En el residencial Manuel A. Pérez celebraron la semana pasada una actividad “comunitaria” que contó con la inestimable participación del que fuera senador hasta el pasado agosto, ahora místico Roberto Arango. El hombre fue invitado debido a que él, en los tiempos de su bonanza senatorial, se inventó una fiesta muy edificante, sobre todo para niños de familias de bajos recursos.
La fiesta es esta: se cogen tres aves, guineas en este caso; se lanzan por los aires en un parque de pelota, y un ejército de chiquillos las persigue, las acorrala y las atrapa, despanzurrándolas un poco en el intento. Luego las devuelven al punto de partida, y empieza nuevamente el juego. Las mismas guineas son lanzadas al campo para que las persigan, las acorralen y las despanzurren un poquito más. Así hasta que se agotan los pavos congelados que llevan al lugar como premio para los ganadores, que son los que han logrado atrapar una guinea. En una fina pincelada, al término de la actividad, Arango recalcó que con las machucadas aves se haría un fricasé.
Todo esto dicho por un individuo que, en el momento en que lanzaba las aves para el maltrato, alegaba que ahora “cree en el karma”. Dudo que sepa lo que dice, más bien toca de oído, pero si cree en el karma, tendrá que creer por fuerza en la reencarnación. Y sepa que está mal visto en las filosofías hinduistas causar sufrimiento innecesario a los seres vivos, con lo cual se está buscando que en la próxima reencarnación lo envíen de vuelta a este valle de lágrimas convertido en guinea.
Otra pincelada inefable fue cuando declaró que estaba en el residencial porque hace ocho años que impulsa el evento y no quería que “se perdiera la tradición”. O sea, que ahora es tradición en el País ganarse un pavo a fuerza de enseñar a los niños a tener poca empatía con los animales. A verlos como pelotas que se pueden perseguir y aplastar. En un acto de patriótico desprendimiento, Arango abandona su exilio y se presenta en público para impedir que se pierda la tradición de “Agarra la Guinea”. Todavía tendremos que darle las gracias. Pero el caso es que con los animales vivos no se juega. Es algo que ya se ha discutido hasta la saciedad. Los sicólogos y los sociólogos han profundizado en el tema. En un país donde hay tantísima violencia, ¿no hay una actividad más sana para entretener a los niños y regalarles un pavo si se los quieren regalar? ¿No hay otra cosa que no sea correr detrás de las aterrorizadas guineas, y agarrarlas y devolvérselas a Arango? Ni tiene gracia, ni ayuda en nada a la comunidad. Parece mentira que algunos líderes comunitarios se presten a eso.
Pero, aparte de ser el orgulloso propulsor de “Agarra la Guinea”, ¿en calidad de qué estaba Arango en esa actividad? ¿Como defensor de los recursos naturales del País y muy en especial del Corredor Ecológico del Noreste? No lo creo. ¿Como abanderado de las luchas por la igualdad y la justicia, y contra los crímenes de odio? Tampoco. ¿Como defensor de las comunidades que son desoídas y arrasadas por el montón de medidas inmundas que él mismo respaldó? Mucho menos. Bastante daño le hizo a las mismas comunidades a las que luego pretende camelar con el indecoroso espectáculo de las guineas.
A mí lo de sus fotos íntimas me importa un bledo. Pero tengo memoria para recordar lo otro: su conducta atroz al enfrentar los temas ambientales, y la batallita puritana que estuvo dando para elevar a rango constitucional el matrimonio entre hombre y mujer, y humillar a los que piensan o sienten diferente. El noventa por ciento de las cosas que hizo mientras fungió como legislador, iba en detrimento de las comunidades. Y el otro diez por ciento fueron movidas demagógicas e improvisadas, comprando votos sin ningún pudor.
Entonces no entiendo cuál es el júbilo de los líderes comunitarios que le imploraron que apareciera allí con la limosna de tres infelices guineas para que “no se pierda la tradición”. Mucho le importará la tradición a Arango, que les pregunten a los músicos puertorriqueños. Pero en todo caso, aquí hay tradiciones verdaderas que Arango y sus compinches han tratado de borrar del mapa. Nobles y puertorriqueñas gestas, y no el denigrante espectáculo de los animales perseguidos.
De primera instancia se informó que la senadora Kimmey Rashke, muy ofendida por la presencia de Arango (ella sí por las fotos, no por otra cosa), había decidido ausentarse de la actividad. Yo iba a escribir: qué buen gesto, vayan las verdes por las maduras. Pero no, pronto me di cuenta de que fue peor que no participara en el primer evento, porque, inconcebiblemente, decidió celebrar el segundo, al día siguiente, con nuevas guineas, para refulgir ella sola (lo de la refulgencia es literal, cuántas gangarrias en un solo torso). Otra vez se lanzaron las aves para el terror y los apretujones. ¿Alguien leyó y captó el significado de “La gallina degollada”, de Horacio Quiroga? Cuando yo empezaba en este oficio era obligatorio leer los cuentos de Quiroga. Creo que ya no se leen, hay un montón de escritores, o sucedáneos, que pululan por el mundo sin haber abierto jamás una página del genial escritor uruguayo.
Como Arango “cree en el karma”, para la próxima reencarnación a lo mejor se aplica y lee “La gallina degollada”. Si es que reencarna en persona y no en guinea. Como guinea no podrá leer. Correr sí. Huir también. Y de pronto terminar en su propia cazuela, que es la del fricasé.

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