En estos días mientras compraba unos vestidos, escuché a una madre decirle a su hijita, que debía tener unos 5 años, que se sacara los dedos de la boca, pues las niñas no hacían eso. No habían pasado cinco minutos cuando le indicó que juntara sus piernitas al sentarse, porque las nenas no abrían las piernas. Dos minutos después la regañó porque pidió ir al baño. “Las nenas deben aprender a controlarse”. ¿Controlar qué? ¿Los deseos de ir al baño? Por favor, habráse visto semejante ridiculez.
Déjame no hablar mucho, porque hasta los otros días le estuve escuchando a mi madre la cantaleta de que las “niñas buenas no hacen tal o cual cosa”. Ya de grande, iniciaba sus oraciones con la cansona frase... “las jóvenes educadas...”. Y ay de mí si osaba respirar hondo o refunfuñar, acto seguido me soltaba su favorita... “saliste a tu padre, de mí no sacaste nada”. Pobrecito mi papá.
Molesta, como mosquito pitándome en el oído, ese empeño constante de validar actos y comportamientos según el género. Recuerdo cuando quería ir a jugar baloncesto con los amigos de mi hermano y mi madre me decía que “las niñas no sudan”. Suficiente para no aprender ni a jugar bolitas, pero no le importaba que me deshidratara los sábados cuando me echaba el día limpiando la casa, lavando ropa o en la cocina preparando bizcochos o pelando papas.
Y es que me crié en la época del “ellos pueden, pero tú no”. Un cuento que surge en cada encuentro familiar y que casi lleva a mi madre a la tumba, fue aquel nefasto día en que sin pudor alguno me levanté el vestido y me acomodé las braguitas. Del tiro me dejaron de comprar vestidos.
Puedo entender que hace unas décadas fueran tan conservadores, pero que se repita en esta época me cuesta entenderlo. Por ejemplo, es de lo más normal que un hombre se toque sus genitales, ya sea hablando, jugando, bebiendo, etc., pero ay de la mujer que ose hacer lo mismo. Honestamente, nunca he visto en una vía pública a una chica en esos asuntos.
Igual sucede con el alardeo sexual. Si un hombre hace alardes de sus andadas románticas es un “duro, “experimentado”, un casanova. Sin embargo, si es la chica la que comenta de sus últimas conquistas, pasa a ser una “avispada”, “malandra”, “liberal” sino “sinvergüenza”. Y ni hablar de las que posan sus ojos en hombres jóvenes. La mujer es “cougar”, “depredadora”, y el hombre cuando conquista a una joven es un “seductor”, “semental”... un ejemplo a seguir.
Si el chico está solo en una barra, es que está aburrido. Si es la chica, la que está sola en el “pub” es que está buscando. Ah, si él le es infiel a la esposa es que “tiró una canita al aire”, “tuvo un desliz”. Ella que ni lo piense...
Por último, que si se dejan y él se empata inmediatamente es que el pobre necesitaba compañía, estaba tan solo. No así con ella. Nada de pena, rápido sugieren que lo había visto antes.
¿Me equivoco? Sabemos que no.
caramia@elnuevodia.com

Cara Mía es real. Es la vivencia de cientos de mujeres en y fuera de Puerto Rico. Igual da si tiene ...


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