Cuando en estas noches casi heladas el representante José Luis Rivera Guerra busca el calor de las sábanas en su habitación predilecta de cualquiera de las dos casas que tiene, seguramente en lo menos que está pensando es en la densa marejada de violencia, de corrupción y de inmoralidad que arropa al País, ni imagina que eso tiene algo que ver con él.
Él, piensa el representante Rivera Guerra, es apenas un triste legislador que, como tantos otros, se las está buscando como puede. La única cuita que atormenta su espíritu en estos días es cómo va a salvarse del hondo lío en que está metido desde que se descubrió que lleva años sin pagar las contribuciones sobre la propiedad por las dos casas que tiene, una de las cuales tuvo la osadía de construir sin ninguno de lo permisos que todos los demás mortales tenemos que conseguir para menesteres así.
La pila de muertos en las calles, la gente que dispara al aire por más que se le diga lo peligroso que es eso, los que sufren las consecuencias de esos disparos, el clima, en general, de anarquía y desorden que vive el País no tienen nada que ver con él, imagina Rivera Guerra.
Pues no queda más remedio que recordarle ahora al representante Rivera Guerra que, si piensa así, está rotundamente equivocado, pues la profunda crisis de valores y de confianza por la que estamos atravesando y que es la principal fuente de la violencia y la corrupción moral que tanto nos duelen tiene todo que ver con actuaciones como las que se le atribuyen a él.
Veamos:
La crisis puertorriqueña de este aciago Siglo XXI que vivimos es, sobre todo, de carácter moral. Los valores morales que fomentan la paz que a nosotros nos falta emanan del respeto al derecho ajeno y a la diversidad, del reconocimiento de la valía del trabajo honesto y del esfuerzo y del apego a las leyes y normas que rigen la vida colectiva.
Cuando todo eso pierde valor, el resultado es lo que estamos viendo ahora: una sociedad en la que no nos respetamos, en que muy poca
gente valora el trabajo, el esfuerzo y la ley y cada cual anda con el cuchillo en la boca buscando donde meter la mano y salirse con la suya, por cualesquiera medios que estén a su alcance.
El representante Rivera Guerra violó leyes y reglamentos. Estaba de lo más feliz haciéndose el loco en cuanto al pago de las contribuciones de sus dos residencias y no fue hasta que lo sorpendieron en la trampa que saló corriendo a decir que va a pagar. Su partido, el Nuevo Progresista, también se hizo el loco en cuanto a las irregularidades y lo dejó figurar en la papeleta.
Ha entrado en la sicología del culpable y ahora dice que lo persiguen y está empezando a tirarle lodo a los que le están exigiendo cuentas. Lo próximo, apúntelo, va a ser decir que Dios sabe que él es un hombre honesto.
Él, por supuesto, no es quien único ha sido desnudado así esto en tiempos recientes. Pero cada vez que un pueblo al que le faltan modelos de autoridad moral ve a una persona en una posición de poder como él yéndose por la línea de fondo para incumplir con las responsabilidades que se nos exigen a todos vuele a reinar la sensación de que estamos en tierra de nadie y de que todo se vale.
Por casos como el del representante Rivera Guerra es que a nadie debe extrañar que haya habido mucha gente que no hizo caso a los que pidieron que no se hicieran disparos al aire en la despedida de año y ahora la familia de Karla Michelle Negrón esté pasando el peor momento de su vida o que tanta otra gente decida elegir el camino del dinero fácil y el poco esfuerzo y se dedique el tráfico de drogas, al robo, la extorsión, el abuso o muchas otras fechorías. Porque por gente como él es que hay muchos que creen que no vale la pena seguir el sinuoso camino de la decencia.
Pronto, apúntelo también, el representante Rivera Guerra va a pertenecer a la larga lista de legisladores y funcionarios públicos que salen por la puerta de atrás de la historia tras ser sorpendidos con las manos en la masa. Su legado, la idea de que está bien hacer las cosas mal mientras no sorprendan a uno, tristemente le sobrevivirá por mucho tiempo.

Benjamín Torres Gotay ha ejercido el periodismo de manera ininterrumpida desde su graduación de la U...


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