Para todos los efectos prácticos, la carrera política de Aníbal Acevedo Vilá parecía haber terminado el 27 de marzo de 2008, cuando el país despertó con la tremenda conmoción de que, por primera vez, y con toda la vergüenza que sus políticos le han hecho pasar en tiempos recientes, un gobernador en funciones era acusado de cargos criminales.
Era una apuesta segura, en aquel momento, que Acevedo Vilá, un guerrero indomable que hasta ese momento había ganado todas sus batallas políticas y no políticas, no volvería a alzar cabeza y, como casi la totalidad de los otros sobre los que ha caído el peso de la justicia criminal del gobierno federal, el fulgor de joven y brillante hombre de estado que una vez había tenido se habría apagado para siempre.
Pues mire qué sorpresa que no fue así. Es verdad que cogió literalmente la pela del siglo en las elecciones de ese año. Pero, poco después, salió triunfante del caso federal. Había andado estos años por ahí metiendo la cuchara muy selectivamente en los asuntos del país y ahora se ha echado sobre sus hombros una batalla fundamental del pueblo puertorriqueño de la que todas las otras figuras de peso de su partido se escondieron por las más mezquinas razones.
Acevedo Vilá - quien durante los últimos tres años se ha dedicado mayormente a contar en Twitter los juegos a los que va, los que ve y cuáles equipos y atletas son sus favoritos - salió otra vez a la luz del sol, al campo de batalla, a encabezar la oposición a la propuesta para enmendar la Constitución con el fin de limitar el derecho absoluto a la fianza y la reducción de escaños legislativos.
A esa batalla le rehuyó Alejandro García Padilla, el supuesto líder de la oposición en Puerto Rico, por puro oportunismo político. La emprendieron, en cambio, los dirigentes de todos los demás partidos, algunos notables líderes populares e importantes figuras de la sociedad civil. Pero ninguno tiene el peso, ni es tan persuasivo, ni lo oye tanta gente, como a Acevedo Vilá.
A éste se le vio esta semana, como en sus mejores tiempos, demostrando por qué, a pesar de muchos enemigos cercanos y lejanos, alcanzó el más alto puesto electivo disponible en Puerto Rico: debatiendo como un león, afilado como una navaja en todo lo que no es status, tema en el cual todos los populares, hasta los superdotados, resbalan y caen sentados de muy mala manera.
El analista Carlos Díaz Olivo, otra mente privilegiada, y quien cree en la limitación de la fianza y en la reducción de escaños legislativos, confirmó esta semana por qué Acevedo Vilá es Acevedo Vilá. Lo invitó a su programa de radio y Acevedo Vilá, bendito, lo destasajó rebatiéndole todos sus argumentos, con tanto ímpetu, que hizo que algunos de los que oían el programa se sintieran tentados a llamar a la Policía porque en aquel estudio radial se estaba cometiendo, francamente, un tremendo abuso.
Es fácil atribuirle a Acevedo Vilá intenciones ulteriores en este esfuerzo.
Dicen, por ejemplo, que está velando güira porque cree que García Padilla puede perder las elecciones y quiere estar en primera fila para hacerse cargo del PPD otra vez en el 2013. Ese, sin embargo, no parece el caso, pues si de algo sabe Acevedo Vilá es de cálculos políticos y, a pesar de su esfuerzo y el de muchos otros, todo tiende a indicar que el electorado avalará las enmiendas constitucionales. El que se haya metido a esto velando güira, pues, va a salir de seguro machucado.
Ahora, si el “No y No” da la sorpresa, y gana la consulta, el principal responsable, no el único, pero sí el principal, será Acevedo Vilá, porque nadie ha encapsulado como él los peligros de la propuesta. Primero, que no hay evidencia de que limitar el derecho a la fianza alterará de ninguna manera el curso de la incidencia criminal y es un atentado mortal contra la presunción de inocencia; y, segundo, que reducir los escaños legislativos disminuye la representatividad, perpetúa en el poder a los mismos especímenes de ahora y puede resultar irrevocable para todos los efectos.
Acevedo Vilá nunca desapareció de la política. Siempre fue un fantasma que esta administración agitaba a gusto y gana atribuyéndole haber quebrado el gobierno, ignorando que eso es un fenómeno que estuvo fermentándose por décadas y al que contribuyeron, tanto Acevedo Vilá, como todos los gobernadores que hemos tenido desde Rafael Hernández Colón para acá y toda su irresponsabilidad fiscal, ínfulas faraónicas, dádivas suicidas y clientelismo barato.
Mas ahora el fantasma se hizo carne y anda por ahí haciendo que muchos que habían tomado a la ligera la propuesta de enmendar la Constitución le den una segunda mirada al asunto, quién sabe en este momento con qué resultados.

Benjamín Torres Gotay ha ejercido el periodismo de manera ininterrumpida desde su graduación de la U...


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