En el nombre del Padre se han cometido y se cometen los crímenes más horrendos de esta humanidad terrenal.
Estos criminales mienten, roban y matan convencidos de que obedecen un mandato divino tantas veces inspirados en escrituras sagradas y libros de texto calificados como bíblicos y donde la palabra es expresión inmediata de un Dios, Yahveh, Alá o vicarios como Jesucristo, Abrahán o Mahoma.
La Iglesia Católica Apostólica y Romana monopolizó todas las fuentes del bien y del ambiente religioso cuando habló y actuó en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. No fue poca la ayuda que para los cristianos, y especialmente para los católicos significara el que Constantino I hiciera del cristianismo la religión oficial del Imperio Romano.
Pero el nacionalismo de un Pueblo como el alemán, en el 1517, desarrolló una fuerza más natural que sobrenatural para apoyar al protestante Martín Lutero, irónicamente, el monje más católico de su tiempo en su lucha en contra del Papa y su Vaticano. Y surgieron iglesias nacionales y regionales cada una con su particular interpretación de biblias e historias.
Si bien los judíos, aunque errantes, siempre fueron una fuerza en las distintas sociedades del Mundo y desde los tiempos post segunda guerra mundial, como el estado de Israel, el poder dominante en el Oriente Medio, no podemos menospreciar allí la influencia del Islam a partir del siglo séptimo A.D. y muy ciertamente ahora más que nunca antes.
Las Cruzadas, guerras religiosas entre cristianos y musulmanes, se iniciaron en el 1096 bajo el mandato del Papa Urbano II, que, inspirado porque “ Dios lo quiere” declaró la guerra a los infieles del Islam. Se hizo en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Y estuvieron unos 200 años en ese julepe de matarse en nombre de sus divinidades. ¿Barbaridad? Ya lo creo.
Ya para el 1184 se instituye la Santa Inquisición con el santo propósito de quemar en la hoguera a los herejes, desafiantes de los dogmas católicos y en el nombre del Padre por poco asesinan a Galileo cuando cuestionó las teorías aristotélicas de que la tierra era el centro del universo. Galileo se retractó y vivió pero en cautiverio.
La cruz del cristianismo llegó a Puerto Rico con Cristóbal Colón para 'salvar' a los Indios y después de bautizarlos los esclavizaron en nombre del Padre asegurándoles que, siendo últimos en la tierra, serían los primeros en el cielo.
Los protestantes quemaron su cuota de brujas, también en el nombre del Padre y su santa palabra.
Estos asuntos de intervención divina vienen muy a la mente en estos tiempos en que el fudamentalismo evángelico en Estados Unidos mira con recelo a un amenazante extremismo islámico que a diario produce hombres y mujeres 'bombas'. Un fanático religioso puede ser un ejército invencible; el peor de los enemigos. Más de una docena de ellos destruyeron las Torres Gemelas en Nueva York y mataron a unos tres mil inocentes. Bush ripostó sacándole los dos ojos a Irak y a Afganistán.
Israel, criatura política bautizada por el capitalismo democrático occidental, hierve en ganas de atacar a Irán cuyo 'pecado mortal' ha sido haberse declarado en favor de eliminar al estado judío de la faz de la tierra. ¿ Se odian? Ya lo creo pero al reclamo de Netanyahu de que Estados Unidos apoye ese ataque, Obama contesta: “nacariles” sabiendo que todavía tiene que 'sacar las patas' que Bush metió, precisamente, en Irak y en Afganistán.
Israel tiene bombas atómicas pero los israelitas y Occidente no quiere que Irán las tenga.
En nuestro diario vivir isleño vemos como con un “Dios sabe que soy inocente” se defienden todos los días acusados de robar al erario público y cometer fechorías que merecen castigarse con rigor.
En el otro extremo, el péndulo de la justicia se mueve para matar a pedradas a una mujer adúltera o cortarle una mano al que roba. Y lo hacen porque está escrito en algún papel sagrado.
Y es que la religión se ha convertido en un problema existencial para los humanos cuando éstos, dotados de un magnífico cerebro, sub estiman su propia inteligencia, sabiduría, bondad y capacidad para auto determinarse sin recurrir a influencias extra terrestres francamente invisibles e impertinentes.
Así llegan a imaginarse algo tan irrazonable como lo de cumplir con un mandato tan inhumano como el de matarse para matar. Y el de que un crimen se premie con el cielo mientras el Diablo se lleva a los 'malos' pa'l infierno. ¿Quienes son los 'buenos' y quienes 'los malos'? Vaya usted a saber.
Adán y Eva eran blancos, argumentaba una maestra en Miami de apellido Sable tratando de convencer a mi madre de que los negros no eran humanos. ¿Barbaridad? La madre de todas: la ignorancia. Y de la que brotan los prejuicios como el que indujo al loco de Hitler a matar millones de judíos e inspiró al Ku Klux Klan.
Pero uno de los peores insultos a la raza humana es aquel que leemos en los billetes verdes que hacen en Washington y que dice claramente: IN GOD WE TRUST. Faltó el ONLY.
¿Cómo puede desarrollarse una ética humanística donde el hombre es considerado un ser caído en el que no se puede confiar? ¿Es que solo se puede actuar en el nombre del Padre?
Moisés pudo haber bajado del Monte Sinai con una sola tablita en vez de diez y que leyera: Ama al prójimo como a ti mismo. Esa es la verdadera y legítima experiencia religiosa.
Por eso sugiero que digamos y obremos: EN EL NOMBRE DEL PRÓJIMO.
Y habrá paz.

José Santori Coll nació en Santurce y luego de estudiar en el Colegio San José de Río Piedras termin...


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