¿Qué puede hacer uno cuando empiezan a aparecerle por todos lados fotos comprometedoras de toda índole?
Hasta ahora, las técnicas que nos han enseñado indirectamente los políticos y los artistas faranduleros han sido dos: negar con vehemencia hasta que no quede más remedio que admitirlo todo y, segundo… sufrir de pronto un severo ataque de amnesia.
“No recuerdo nada”, es la frase indicada en estos casos.
Pero resulta que tengo un amigo, conocido como Anselmo, que creó una nueva manera de enfrentar el tipo de crisis que se suscita cuando empiezan a aparecer por ahí fotos en las que uno sale desnudo o disfrazado con ligas y media de mujer, o evidentemente borracho y besuqueándose con la mujer de uno de los principales capos del país, conocido por el mote de ‘El celoso’.
Ahora bien, Anselmo, que tendrá sus 30 años, pertenecía a las esferas más altas de nuestra sociedad, gracias a sus labores como director de operaciones de una de las principales vaquerías de Juncos. Pero también militaba con carta propia en la agitada vida nocturna del ‘jet set’ local. Así, a cada rato aparecía en las páginas sociales de los periódicos en su pose tradicional: trago en mano, una sonrisa bobalicona en la boca y una hermosa mujer toda escotada y forrada de prendas de dudosa valía riéndole la gracia.
Pero entonces algún ente maligno se empecinó con él y Anselmo empezó a salir en poses o situaciones de menor caché. La que colmó la copa y casi le provocó un ataque de histeria al moderador de un programa de televisión especializado en explotar estos deslices fue una imagen en la que Anselmo aparecía corriendo desnudo por los predios de su vaquería, perseguido por una damisela que también iba completamente a capella, pero manteniendo al menos el recato de llevar botas y sombrero de vaquero.
Cuando finalmente una reportera lo acorraló micrófono en mano, Anselmo dio las respuestas de rigor: “No, ése no era yo”, y, luego, “la verdad es que no recuerdo nada”.
Por ultimo, cuando la evidencia se volvió irrefutable, un fogonazo de brillantez le iluminó el cerebro y Anselmo dijo: “Bueno… ¿no han pensado que puede ser mi hermano? Porque yo tengo un hermano gemelo”.
Esto último era verdad: Anselmo tenía un hermano gemelo. Se llamaba Artemio y también tenía que ver con la vaquería. Y era igualito a él. No solo en lo físico, sino también en lo que respecta al gusto por la vida alegre y ‘high class’.
Esta circunstancia, naturalmente, fue la que salvó a Anselmo… y también a su hermano. La misma naturaleza les había dado la clave para hacer y deshacer lo que quisieran en sus respectivas vidas personales, sin que los expertos en rastrear las imprudencias sexuales de la gente pudieran hacer nada al respecto: si creían tener una foto de Anselmo ‘in fraganti’, este se limitaba a decir que era de Artemio… y Artemio aseguraba que era de su hermano. Entretanto, los abogados de ambos se afilaban los dientes para atacar por difamación y confusión indebida en las cortes del país.
¿Saben qué es lo único trágico de todo esto? Que no todo el mundo tiene un hermano gemelo al que pueda recurrir en estos momentos de extrema pesadez emocional.
Así, pues, el resto de nosotros tendremos que seguir recurriendo al “ese no soy yo” y al penoso “no me acuerdo” de los meros mortales para cumplir con nuestro derecho inalienable a portarnos mal.
La ñapa
Según un artículo qué leí recientemente, la modelo de Victoria's Secret, Rosie Huntington-Whiteley, es tan espectacular que “produce en los hombres los mismos efectos que la cocaína”.
Según parece, lo que provocó esta comparación feu que la tímida muchachita se puso a posar 'topless' ara los fotógraos enel 'lobby' de un hotel, para promocionar su actuación en la película Transformers 3.
Me imagino que el periodista no se habrá querido decir que si mostrara su físico en cantidades industriales la chica sería capaz de causarle la muerte a uno por sobredosis.
romeomareo@elnuevodia.com

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