como un defensor de la renovación carismática católica.
Algunos familiares presentes en la ceremonia, entretanto, expresaron la admiración que siempre le tuvieron por su dedicación y amor al prójimo.
“Damos gracias a Dios por la vida de él. Fue un hombre que amó a Puerto Rico y a la Diócesis de Ponce”, dijo Rubén González, sobrino del obispo. Este, al dirigirse al público presente, dijo que aunque algunos veían a su tío como ultraconservador, con el tiempo se mostró que “tenía la razón”.
“Era un hombre de apariencia física frágil, tímido, de salud delicada pero de espíritu fuerte, meticuloso, incapaz de hacer mal a nadie. Era hombre de palabra aparentemente reservado, cerrado, pero de conversación amena y de corazón paternal”, recordó Lázaro.
Fueron en total 36 años los que estuvo Torres Oliver al frente de la Diócesis de Ponce.
El obispo, natural de San Germán, fue nombrado como sacerdote en abril de 1950 y como obispo en diciembre de 1964.
Entre el 1983 y el 1994 presidió la Conferencia Episcopal Puertorriqueña. Sirvió activamente como obispo hasta el 2000, al cumplir sus 75 años.
Murió el miércoles de complicaciones cardíacas que se asociaron a un tumor que tenía en el esófago, mal que en los últimos días de su vida le impedía comer.