La
Comisión Estatal de Elecciones metió la pata. No es correcto que en el distrito
6 de Guaynabo ganó la primaria penepé el candidato Antonio Soto, como el presidente de la CEE Héctor Conty y
su gente anunciaron hoy. En realidad, en esta elección fatula de Guaynabo City
perdimos todos.
Por el fraude guaynabito perdieron su reputación tanto Soto como Ángel Pérez, quienes se anularon uno al otro ante el pueblo. Perdió su aura de gran alcalde Héctor O’Neill al destaparse un nebuleo descarado en el cual empleados municipales residentes de otros pueblos fingían cambiar su dirección hacia una falsa en Guaynabo sólo para votar por Soto, el favorito del Guaynabito mayor. Y para colmo, O’Neill no asume responsabilidad como si con él no fuera la cosa, ni se apresura a declarar, ni coopera con la investigación, y evade, y reparte las culpas para que queden embarrados otros, aunque todos los dedos apuntan hacia él. ¡Está cañón!
En Guaynabo perdió también el gobernador Luis Fortuño, luciendo en su esplendor una blandenguería como líder de su partido, que tiene que haberle restado unos puntitos más en todas las encuestas que ya lo ponen bien atrás de cara a las elecciones. Y pierde la CEE la ilusión de impecable instrumento democrático que nos habían vendido. ¿Cómo recuperará el sistema electoral boricua su credibilidad para las próximas elecciones y nos garantizará que fraudes como éste y como los llamados vaciados de listas en que votan hasta los muertos, no se repetirán? Por eso es que también perdemos todos los puertorriqueños con este fraude al sembrarse la duda de si ganarán de verdad los candidatos que lograron nuestros votos fajándose en la campaña a pulmón o si triunfará el más truquero que se ingenie la gansería óptima para prevalecer.
¿Quién ganó en Guaynabo City? No me digan que Soto. Aquí la CEE se basó en la decisión del Tribunal Supremo en un viejo pleito electoral de José Granados Navedo y Héctor Luis Acevedo en 1990 y decidió eliminar los votos en controversia, que esta vez eran 67 votos a favor de Ángel Pérez que estaban impugnados y otros 60 para Antonio Soto. Se eliminan todos esos votos y queda Soto al frente. La verdad, la puritita verdad es que no se merecen la candidatura ninguno de los dos, por tramposos.
Pérez estuvo desde el principio truqueando su dirección residencial física pero el PNP le dio luz verde a su candidatura. Y ahora Soto fue el beneficiado de la otra tramoya orquestada en el municipio, que aún no termina de investigarse y que debería terminar en alguna acusación de delito electoral pero a nadie sorprendería que se quede en nada, amapuchao como tantos escándalos en este país. ¿Cómo sabemos que esos impugnados fueron los únicos votos trampeados? ¿No debería hacerse una nueva elección?
Ahora, con todo lo que ha salido a la luz pública, ¿merecen los electores penepés de Guaynabo esta clase de líderes políticos como Pérez y Soto para votar por ellos? Ah, pero aquí volvemos al partidismo con gríngolas, el vino mío es amargo pero es mi vino. Por eso terminamos amargaos, mi gente. ¿Por qué rayos tenemos que resignarnos a votar por el mal candidato de mi partido, sea el que sea?
Y aquí llegamos al alcalde, hasta ahora invencible, de Guaynabo. Yo no sé hasta dónde se atreverá indagar la investigación de la CEE ni si ya pronto apagan este fuego porque Guaynabo es un bastión PNP y no le conviene al partido de gobierno , ni al Gobernador ni al alcalde, seguir más tiempo con esta controversia. A lo mejor a O’Neill o a la gente de su campaña se le ocurre ya mismo poner Internet gratis en todo Guaynabo City para comprar más votitos como acaba de hacer el alcalde Jorge Santini en Lloréns. O quien sabe si ya tiene un plan para darle internet a los electores de municipios cercanos a cambio de que se “muden” fatulamente a Guaynabo y voten por él. Quien sabe. Ya se “mudaron” así ,como un favor, policías municipales que deben velar porque se cumpla la ley y no les importó.
¿Hasta dónde llega la deshonestidad de un político, de quienes le hacen campaña? ¿Tiene límites? No se es un chispito deshonesto. Lo eres o no. En materia ética, esta estrategia politiquera es de marca mayor, no es un asuntito de moral distraida. Aunque, a decir verdad, este chanchullo de Guaynabo City es de grandes ligas y de estrategas un tanto brutoides a la vez. Aquí pusieron a “vivir” a empleados municipales al garete unos con otros en las mismas casas, sin consultar a los verdaderos dueños de las residencias, quienes a la hora de la verdad aclararon. “¿Que aquí vive quién? Chacho, no”. ¿Qué pensaban los que se inventaron esta tramoya? “Total, ¿quién se va a dar cuenta?” probablemente, tal vez por la seguridad que les daba contar con el apoyo de un municipio con un alcalde poderoso.
Y vuelvo a preguntar, ¿hasta dónde llega la deshonestidad? ¿Cuántos otras conductas delictivas aún no sabemos en el municipio? Porque el que empieza resbalando termina escocotao. Ya sé que Guaynabo es penepé y nadie duda de que O’Neill volverá a ser alcalde. Pero tras un escándalo como éste, ¿los electores de Guaynabo siguen pensando igual de su alcalde, no les importa si hubo delito electoral o no y si fue O’Neill el que dirigió la orquesta para el rumbón del fraude? No lo sé, díganme o seguiré pensando que aquí en Guaynabo City todos perdimos.
Si deseas comunicarte con Nelson Gabriel Berríos, puedes escribirle a nberrios@elnuevodia.com

Nelson Gabriel Berríos es un veterano periodista ponceño que labora como Editor de la Edición Domini...


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