La paleta de colores no es para los cerrados de mentes (ni dementes) que asocian los colores únicamente a partidos políticos. En este hermoso jueves que amaneció azul y antes del mediodía ha producido copiosos aguaceros, me refiero al azul del Símbolo Internacional de Accesibilidad (SIA). El de la imagen estilizada de una persona en silla de ruedas en color blanco, sobre un cuadro azul. El que diseñó Susanne Koefoed en el 1968.
La entrada publicada la semana pasada en este blog mencionó la anticipada privatización de empresas amigas del gobierno para construir las áreas de servicios sanitarios que requieren las leyes federales. Enfaticé en las instalaciones que ordena nuestra Ley 186 del 17 de agosto de 2011, que obliga la instalación de “Baños asistidos” o “Baños familiares“ en “centros comerciales cerrados con una cabida rentable mayor de cien mil (100,000) pies cuadrados o más; en los puertos y aeropuertos que cuenten con cuatro salidas o más de abordaje; los centros gubernamentales y centros de convenciones; estadios deportivos y canchas que tengan una capacidad de siete mil (7,000) personas o más y en los balnearios públicos”. Las reacciones fueron viscerales.
Me adentré en el tema y encontré que no se está cumpliendo con la ley de la autoría de nuestro Honorable Representante José Aponte. No es su culpa, cuya sensibilidad quedó demostrada en durante el proceso de vistas públicas. Tampoco es culpa de los legisladores –quienes como Aponte- dieron cátedra de absoluto sentido de responsabilidad social cuando la aprobaron.
Sin embargo, la publicación del tema en este blog provocó un aluvión de mensajes en el Inbox (el buzón privado) del féisbuc de mi querido Ángel Antonio Pérez-Serás, a quien le he encomendado que me guarde y organice los mensajes que no publican en este espacio por problemas técnicos. Cuando me dio el “copy & paste”, decidí contestarlos hoy.
“¡Toño, perdona que te ocupara! No tenía idea de cuántos mensajes nos llegarían!”, le tuve que decir. Es que los lectores preguntaron y comentaron de todo. Que si cómo se conseguía copia de la Ley; que si querían comunicarse con el representante para felicitarlo; que le dijera cuáles son los derechos de una persona con impedimentos; que cuál era el pito que tocaba la Oficina del Procurador de las Personas con Impedimentos (OPPI); que ante quién se podían querellar…
Pero el comentario que se llevó el premio fue el de las “letrinas azules”.
Una persona sugirió la instalación de letrinas con el letrero azul en todas las dependencias públicas mientras se habilitaran “Baños asistidos” o “Baños familiares“, espacios dignos para personas con impedimentos físicos que requirieran asistencia, como dicta la Ley 186. Quizás fue en tono de broma, pero lo tomé como una preocupación real. La misma persona me preguntó por “Letrinas Familiares”, que no es lo mismo.
¿Dije “aluvión” de preguntas? En realidad fueron tantas las preguntas y dudas que me provocaron tremendo dolor de cabeza. Y yo -que hoy quería presentar a otro de mis admirados Campeones de la Alegría de Vivir- decidí dejarlo “en remojo”. Agradeciendo al Cielo que tengo cabeza para que me duela, comienzo a comentar dudas, o, a informar dónde se pueden hallar algunas respuestas:
1. La Ley 186 que describe los “Baños asistidos” o “Baños familiares“, aparece completita aparece en la web. Esta es la referencia: http://www.lexjuris.com/lexlex/Leyes2011/lexl2011186.htm
2. Pueden contactar a su autor, el Honorable José Aponte a través del cuadro telefónico de la Cámara de Representantes: (787) 721-6040; o, mediante su correo electrónico: japonte@camaraderepresentantes.org Aunque no le he pedido permiso para invitar los amables lectores de este espacio, dichas opciones aparecen en la página oficial del cuerpo legislativo del país.
3. Sobre la disponibilidad de los “Baños Familiares” o “Baños Asistidos”, la verdadera verdad de todas las verdades, es que no he visto muchos. De hecho, esas quejas provocaron la creación de la Ley 186, se radicó originalmente en el 2001 como el PC591. El mismo surgió por la preocupación de un padre divorciado que confrontaba problemas para llevar al baño a su hija pequeña.
