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Romeo Mareo

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28 de junio de 2013

Cara o cruz

 

Le tengo una consulta, señor Romeo.

Soy una chica bastante bonita y exitosa en mi carrera profesional que, por lo menos hasta hace muy poco, no había tenido un nivel de éxito comparable en el mundo del amor.

Quizás en parte por culpa mía: no salgo con cualquiera y, cuando lo hago, todavía soy de las que creo que una relación debe ir progresando poco a poco y con respeto mutuo, cuando, según me parece por la forma en que se comportan algunas de mis amigas, muchas mujeres de ahora parecen pensar que una relación debe comenzar por una revolcada en la cama y de ahí pasar a lo que haya que pasar y si llega el amor... pues, bien.

Bueno, pues no hace mucho comencé a salir con un muchacho a quien llamaré Rommy. Alto, bien parecido, pero también serio y considerado en el trato conmigo. Creo que hasta me enamoré de él.

El problema fue que, según me resultaba claro, aunque yo le gustaba, él no creía estar listo todavía para formalizar lo nuestro. Además , era militar, y, cuando lo trasladaron a Japón, él lo tomó como parte de su carrera y lo aceptó sin lamentar demasiado lo que ese traslado significaba para nuestra relación.

Así, nos despedimos, los dos bastante tristes y todo eso, pero ahí pareció quedar la cosa.

Al poco tiempo -aunque no al otro día, como algunas de mis amigas- conocí a otro muchacho, a quien llamaré aquí Ralph. Lo increíble fue que, después de tanto esperar que apareciera el hombre perfecto para mí, aqui de pronto estaba llegándome el segundo en línea, y en cuestión de pocas semanas.

Ralph era tan apuesto como Rommy y tan considerado en su relación conmigo como lo había sido su predecesor. Sí había una diferencia, sin embargo, y ésta lo favorecía a él: parecía estar enamorado de mí, y dispuesto a hacer algo al respecto.

Al poco tiempo empezamos a vivir juntos. Aunque no hablábamos de establecer algo más formal, me parecía obvio que solo era cuestión de tiempo: lo veía muy entusiasmado conmigo, todo el tiempo hablando de nuestro futuro.

El asunto es que, mientras yo vivía este éxtasis terrenal, empecé a recibir primero E-mails y luego comunicaciones de Facebook de parte de Rommy, que aún seguía allá por la tierra del sol naciente. Incluso empezó a hacerme llegar fotos en las que él aparecía frente a edificios o monumentos bien exóticos, aunque siempre solo o acompañado por algún amigo suyo, también soldado.

Pero lo que más me impresionaba era lo que escribía junto a esas fotos: “Aquí, extrañándote' o “deseando que estuvieras conmigo”.

Es decir, hablaba como si lo nuestro no hubiera terminado y nuestra despedida no hubiese sido para siempre, ya que no nos habíamos prometido nadita de nada.

Cuando yo le contestaba, no le decía nada definitivo, sino cosas medias vagas, algo así como “bueno, vamos a ver''.

También le decia -una indirecta que me parecía bastante directa- que me alegraba que el estuviera pasándola bien y que estaba segura de que muy pronto conocería a una persona que llenara su corazón.

Un día, sin embargo, escribió algo que me dejó en shock: que le habían dado un tiempo libre y que iba a regresar a Puerto Rico dentro de poco para estar algunas semanas por acá. Más aún, que venía a hablar conmigo  de unas cosas bien serias, pero que esperaba que fueran muy beneficiosas para los dos.

Como ya sabía que no iba a venir a hacerme una oferta de trabajo ni nada parecido, la verdad es que me puse bien nerviosa.

Así están las cosas ahora: se supone que Rommy regrese esta semana y yo todavía no le he dicho nada acerca de lo mío con Ralph. Y como yo estoy vieviendo con Ralph en mi apartamento, que es el mismo que tenía cuando estaba saliendo con Rommy, estoy segura de que es aquí a donde Rommy va a venir tan pronto pise tierra.

¡Qué dilema tengo! He profundizado bastante en mi corazón y la verdad es que he notado que sigo sintiendo algo por Rommy, pero que siento algo por Ralph también. En definitiva, lo único que encuentro positivo en todo esto es que ambos tienen nombres que empiezan con la letra R. Así, pase lo que pase, no voy a tener que botar las toallas del baño, que tienen bordada su inicial.

¿Qué me aconseja, don Romeo?

--------------------------------

Debo decirle, amiga, que su caso es uno de los más complicados que ha llegado a mi consultorio sentimental. Por lo regular, cuando una fémina anda en una de estas disyuntivas, resulta claro que uno de los hombres le conviene más, o que ella está más enamorada de uno de ellos, aunque no necesariamente sea quien le convenga más.

En su caso, sin embargo, me he quedado completamente estupefacto: hay demasiado de donde escoger. Por un lado esta Rommy, quien parecería ofrecerle la vida algo nómada del militar, pero con la oportunidad de conocer sitios exóticos y por el otro esta Ralph, quien parece ofrecerle la felicidad en su país de origen y la estabilidad geográfica y territorial.

Si acaso no puede decidirse entre uno de estos dos polos, solo se me ocurre una solució: agarre una moneda, preferiblemente de peseta, y tírela al aire.

Y escoja: cara o cruz.

romeomareo@elnuevodia.com

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