Cuando el próximo 28 de julio se enciendan las luces de la arena North Greenwich en Londres para las competencias de gimnasia de los Juegos Olímpicos de 2012, una niña de Humacao, Lorena Quiñones, de 15 años, estará allí como la única representante de Puerto Rico en esta bella disciplina.
Lorena hizo historia esta semana al convertirse en la primera fémina puertorriqueña que se gana la clasificación a unos Juegos Olímpicos en gimnasia. Su historia, que conocimos esta semana bajo la firma del reportero Antolín Maldonado, es la clásica trama del atleta que supera las adversidades, los sinsabores y los obstáculos, sin dejar que nada le desvíe de su meta.
Su madre, Janet Moreno, calificó el triunfo de su hija como "un milagro", pues una seria lesión en el codo sufrida hace dos años casi la hace echar por la borda una carrera que empezó cuando Lorena tenía apenas cuatro años. Pero la chica no se amilanó, continuó adelante y hoy disfruta el dulce sabor de ese "milagro".
Si Lorena logra el otro "milagro" que ahora tiene en el horizonte, una medalla, todo su país lo estará cantando y celebrando por décadas. Pero si no lo logra no habrá problema, porque tiene apenas 15 años y por ahí viene Río de Janeiro 2016 y muchas competencias y retos más.
Cuando hay vida y determinación y disciplina nada es imposible.
Karla Michelle Negrón tenía la misma edad de Lorena y, según los que la conocieron, determinación, disciplina, sueños, metas, aspiraciones, anhelos y deseos tampoco le faltaban. Pero la vida le fue arrebatada de la manera más incomprensible imaginable por uno de los subhumanos adeptos al asesino placer de hacer disparos al aire para despedir el año.
Y sin vida, desgraciadamente, todo es imposible.
El horizonte que Lorena atisba pletórico de colores, de magia, de triunfos, de desafíos, de experiencias, de vida, a Karla le fue apagado en aquellos fatídicos primeros minutos de este 2012 por la cortesía del desalmado despreciador de su propio género que, sin importarle nada, haló el gatillo quién sabe para qué.
Él sabe que fue él. Con toda la cobertura que tuvo el caso de Karla Michelle es imposible que no haya visto mucha veces el desgarrador llanto de don Carlos Negrón, padre de su víctima, o el estoicismo adolorido de Evelyn Nieves, la madre, lastimándonos todos estos días en todos los periódicos y noticieros.
Pedirle que se entregue no tiene sentido. Primero, porque no estará leyendo esto. Segundo, porque el que dispara al aire sabiendo que la bala va a caer y puede matar a alguien es un cobarde y el que es cobarde para una cosa lo es también para la otra. La cobardía no es circunstancial, es un atributo del carácter manchando de manera permamente el alma de quien lo sufre.
Ni siquiera el pensar que oyó a otros disparando esa noche lo salva de la certeza de que fue él quien mató a Karla Michelle y del terror de que lo agarren. A lo mejor fue otro, pensará. Pero lo más seguro es que fui yo, se dirá después.
En fin, que, como han dicho tantos en estos días, y con tanta razón, todo el que disparó esa noche asesinó a Karla Michelle, igual que todo el que disparó el año pasado asesinó a Francisco Javier Cancel, de 14 años, de Bayamón.
El título de este artículo es tomado de un cuento del gran escritor argentino Jorge Luis Borges que tiene como tema central la idea de que hay realidades paralelas y simultáneas. Lorena y Karla Michelle no se conocían, pero tenían la misma edad y en el sentido de que ambas miraron la vida de frente e iban como bólidos hacia la cristalización de los destinos que se trazaron vivían realidades paralelas y simultáneas.
Sus senderos se bifurcaron, el de Lorena hacia todo lo bello con lo que la vida premia a quien la vive con ganas y de Karla Michelle, que vivía con las mismas ganas, hacia la muerte y el indescriptible dolor de una familia buena que no merecía una pena así.
Gracias a ti, asesino.

Benjamín Torres Gotay ha ejercido el periodismo de manera ininterrumpida desde su graduación de la U...


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