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Antolín Maldonado

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8 de septiembre de 2013

A curar heridas del legalismo

Dios está levantando un nuevo liderato dispuesto a ayudar en la restauración de aquellos que han sido lastimados, y lo hará por medio de su Iglesia.

Nota: Segundo de una serie sobre el tema del abuso espiritual, término adoptado por teólogos cuando ocurre acoso moral en el contexto religioso.


Partiendo de la experiencia personal, casi simultánea a la de Luz Elena (seudónimo), y habiendo visto que se trata de un problema universal, profundizaré en esta segunda parte en qué es el abuso espiritual.

El propósito del estudio es identificar las señales del abuso, tanto en los sistemas y personas que abusan, como en las víctimas, de manera que este conocimiento se convierta en un mecanismo preventivo. Debo aclarar que al hablar de acoso en el contexto religioso, el abuso espiritual no ocurre solo en congregaciones, sino también en grupos o asociaciones religiosas, entre amistades y hasta en el entorno familiar

Veremos las características del maltratante y por qué se convierte en abusador. Estudiaremos al abusado y por qué se resiste a salir del ciclo o a detenerlo.

Mediante la teis, intentaba probar que la Iglesia, salvo raras excepciones, no está preparada para enfrentar este problema, porque no ha sabido reconocer como tal el abuso espiritual. Por esto, como descubrimos, no ha desarrollado mecanismos de prevención, mientras que las víctimas, aunque sufren, llegan a ver el maltrato como algo normal. Y lo peor no solo es cuando no se reconoce el problema, sino que cuando es señalado, el liderato enfermo asume una actitud defensiva en lugar de intentar ayudar a la víctima y ayudarse a sí mismo para no cometer los mismos errores.

Y al decir que la Iglesia no está preparada, no digo categóricamente que ninguna iglesia local lo está. Al igual que los autores de los varios libros que consulté y los profesionales de la consejería que entrevisté, mi interés es demostrar que sí hay congregaciones sanas y liderato bien intencionado que está trabajando por sanar las heridas causadas por el legalismo y el abuso. Y más allá de eso, que está interesado en restaurar a las personas heridas y llevarlas a un lugar donde se les ofrezca cuidado, donde verdaderamente puedan conocer lo que es descansar en delicados pastos, y ser pastoreadas junto a aguas de reposo (Salmo 23).

Pero la realidad es que esas iglesias no son la mayoría. No todas tienen un espacio para consejería con personas preparadas y con corazón compasivo y misericordioso para escuchar a otros sin condenar, sino para edificar. Por eso, otro interés es llevar al liderato a una introspección que le permita reconocer si ha fallado en este aspecto, y sea motivado a sanar y a ser reedificado.

 Entiendo que la importancia del tema no es solo reconocer y señalar el problema, sino promover que haya pastores y líderes preparados para atender a las ovejas y servirles como nos mandan las Escrituras, sin enseñorearnos sobre nadie. Deseo al compartir este estudio, no ser meramente crítico, sino que junto a futuros proyectos en torno a la Iglesia en Puerto Rico, esta información aporte en llevar consuelo y le devuelva a aquellas vidas heridas, su confianza en la Iglesia y sobre todo su fe en Dios. Porque la triste realidad es que muchos se apartaron del camino de Dios por el daño que sus líderes, hermanos o aun la familia les causaron.

Como paréntesis, debo decir que el problema es tan real en Puerto Rico que mucho antes de que yo conociera el término abuso espiritual, fue un lector de Buenas Nuevas quien me instó a que escribiera sobre este tema. La persona ya había sido víctima de maltrato emocional por parte de sus líderes. Si no lo hice antes fue porque precisamente se trata de un tema que había que trabajar en profundidad.

Lo interesante del proceso durante la realización de mi tesis, es que descubrí que el tema no es nuevo. No tuve problemas para encontrar libros ni referencias al respecto, aunque no es que sean numerosas. Aclaro también con esto, que no soy el primero que expone el tema. Ni pretendo hacer creer eso. Pero lo irónico es que aun cuando el tema se conozca, no es expuesto abiertamente en las congregaciones.

Hablar abiertamente de este problema, sería el primer paso saludable que debe dar el liderato eclesiástico bien intencionado, pues no solo prepararía a los creyentes para no caer presas del abuso, sino que sería una manera responsable del liderato reconocer que no es infalible. Un líder que no tiene nada que esconder, ni siquiera tendría temor en decirle a su congregación, "si alguna vez les pido a ustedes algo que no está acorde la Palabra de Dios, no tienen por qué obedecerme en eso".

 Para apoyar el estudio de la tesis, utilicé una bibliografía selecta, entrevistas abiertas y data recopilada de un cuestionario administrado a 205 creyentes que contestaron, entre otras cosas, si habían sido víctimas de abuso espiritual y el tipo de maltrato que sufrieron.

¿Qué es el abuso espiritual?

