El vehículo todoterreno ‘Curiosity’ -de la NASA- se aproxima al planeta rojo
Por ALICIA RIVERA / El País / España
Madrid - “Atención, Tierra, estamos llegando a Marte”. En un relato de ciencia ficción este sería el mensaje que llegaría de la sonda espacial MSL si fuera tripulada, pero no va nadie a bordo. Y no es una novela. El pasajero de la MSL es el vehículo todoterreno Curiosity que, si todo marcha bien, descenderá en el suelo del planeta rojo el próximo 6 de agosto.
Tras un viaje de 538 millones kilómetros desde que partió de la Tierra, en noviembre del año pasado, está ya muy cerca de su destino y se prepara para la operación más arriesgada de la misión: posarse en el terreno del cráter Gale del mundo vecino.
Si lo logra, si ningún percance altera los planes de la NASA, el Curiosity explorará el territorio circundante durante casi dos años. Su objetivo es intentar determinar si en el pasado pudo haber condiciones aptas para la vida allí.
Ni el Gale es un lugar especialmente idóneo para buscar actividad bacteriana actual ni el robot, pertrechado con una decena de instrumentos científicos, está específicamente diseñado para ello, pero la misión es un paso clave para llegar a determinar, en el futuro, si algo vivió en Marte.
Como en toda exploración, la sorpresa juega un papel protagonista y el Curiosity está a punto de iniciar su aventura en el planeta rojo. Una estación meteorológica del vehículo, hecha en España, es toda una novedad.
“Unas misiones anteriores han descubierto que Marte, en el pasado, tuvo entornos húmedos; el Curiosity nos permite dar el siguiente paso en la comprensión del potencial de Marte para la vida”, dijo Michael Meyer, científico del programa de Marte de la NASA.
La misión tiene un coste total de $2,500 millones y está previsto que el Curiosity funcione en el planeta vecino al menos 687 días terrestres, es decir, algo más de un año marciano, de 669 días.
Dado que los todoterreno anteriores en el planeta rojo (el Spirit y el Opportunity, que llegaron a Marte en enero de 2004) estaban planeados para durar tres meses y el segundo de ellos sigue funcionando, la vida útil del Curiosity puede ser mucho más larga de lo previsto.
El viaje interplanetario del Mars Science Laboratory (MSL), con el Curiosity dentro, se ha producido sin incidentes. Se han realizado las maniobras previstas (hoy mismo podría hacerse una más si fuera necesario para ajustar la trayectoria final) y ahora toca el difícil momento de la llegada.
“Este aterrizaje es la operación más dura que la NASA ha intentado en la historia de la exploración planetaria con robots”, comentaba hace poco John Grunsfeld, de la dirección de ciencias planetarias de la agencia estadounidense.
La del Curiosity no es una misión aislada de exploración. Forma parte de la flotilla de diferentes naves robóticas que la NASA empezó a enviar periódicamente al planeta en los años noventa.
El objetivo del programa a largo plazo (pospuesto una y otra vez con los vaivenes presupuestarios de la agencia) es traer a la Tierra en algún momento muestras recogidas en Marte para analizarlas aquí, en los mejores laboratorios, como se hizo hace más de 40 años con las rocas lunares.
Se trata de conocer Marte a fondo, no solo por sana curiosidad científica sobre otro planeta, sino también por lo que puede ese conocimiento aportar al estudio del pasado de la Tierra, por comparación.
Alternativas
En cuanto a la búsqueda de vida en ese otro mundo, que no es el único propósito científico, ni mucho menos, sería un descubrimiento colosal. Pero también descartar que en Marte hubo alguna vez algo vivo sería un hallazgo trascendente, ya que ayudaría a explicar qué pasó en la Tierra para que hace algunos miles de millones de años algo empezara a vivir. Seguramente habrá que esperar.
Lo que el Curiosity tiene que hacer es evaluar si la zona del cráter Gale, de 154 kilómetros de diámetro, formado por un impacto hace unos 3,000 millones de años y con el monte Sharp en medio, pudo ser en el pasado un potencial entorno habitable.
“Si la vida existió en Marte es una pregunta abierta que esta misión, por sí misma, no está diseñada para responder”, explica la NASA.
“El Curiosity no lleva experimentos para detectar procesos activos que significarían metabolismo biológico actualmente, ni tiene capacidad para captar imágenes de microorganismos o sus fósiles.
Sin embargo, si esta misión descubre que ese lugar, el cráter Gale, ha tenido condiciones favorables para la vida, ese hallazgo puede permitir afinar futuras misiones que traigan muestras a la Tierra o para misiones avanzadas que hagan allí los experimentos de detección de vida”, continúan los especialistas de la agencia.
En el cráter Gale se han detectado arcillas que se formarían en un entorno húmedo hace millones de años. Y el Curiosity, como otras misiones anteriores, seguirá la pista del agua.