José Molinelli, profesor universitario y geólogo por excelencia, ama a su isla; la nuestra.
La conoce y la reconoce en cartografías maravillosas destacando, a todo color , sus bondades de tierra adentro y costera con sus montañas, valles, playas, ríos, lagos y todos sus municipios con sus barrios.
En un marco azul de mar y cielo reposa tranquilamente y resplandece el archipiélago de Puerto Rico, parte importante de ese paraíso terrenal que son las Antillas.
Ha estado ahi desde el único siempre que cuenta: el de los seres humanos. Taínos, españoles y negros formaron una etnia : la puertorriqueña. Y no hay poder político en el mundo capaz de cambiar esa realidad histórica que se enriquece con las ideas y creencias que han inspirado una cultura hispánica y ese gran denominador común que ha sido nuestra lengua. Como decía mi madre: “ los españoles se llevaron el oro de nuestros ríos pero nos dejaron el tesoro del idioma español”.
Es esa poderosa corriente de identidad boricua que Don Pedro Albizu Campos convirtiera en un enorme marullo nacionalista que en octubre de 1950 diera a nuestra patria los únicos instantes de soberanía que ha tenido nuestro Puerto Rico, la que las fuerzas anexionistas y sus ad láteres colonialistas quieren disminuir hasta hacer desaparecer para fundirse en el enajenante y hasta antagonizante fenómeno político y cultural de los Estados Unidos de América.
¿Y lo vamos a permitir?
Si algún sentimiento me conmovió cuando Molinelli me obsequió ese mapa de Puerto Rico fue el de admiración por el cariño que destilaban sus descripciones de lo que ambos apreciábamos como la mejor de las naturalezas. Y es en tan maravilloso escenario que los puertorriqueños hemos forjado nuestro carácter, afectos y personalidad y desde esa atalaya podemos percibir el resto de la humanidad con el noble propósito de hacerla una generosa, sin guerras, alegre, pacífica; en fin : feliz.
Lamentablemente, Puerto Rico es una nación sin personalidad jurídica internacional. Los puertorriqueños, al ser desnacionalizados en marzo de 1917, no podemos ser ciudadanos de nuestra patria y asi nos han condenado a la inferioridad de estar sometidos a la voluntad de un cuerpo político extranjero que nos ha obligado y nos obliga a ser meros residentes en un territorio que, supuestamente, no nos pertenece.
Así y por el ignominioso derecho de la fuerza, la militar, y a pesar de haber nacido aquí, nos dice la Constitución de los Estados Unidos, el invasor, que la isla nuestra, la de Molinelli, la mía y la de todos los puertorriqueños NO ES NUESTRA ; es de los 'americanos'.
Aaaah pero manda cojones pensar que hay cientos de miles de hijos de esta tierra, tan linda y bondadosa, que, no solamente no se abochornan ni se indignan ante la violación de sus derechos, los más naturales del mundo, sino que viven convencidos de que los 'americanos' son mejores que nosotros; valen más y hasta se enorgullecen de ser lo que ellos son.
Estas consecuencias político - culturales; sociológicas y psicológicas fueron las que un líder como Luis Muñoz Marín no supo prever cuando en 1950 negoció la sobre vivencia de la nacionalidad puertorriqueña y el valor supremo de su libertad por un 'plato de lentejas'.
El Mundo, y eso es mucho decir, necesita a un Puerto Rico libre y soberano que ocupe un lugar en las Naciones Unidas para que, desde nuestra perspectiva de isla caribeña, nación pobre pero feliz y tan nación como cualquier otra, les transmita a israelitas y musulmanes, a capitalistas y comunistas, a religiosos y ateos, a blancos, negros y a orientales de todas las razas que las guerras no sirven y que la paz se logra COMPARTIENDO y no COMPITIENDO.
Mientras asimila lo que ha leído hasta ahora y estando en año de elecciones piense un poco sobre que carajo es eso que llaman DEMOCRACIA y en cuyo nombre los 'americanos' han bombardeado e invadido a medio mundo y que, para colmo, no les impide mantener una colonia en el Mar Caribe. Una colonia donde, en noviembre, los puertorriqueños ejercerán el derecho democrático de votar para seguir siendo residentes 'americanos' en una isla que es nuestra. La mía y la de Molinelli.
¡Tremenda democracia! La de los bobos.

José Santori Coll nació en Santurce y luego de estudiar en el Colegio San José de Río Piedras termin...


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