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Mario Alegre Barrios

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24 de febrero de 2014

Hay que creérsela...

Llevamos tiempo con la diatriba de la degradación crediticia, que si el país es chatarra, que si estamos al borde del colapso, que si los azules tienen la culpa, que si los rojos también, en fin, que no valemos nada –excepto cuando se gana un campeonato de boxeo o una corona de belleza- y que el futuro pinta tan trágico como el de quien se lanza desde un avión sin paracaídas.

Habrá quienes digan que la última metáfora es imprecisa, que no nos lanzamos voluntariamente, sino que nos empujaron, pero lo cierto es que todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad, los que votan y los que no, los primeros porque son quienes han elegido a los que poco a poco nos han empujado; los segundos por su indolencia, por su apatía, porque con su mirar de lejos han sido cómplices pasivos del desmadre.

Digamos en beneficio de los que votan y no, que las opciones de los últimos 25 años nunca han sido las mejores, que elegir cualquier candidato hubiese conducido al mismo descalabro, que desde hace mucho esa es la tragedia de nuestro intento de democracia y que las opciones actuales son igualmente desesperanzadoras.

Con el Gobierno como lastre perpetuo –sacarlo de la ecuación es una utopía que no nos hemos ganado- no parece quedarnos otra alternativa que –en lo posible- ignorarlo y comenzar el sinuoso proceso de reformularnos individualmente desde la médula, transformarnos de adentro hacia afuera, comenzar a erradicar conductas ancestralmente arraigadas al ADN boricua, porque no se trata de gentilicios, no de ser de aquí o allá, no de preferencias en cualquier orden, no de credos, no de ideologías, no de dioses o de la falta de ellos.

Se trata simplemente de ser lo que nunca hemos sido del todo, de intentar ser lo que aparenta parecernos un tanto ajeno: simplemente ciudadanos responsables. Responsables con nosotros mismos y con los que nos rodea, que por ahí se empieza y que por lógica se llega a eso que llamamos “país”.

En momentos como los que vivimos, esa responsabilidad parece ser la piedra de toque para comenzar a reconstruir el país que tanto anhelamos, digo, si es que es verdad eso de que deseamos algo así, si es que es cierto que estamos indignados –aunque sea un poco- de que nos “empujaran” a creer que somos chatarra, de que es culpa de los azules y de los rojos, en fin, de creer que no valemos nada, salvo cuando se gana un campeonato de boxeo o una corona de belleza.

Hay que empezar a creer que somos algo más –porque lo somos- y cada cual hacerlo desde su realidad más inmediata, desde su hogar, desde su lugar de trabajo, desde donde cultiva sus afectos y vive sus pasiones. Creer que somos mejor de lo que la realidad nos dice que somos. Creer que somos mejores ciudadanos, mejores trabajadores, mejores estudiantes, mejores padres, mejores hijos, mejores amigos, en fin, mejores personas. Creerlo y serlo.

Sé que todo esto puede sonar a utopía, sé que estas palabras pueden parecer quimera, pero si alguna esperanza tenemos, esa utopía –esa quimera- hay que creérsela.

marioalegreb@gmail.com

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Mario Alegre Barrios

Mario Alegre Barrios, oriundo de la Ciudad de México y residente en Puerto Rico desde 1977. Periodis...

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