4. La forma de distinguirlos es la siguiente: incluye el símbolo de la persona en silla de ruedas con tres elementos adicionales; las imágenes estilizadas de un papá y una mamá con un infante.
5. Muchos de los establecimientos no tienen “Baños Familiares” o “Baños Asistidos” porque no tienen el espacio. Otros tienen la posibilidad de construirlo, pero no les da la gana de redistribuir la configuración decorativa. Los más, resuelven “deteniendo el tránsito” en la puerta de los baños colectivos –casi siempre, de mujeres- para que el varón asista a su hija, esposa, madre o abuelita; o le cambie los pañales a su bebé. Lo he visto en restaurantes, cines y algunas tiendas por departamentos. En un hotel del área portuaria del Viejo San Juan, lo he visto también. No todas las mujeres que hacen fila son conscientes. Muchas arman un escándalo por los minutos que esperan, como si fuera distinto a los minutos que esperan dentro cuando todos los inodoros están ocupados. Pero ese también es su derecho. Las pataletas, malacrianzas y salpafueras de mujeres que no pueden controlar las ganas de orinar son democráticas y hay que entenderlas.
6. He visto el síndrome “en reverso”. En el centro comercial más grande de Puerto Rico, la administración de una tienda por departamentos le quitó el letrero de “Baño Familiar” o “Baño Asistido” para que no se vieran personas con impedimentos ni familias con coches y niños pequeños concentrados en una fila.
7. No creo que se puedan instalar letrinas azules en el aeropuerto, donde ya expliqué expliqué que los supuestos Baños Familiares son espacios indignos.
8. El nombre correcto es el de “Baños Portátiles”. Según una de las empresas que los alquila, los municipios y las personas a cargo de actividades multitudinarias, siguen la sugerencia de alquilar uno por cada 8, ó por cada 10 baños regulares.
9. Tampoco es correcto el término de “Letrinas Azules”.
10. Los derechos de las personas con impedimentos aparecen en la página de Internet de la Oficina del Procurador de las Personas con Impedimentos. Yo los resumo en que "se le dé trato digno para que no haya necesidad de reclamar humanidad".
11. La OPPI sí “toca pito”. La buena noticia es que tienen un departamento de querellas que se pueden tramitar por la web. La mala noticia es que página de la OPPI no está vigente. Abre con avisos del 2010. Tampoco ofrece servicios a través de la página del gobierno central.
12. Al profesor de periodismo que me dijo que en el Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín los baños designados para los hombres son un asco y que los de los varones con impedimentos son un chiquero, le pido excusas por no describir los detalles. Me limito a replicar su comentario relacionado a que los baños de cualquier aeropuerto están en mejor condición que los nuestros.
13. Mientras que tiendas de renombre y alcurnia del área metropolitana reducen las opciones sanitarias para las personas con impedimentos, en Guayama, un establecimiento especializado en pastelillos cuenta un amplio "baño azul".
Como ñapa -y por si las moscas (“for if the flyes”)- en el caso de que a algún amable lector todavía quedan dudas sobre el “azul”, y siga empecinado con la alusión a los partidos políticos, lo invito a que abra su mente –o la espatarre, según sea necesario- y se dé un paseo por la referencia wikipédica sobre el SIA, que es la siguiente: Símbolo Internacional de Accesibilidad
Aprovecho para insistir que los letreros de las áreas designadas para las personas con impedimentos no son “azul intenso penepé” porque los partidos políticos no son dueños de los colores y no pueden intimidarnos con la descripción. Azul intenso e intimidante era el de los ojos del cascarrabias de mi abuelo materno. Para esos ojos de mirada azul-mete-miedo… solo tengo una referencia: http:\\elrecuerdodelsuperhombrequeleenseñóamimadrelaAlegríadeVivir. Mi madre, a su vez, me transmitió esa alegría a mí. Yo he hecho lo mismo con mis hijos. Hasta ahora, ambos han demostrado ser buenos aprendices.

Sangermeña que quiso ser periodista desde que aprendió a leer. Tras el bachillerato de Estudios ...


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