Difícil pero no imposible. El equipo de baloncesto de Jardínes Gardens se embolló a última hora a participar en un torneo invitacional en Orlando, Florida.
Como el sí lo dieron tarde, los esfuerzos de recolectar dinero para llevar los doce muchachitos y un padre por cada uno, se duplicaron. Así terminaron Manolo, Milimari y Joel en la avenida frente a la urbanización pidiendo dinero en el semáforo.
-Bendito mijo, con ese aborrecimiento nadie te va a dar un chavo. Pensarán que con esa monguera vas a jugar malísimo y que no es buena idea invertir en ti. Mira a Joel que está pompiao, dijo Milimari a su hermano cuyo galón de leche convertido en alcancía estaba vacío.
El calor era mucho para Manolo pero lo peor era hablarle a los conductores desconocidos.
-Manolo quiere jugar en Orlando para ir a Disney y porque la cancha tiene aire acondicionado, repasó Joel.
El preseo era intenso así que Manolo varió de táctica.
-Abuela, deme un pesito pa’ ir a Orlando, pidió a una chofer.
-¿Que te pague el viaje a Disney?, preguntó medio sorda.
-No, que voy a jugar en Disney, mire el uniforme, intentaba Manolo ablandar su corazón.
Se fue en blanco.
-¿No me puede dar un chispito más?, le pidió a un hombre que distraído con su celular le tiró una peseta y dos botones.
Aún seguía en sequía.
-Mano ayúdame que estamos pelaos, le pidió al conductor de un carro lujoso con cristales oscuros. Se apiadó el chofer, bajó el cristal y le echó un billete de cincuenta que espabiló al adolescente del marasmo al que la derrota económica lo sometía.
-¡Libré la coca!, gritó Manolo cuando el semáforo cambió.
El conductor del carro que seguía al de la dadivosa ofrenda sacó el brazo por la ventana e intentó tumbarse el billete. Manolo optó por la defensa hombre a hombre y, cuando el billete voló al salir de la alcancía, brincó como nunca para agarrarlo.
Joel grabó en su iPod el momento. Prometió enseñarlo al dirigente.
-Quizá dejes de comer banco.

¡Móntateeeee! Grito de guerra, súplica o mandato mañanero; cualquiera de las tres aplica si de descr...


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