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De Viaje

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28 de febrero de 2014
De Viaje
 

Aventura que corre en la sangre

Los hermanos Ángel, Javier y Anthony Hoyos se lanzan a recorrer un Puerto Rico desconocido en su nueva propuesta “Los Tres Brothers”.

 

Por Amaya García Velasco / Sal.pr

Ninguno proviene de la industria del turismo, pero siempre andan en una búsqueda constante, que incluye reconectarse con la naturaleza y con las historias de la gente en su propia tierra. Historias casi mágicas que, según ellos, demuestran que la bondad, la hospitalidad y la pasión por el descubrimiento están muy vivos en el país, si te aventuras a salir de la rutina. 

Lo cierto es que la historia de cómo los tres hermanos, Ángel, Javier y Anthony Hoyos terminaron siendo exploradores de un Puerto Rico poco conocido es bastante peculiar.

Como tres “personajes”, así se presentan los Tres Brothers, quienes se dedicaron a documentar sus aventuras e historias para un programa de turismo interno del mismo nombre, cuya primera temporada se transmitirá en On DirecTV a partir del 25 de febrero. 

Según cuenta Javier –el aventurero del grupo–, todo comenzó con un viaje que dio junto a su hermano Anthony al Bosque Seco de Guánica. Allí comenzaron a grabar, y poco a poco gestionaron lo que se convirtió en un reality show poco común, donde los tres no solo lograron descubrir tesoros escondidos como la impresionante Cueva del Sueño –que solo se puede acceder a través de la Sociedad Espeleológica de Puerto Rico–, sino también documentar la gente que se encontraron en el camino y enseñarle a los televidentes otra cara del país. 

Énfasis en la gente

“Cada lugar tiene algo especial por las personas que vas conociendo”, cuenta Anthony. “En todos los recorridos que hemos hecho, hemos conocido personas interesantes. Pero, el lugar que más me impactó sigue siendo la Cueva del Sueño. Es un espacio tan pequeño, pero desde que entras y sales sientes la energía de la naturaleza. Ves cosas tan increíbles como estalactitas, estalagmitas y columnas milenarias que hacen figuras”. Según Ángel, nadie conoce exactamente cómo se forman, pero son poco frecuentes a nivel mundial. De hecho, dice que hasta les pusieron nombres como El Quijote y la Torre de Pisa. 

El juego, dentro de todo, es encontrarse dentro de estos lugares. Los tres hermanos recalcan que, aunque querían visitar algunos destinos –como Tres Picachos, en Jayuya y las salinas de Cabo Rojo–, la mayor parte de las excursiones surgieron de manera orgánica y gracias a la gente que se encontraron en el camino. 

No hay libretos, no son lugares revisitados, y el descubrimiento siempre es genuino. “La idea es esa: tener experiencias al momento y en el lugar indicado”, dijo Ángel. “Es nosotros llegar a un lugar desconocido y transmitirle ese shock a la gente”. 

Muchas veces las aventuras tomaron una dimensión casi espiritual, como cuentan sucedió en el Árbol Milenario, en Guánica. “Cuando uno abraza a ese árbol, se siente una vibración y una energía tan positiva”, explica Javier. “Realmente, han pasado miles de años a través de ese árbol y es bien impresionante ver esas raíces”. 

Otras revelan leyendas impresionantes, como el árbol de las mil caras en Barceloneta, que según cuenta Ángel, fueron talladas por un señor que frecuentaba el colmado frente al árbol. “El dueño le dijo que se pusiera a trabajar y que hiciera algo con ese árbol. Básicamente, el hizo una instalación con las caras talladas”, menciona. 

“En esos recorridos uno aprende muchas cosas”, continúa Ángel. “Por ejemplo, que el cuerpo tiene que recargarse con la tierra, que es importante pisar tierra y estar cerca de los árboles”. Esta reconexión con la naturaleza es parte importante de la misión de los Tres Brothers, quienes, admiten la habían olvidado con el ajetreo de la ciudad. 

Conexión mágica

En esa búsqueda les sucedieron encuentros mágicos, como escalar los casi 4 mil pies hasta la punta del cerro Tres Picachos entre Ciales y Jayuya, con un guía inigualable. “Nosotros caminamos con Wakarakari Arawak (Fito), un indígena que peregrinó desde Estados Unidos hasta Centroamérica, integrante del Centro Ceremonial de Jayuya”, detalla Javier. “Cuando nos encontramos en el cemí, antes de subir, un caballero en chancletas se nos acercó para subir con nosotros.  No tenía tenis ni ropa adecuada para subir. Entonces un amigo se le acercó, se quitó los zapatos –que eran del tamaño perfecto– y se los dio para que subiera”. 

Así se fueron encontrando en el camino con actos espontáneos de bondad y solidaridad, como cuando los invitaban a comer en las casas de las familias, les daban hospedaje momentáneo y hasta vino casero. “Una de mis anécdotas favoritas”, narra Ángel, “fue sobre una persona que nos iba a hacer comida para el equipo de 15 personas. Él le fue a pedir fiao’ el adobo a la vecina a través de la verja porque ella tiene un colmado. Cuando estás viendo ese tipo de actos, es impresionante”. 

Durante el trayecto, también lograron enfrentar sus miedos en lugares como Toro Verde en Orocovis, además de ver la vista sinigual del Bosque de Piedra. Javier, quien le teme a las alturas, logró hacer hang gliding en Barceloneta y brincar casi ocho pies por encima de un abismo en la Cueva del Indio en Arecibo. Ángel, por su parte, logró vencer su miedo al agua. Son pequeñeces que significan un mundo. 

“Somos tres hermanos que salen a visitar lugares, se encuentran con gente bien especial, y con lugares bien especiales de su propia isla”, dice Ángel. “Hay un espíritu de inocencia, aventura, exploración… es algo que vuelve a uno. Después que uno siente eso, uno no quiere volver atrás”. 

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