La historia saca sus pies de coloso de la ciénaga, y empieza a andar a grandes trancos. Su paso de gigante, que es lento, pero implacable, sacude fibras íntimas, disloca ideologías, redefine valores, desplaza certezas, provoca el incómodo frío de sentirse desnudo a la intemperie.
En el aire está su aroma oculto. Es realmente arrebatador este momento en que una palpitación profunda, casi imperceptible como una inflexión de la voz o como un suspiro, anuncia que, por fin, una transfiguración largamente esperada soñada y sangrada, empieza a tomar forma.
La historia vuela ante nuestros ojos.
Barack Obama, a quien el haber sido electo el primer presidente negro de Estados Unidos debe haberle enseñado algo de lo que son momentos transformacionales, vio la escritura en la pared y lo planteó sin ambiguedades en su mensaje inaugural el pasado lunes: “Nuestro viaje no estará completo hasta que nuestros hermanos y hermanas gay sean tratados como cualquier otro ante la ley, pues si somos creados iguales seguramente el amor que nos profesamos unos a otros debe ser igual también”.
Pesan mucho las palabras de un presidente de Estados Unidos. Pesan más las de un presidente ya sembrado en la historia con carácter de pionero como Barack Obama. Pesan más todavía en Puerto Rico, donde, nos guste o no, lo que se decida allá aplica aquí, sin que aquí, por el momento, podamos hacer mucho para evitarlo.
Pero es que acá también están pasando cosas.
Hay proyectos en la Cámara de Representantes y en el Senado para acabar con distintas formas de discrimen contra la comunidad gay. Hay una directriz en el Municipio de San Juan que va más o menos por el mismo lado: derribar las barreras que hace que a las personas se les trate distinto de acuerdo a su orientación sexual.’
Han habido vigorosos movimientos para poner en su sitio a algunos de los que habían hecho de la burla y el insulto contra los homosexuales un estilo de vida. Ha habido importantes figuras de las artes y del deporte que pregonan su homosexualidad de una manera que antes habría sido impensable y no les ha pasado nada.
La Biblia dice: “Qué lindo es el paso del que trae buenas noticias”. Así se ven estos pasos de coloso de la historia.
Cada generación tiene la ocasión de ser testigo de una transformación histórica. A cada generación se le da la oportunidad de ayudar a cambiar algo que está muy mal. En otro tiempo, hubo la ocasión de luchar contra la esclavitud, a favor del voto femenino, a favor de la igualdad de las mujeres, contra el discrimen racial. La lucha por los derechos de los homosexuales por ser tratados como cualquier ser humano es la gran gesta de derechos civiles de esta generación.
Claro que no todas las luchas antes mencionadas están completas. Claro que hay oposición. Claro que hubo quien se opuso a la liberación de los esclavos, con argumentos que en su momento parecieron sólidos.
Los estamos viendo ahora otra vez. Están juntando hombros para tratar de impedir el avance. En Puerto Rico, se les vio asomando sus fauces por la Casa de las Leyes, tras un tiempo ocultos, como pasa cada vez que se discute algo como esto, que parece que es lo único que a algunos de ellos les preocupa.
Ya se les conoce porque suelen ser los mismos.
Puede, en fin, que haya que derramar más lágrimas.
Nadie sabe cuánto durará esto, cuándo llegará a puerto seguro la travesía de la que hablaba Barack Obama. En Puerto Rico, país machista y homofóbico como pocos, puede que sea un poco más difícil que en otros sitios. Pero ya empezó. Pararlo es muy difícil. Si no cree, busque en la historia cómo les fue a los que intentaron detener otras transformaciones.
Cuando los planetas se alinean en pos de la justicia, como pasó cuando a humanistas, visionarios y valientes se les metió entre ceja y ceja acabar con la esclavitud, lograr que las mujeres votaran o impedir que se discriminara a negros, no es posible detenerlo, por mucho que cueste.
O sea, esto es un aviso. Un aviso generoso. Cojan consejo los que están midiendo el viento a ver dónde se ubican, los ambivalentes, los que tienen sentido de perspectiva. Dentro de 40, 50 o 60 años, habrá historiadores examinando este momento. No se arriesgue que lo sorprendan en el lado incorrecto de la verja.

Benjamín Torres Gotay ha ejercido el periodismo de manera ininterrumpida desde su graduación de la U...


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