Esta Navidad tiene un sabor diferente en nuestra tierra. En muchos sentidos, no parece Navidad.
Nuestro país está herido… herido de gravedad. La violencia motivada tanto por el trasiego de drogas ilícitas como por el deterioro de nuestra calidad de vida está llegando a niveles intolerables.
Y lo peor es que la avalancha de incidentes de violencia nos está volviendo insensibles. Son tantos los crímenes violentos que reseña la prensa diariamente que ya solo les prestamos atención a los peores. No nos sorprende que un hombre asesine a su ex pareja o que un jovencito muera baleado en las guerras por el control de distribución de los mercados al aire libre (que en Puerto Rico llamamos “puntos”) de drogas. Hace falta un crimen horrible, como que un hijo asesine a su madre o que una pareja guarde en el congelador el cadáver de un bebé, para que prestemos atención.
Empero, nuestro horror no nos mueve a la indignación. Fuera de una que otra marcha, la mayor parte de la población continúa su vida como si nada hubiera ocurrido. El silencio del liderazgo político, social y religioso del país es inexplicable. Tal parece que nos hemos dado por vencidos.
Por eso afirmo que nuestra sociedad necesita volver a empezar. Necesitamos renovar nuestros valores y nuestra conducta. Necesitamos reconocer que hemos estado caminando por rutas equivocadas y que debemos buscar nuevos senderos.
La teología bíblica tiene un nombre para este proceso de evaluación y transformación: arrepentimiento.
Muchas personas piensan que “arrepentirse” es sentirse triste o culpable por errores del ayer. Sin embargo, después de sentirse mal por un rato, vuelven a los errores del pasado. Aunque se sientan tristes, no cambian su conducta.
En la Biblia, el arrepentimiento es algo distinto, pues implica un cambio radical en nuestra manera de pensar. Es un proceso que nos lleva a reconocer que nuestros valores han estado equivocados y que nuestra conducta ha sido incorrecta. Este examen de conciencia nos lleva a tomar la decisión de cambiar nuestra manera de pensar y de vivir. Por eso, el arrepentimiento es una nueva oportunidad. Sí, el arrepentimiento es una nueva oportunidad porque nos permite volver a comenzar, motivados por valores renovados y por una conducta diferente.
Le invito, pues, a tomar un momento para reflexionar. Volvamos a empezar en esta Navidad.
¿Qué opina usted? Le invito a compartir su opinión, comentando tanto el contenido de esta columna como los comentarios de otros lectores y de otras lectoras.
El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR. http://www.drpablojimenez.com

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