 Si partimos primero de la definición básica de lo que es abuso o abusar, se nos hará más fácil comprender luego lo que nos dicen varios autores y estudiosos sobre el abuso espiritual. Según el diccionario de la Real Academia Española, abuso es:

“Usar mal, excesiva, injusta, impropia o indebidamente de algo o de alguien. Hacer objeto de trato deshonesto a una persona de menor experiencia, fuerza o poder”. (3)

 Dicho esto,  el abuso espiritual ocurre cuando ese maltrato o uso indebido, impropio o excesivo de alguien, se da dentro del contexto espiritual o religioso. Y aunque en mi tesis solo traté el abuso dentro del ámbito espiritual cristiano, debemos reconocer que este problema también ocurre en otros contextos espirituales no cristianos.

Como antes mecioné, también es necesario aclarar que el abuso espiritual puede ocurrir no solo dentro de una congregación, sino en distintas organizaciones religiosas o hasta dentro del seno familiar.

 Más adelante nos detendremos a ver por un momento, cómo se manifiesta el abuso fuera del contexto espiritual, específicamente en el ámbito laboral. Este ejercicio lo hago con el propósito de ver las similitudes en las diversas manifestaciones que se dan, tanto en el contexto espiritual como fuera de él. Utilizaré esta comparación, solo para profundizar en la raíz y el por qué ocurre el abuso indistintamente del plano en que acontezca.

 Mientras tanto, debemos observar que el abuso espiritual ocurre cuando un individuo maltrata aprovechando su posición o influencia, para controlar o dominar a otra persona. Una definición más clara y concisa acerca de lo que es el abuso espiritual la ofrecen los autores David Johnson y Jeff Van Vonderen.

“El abuso espiritual es el maltrato hacia una persona que tiene necesidad de ayuda, de apoyo o de mayor poder espiritual, lo que resulta en el debilitamiento, el menoscabo o el decaimiento del potencial espiritual de esa persona”. (4)

 Como establecen estos mismos autores, el abuso espiritual puede ocurrir cuando un líder utiliza su posición espiritual para controlar o dominar a una persona, muchas veces pasando por encima de los sentimientos y opiniones del prójimo. Esto sin importarle las consecuencias emocionales y espirituales que sufra el otro individuo. También puede ocurrir abuso, como plantean Johnson y Van Vonderen, cuando se recurre a la espiritualidad para hacer que otros vivan a la altura de un estándar espiritual.

 Sin embargo, debo aclarar que durante el proceso investigativo supe, mediante las entrevistas realizadas a dos consejeros, y por medio de la literatura revisada, que no son extraños los casos en que el victimario, en lugar de un líder de la congregación o de una organización cristiana, resulta ser un familiar, amigo u otro creyente que no está en posición de liderato, aunque sí puede que tenga alguna autoridad, ya sea como esposo, padre de familia o tutor.

También puede tratarse de personas que sin tener posición de liderazgo, tienen cierta influencia sobre sus pares, mayormente porque se ganaron la confianza de quien termina siendo la víctima.

 El caso de Luz Elena que mencioné en la introducción la pasada semana, es complejo pues su relación con Sylvia (ambos son seudónimos para proteger su identidad) comenzó en el plano laboral, luego se convirtió en amistad, hasta que finalmente Sylvia se hizo líder y asumió una posición de autoridad sobre Luz Elena en el aspecto espiritual. En este caso, a medida que la relación fue avanzando, la víctima experimentó un maltrato progresivo, aunque de manera muy sutil e imperceptible en sus inicios.

 “Ella cambió cuando la hicieron líder de diáconos (junto a su esposo). Ella decía que me apoyó en el divorcio, pero nunca me apoyó. Hubo un silencio bien doloroso. Yo sí los busqué (a Sylvia y su esposo, para obtener su apoyo). Imagínate, si ellos fueron los que me llevaron a la iglesia”, recordó Luz Elena, haciendo claro que aunque notó ciertas señales en Sylvia, específicamente en el cambio de comportamiento hacia ella, comenzaron a ser más evidentes cuando la colocaron en una posición de autoridad en la congregación donde ambas confesaron al Señor como su salvador.

 En este ejemplo podemos ver como el respeto y la confianza de una persona hacia otra, primero por la amistad y luego por la honra expresada al liderato, fueron lacerados y explotados en detrimento de la víctima. Además, vemos reflejadas dos de las características que los estudiosos del tema atribuyen a los líderes abusivos y autoritarios: el ansia por el poder y el control. Estos autores aclaran que el abuso espiritual no solo ocurre en sectas religiosas, sino que, tristemente, también sucede en el cuerpo de Cristo. Más adelante profundizaremos en las distintas características de los líderes abusadores.

En la próxima ocasión, comenzaremos hablando de lo que NO debe considerarse abuso espiritual. Es preciso no caer en generalizaciones e iniciar una cacería de brujas contra líderes religiosos. La Palabra dice bien claro, por sus frutos los conoceréis.

Tomado de la tesis El velo de la iglesia ante el abuso espiritual, como requisito de grado para Vision International University of Florida (2011)


(3) Página web Diccionario Lengua Española
(4) El sutil poder del abuso espiritual - David Johnson y Jeff Van Vonderen - Editorial Vida 2010 - Página 21


Lee aquí la primera parte, Mi Padre sana y renueva


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