Esta semana escuché al humortivador, columnista, músico, y buen amigo Silverio Pérez convidarnos a “dar y recibir con sentido de humildad, no de superioridad”. Su propuesta fue clara: enfocarnos en “dar”, un verbo de tres letras y sus muchas implicaciones, especialmente al acercarse la Navidad. Según Silverio, “para dar, debemos reconocer primero que la abundancia nos rodea. Hay abundancia de amor, de riqueza, de oportunidades, de bendiciones. La abundancia material, el ser humano la ha distribuido desde su egoísmo y por eso existen las terribles desigualdades que traen hambre, guerras, enfermedades e infelicidad. Está en nuestras manos aportar al balance que debe existir, aunque sea con pequeños actos”.
Le conté a mi amigo Ángel Antonio que para explicar la acción de “dar”, Silverio narró haber visto en un restaurante a unos jóvenes que pidieron una buena porción de la cena que no se habían comido con el propósito de llevársela a deambulantes. Él los imitó llevándole comida al deambulante que veía siempre en el mismo lugar. Días después, al coincidir en el semáforo de siempre, el hombre le agradeció y le dijo que era la mejor comida que había tenido en su vida. “Lo que recibí de su parte no compara con lo poco que le dí. Eso siempre sucede al dar”, añadió Silverio, a quien reconozco en el equipo de personas que gritamos a los cuatro vientos la alegría que nos da el privilegio de vivir.
La anécdota me hizo recordar las navidades de mi infancia; cuando la mayor parte de los regalos eran sencillos. No había malls, outlets, ni town centers. Las únicas “Plazas” eran las plazas del mercado; y, los “Cinco y Diez”, las pocas “tiendas por departamentos” que se conocían. Recordé los aromas de los regalos: coco, canela, anís, clavos, jengibre… El tembleque era de distintas consistencias porque se aguaba para que rindiera. El arroz con dulce podía ser más claro o más oscuro, según la cantidad disponible de azúcar prieta y pasas. Pero igual podía ser “ciego y medio jincho”, con el sabor del que regala de lo poco que tiene. Al que no tenía para dar, siempre se le daba y “la fiesta” de agradecimiento era la misma que describió Silverio.
Esa sensación no está en peligro de extinción. He visto en féisbuc una avalancha de mensajes sobre la importancia de dar regalos que no se compran en tiendas, y aproveché para comentarle a mi amigo Toño.
- “Ángel Antonio, pienso que por fin los puertorriqueños hemos vuelto a enfocarnos en valorar las cosas sencillas de la vida, y el verdadero espíritu de la Navidad al momento de ‘dar y recibir’. Creo que ya no nos dejarnos vencer por el tsunami del consumerismo”, le dije por ilusa que soy.
- “Mira, Carmen, que se ‘enfoque’ el que quiera, pero yo, no prendo ni un foco estas navidades. Las pocas del arbolito, y por lo que es. Como ha subido el costo de la luz… no voy a hacer tembleque ni arroz con dulce. Coincido en alabar la vida, como siempre andas venteando por ahí. Es más, voy a salir gritando ‘¡Qué rrrico es estar vivo!’, como dices, para que no me lo saques en cara. Pero lo que quiero que me den, lo que quiero recibir es una reducción en la factura mensual de energía eléctrica”.

Sangermeña que quiso ser periodista desde que aprendió a leer. Tras el bachillerato de Estudios ...


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