El veterano columnista boxístico Michael Marley tuvo una rápida recomendación para Floyd Mayweather, Jr., a raíz de su victoria sabatina sobre Miguel Cotto: que se amanezca el lunes a la entrada del gimnasio Wildcard, de Los Ángeles, donde se supone que Manny Pacquiao inicia esta semana la parte final de su entrenamiento con Freddie Roach para su pelea del 9 de junio con Tim Bradley.
Y qe allí mismo comience a negociar una pelea en noviembre con el campeón filipino.
¿Por qué?
Pues Marley cree que la cortadura y la sangre que el Pretty Boy experimentó en su reñida victoria con el campeón boricua son un indicio de que, a la edad de 35 años, Mayweather finalmente ha empezado a perder facultades, y que debe apresurarse a concertar esa pelea con el PacMan que los dos llevan años eludiendo, antes de que se le haga demasiado tarde.
Para mí, sin embargo, no me parece que el peligro de una rápida decadencia sea tan inminente para Mayweather, quien el primero de junio debe comenzar a cumplir tres meses de cárcel luego de que se declarara culpable en un caso de violencia doméstica.
Claro, para buen sector de la prensa norteamericana, el que Mayweather -ahora con marca de 43-0 y 26 nocauts- haya confrontado problemas para conquistar el cetro junior mediano de la AMB, en especial cuando las apuestas lo daban como favorito 7-1, resultó una gran sorpresa.
Más aún cuando lo que muchos tenían más fresco en la memoria era el recuerdo de las aplastantes y sangrantes derrotas sufridas por el boricua ante Antonio Margarito y Manny Pacquiao.
Pero un Cotto bien motivado es un pelador de primera: un eficiente pegador que suele abrumar a sus rivales, pero que también puede boxear con elegancia cuando quiere hacerlo.
Y si a eso se le añade una condición física inmejorable...
Mayweather, entretanto, peleó como siempre suele hacerlo: por ráfagas, mostrándose dominante en ciertos momentos, y otros dejando que su rival se entretuviera asumiendo el ataque.
Sin embargo, aunque estaba fuerte -hasta el extremo de pasarse buena parte del combate forcejeando con Cotto-, a Mayweather también se le vio relativamente lento, en especial de manos.
Definitivamente, las 154 libras no son su peso.
Y me parece a mí que Mayweather se equivocó un poco a irse tan frecuentemente a las sogas, a pesar de que también es un excelente pegador desde las cuerdas.
Tal vez se haya debido a que esa es su forma de buscar descanso... o, me sospecho, a que haya pensado que de esa forma iba a poder desgastar más rápidamente a Cotto, quien en etapas anteriores de su carrera había ido perdiendo gasolina según avanzaba el combate.
Y era lógico pensar que Cotto pudiera cansarse, en especial cuando estaba peleando a un ritmo acelerado muy poco común en él, como si en efecto su estrategia fuera emular el estilo de acoso y ataque incesante con el cual el mexicano José Luis Castillo había estado tan cerca de derrotar a Mayweather en 2002.
Pero esta vez Cotto no se cansó, la puntuación se le complicó un poco a Mayweather y el norteamericano tuvo que volver a apretar el acelerador para asegurar la decisión en los asaltos finales.
¿Que si las votaciones de los jueces -118-110, 117-111 y 117-111- estuvieron exageradas?
Tal vez.
De lo que no hay dudas es de que Mayweather -quien, según las estadísticas de Compubox, aventajó al boricua 179-105 en golpes conectados, según HBO- ganó.
Y aunque afirme lo contrario -¿alguien conoce algún caso de un campeón que sufre una derrota por decisión y luego admita estar de acuerdo con los jueces?- Cotto perdió...
Claro, si acaso puede decirse que perdió un hombre que tal vez termine metiéndose $12 o $14 millones en los bolsillos y que hizo una pelea tan extraordinaria que provocó que Floyd Mayweather lo considerara uno de los rivales más fuertes de su carrera y un futuro miembro del Salón de la Fama del Boxeo.
jperez@elnuevodia.com

Graduado del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico en 1978, con un bachillerato en...


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