Un disparo. Al aire. De salva. Cuando sonó, justamente a las 4:30 de la tarde de ayer domingo, cerca de cuatro mil personas iniciamos lo que para muchos es una de las actividades más tontas y sin sentido de todas las que pueden hacerse por diversión: correr.
Quienes hacemos eso por placer solemos cubrir con frecuencia distancias como las poco más de seis millas del 10K de Burger King.
Eso parte de la preparación que suele hacerse en solitario, varias veces a la semana, al amanecer, con lluvia o sin ella, experiencia que el tiempo convierte en parte de nuestro credo de vida y que tiene una de sus variaciones en carreras como la de ayer, con miles de personas que -como uno- disfrutan de... pues de eso, de correr, en grupo, de sentir la energía que se genera desde mucho antes de que suene el disparo.
La carrera de ayer no fue la excepción: centenares compartimos una tarde preciosa, algo cálida y con viento, a través de una ruta marcada a poca distancia por el Atlántico, encuentro en el que por un rato fuimos gente, fuimos comunidad, con un solo objetivo pero sin que llegar primero fuese lo principal.
Como es obvio, en la carrera de ayer cada cual corrió por sus propias razones, bastantes por salud, muchos por competir -con otros y con ellos mismos- y varios también por liberar el estrés y olvidarse por unos minutos de la locura cotidiana que padece nuestra isla.
Cada vez que corro, me pregunto por qué lo hago. Ayer, poco después de la mitad de la ruta, volví a hacerlo y una vez más esas razones no me parecieron suficientes.
Nuevamente corroboré que hay al menos dos motivos adicionales, más personales y también más poderosos: el primero, que siento que cuando corro soy mejor persona y que también lo es lo que queda de mí luego de que termino.
El segundo motivo -y quizás el que más me estimula- es que sé que llegará el día en el que no podré correr más. ¿Cuándo? Lo ignoro. Lo único que sé es que el de ayer no lo era, de la misma manera que espero que el de mañana tampoco lo sea.

Mario Alegre Barrios, oriundo de la Ciudad de México y residente en Puerto Rico desde 1977. Periodis...


| Páginas: 1 2 3 | Next |


Esto ya lo he contado antes. Hoy, su muerte me devuelve a la memoria.Una tarde de 1990 sonó el teléfono de mi escritorio en esta Redacción. Cuando la voz al otro lado de la línea se identificó, pensé que se trataba de una broma: era el mismísimo Carlos Fuentes. El escritor mexicano. Mi paisano. El a...
Este asunto de Ozzie Guillén y la mordaza que le ha impuesto la intolerancia de la ultraderecha cubana en la Florida -en especial en Miami- vuelve a poner de relieve lo que ha sido la polarización eterna del tema cubano. Repito lo que ya muchos conocen: viví en carne propia el drama cubano a través...
Quienes me conocen saben cuál es mi opinión de Fidel Castro: una desgracia para millones de cubanos y uno de los más nefastos dictadores en la historia. Pocos más lejos de mis simpatías que este hombre, quien tiene como el peor de sus pecados la fragmentación de las familias cubanas. No obstante, d...
Nada como escuchar al Gobernador para recuperar la fe. Sí, señor. A medida que Fortuño adelantaba en su mensaje de situación del país, sentí cómo se levantaba paulatinamente el velo que me impedía ver, no solo el país de ensueño que tenemos, sino también lo inmensamente afortunados que somos al te...
Nunca como ahora ha sido tan evidente la inmensa influencia que el poder económico tiene para definir quién llega a ser presidente en Estados Unidos.Aunque el ciudadano que desea hacer donativos a algún partido político tiene un tope de $2,500 anuales, desde el año pasado los ya célebres Super PAC (...
| Páginas: 1 |
