El "shock" del Superintendente de la Policía José Figueroa Sancha no era por anunciar su renuncia sino porque en La Fortaleza lo botaron ante el obvio fracaso de su gestión contra la criminalidad.
Es que si esto sigue como va, éste va a ser el año récord en asesinatos en Puerto Rico y nada indicaba que la labor de la Policía bajo Figueroa Sancha podría impedirlo. El año pasado, el segundo más sangriento de nuestra historia, terminó con 983 asesinatos. En el 2011, al cerrar la mitad del año ya teníamos 569. De tener otro semestre igual, terminaríamos con 1,138 asesinatos en Puerto Rico al despedir este violento 2011.
¿Hay que explicar por qué lo botaron? La criminalidad es el asunto más preocupante para los puertorriqueños y si el gobernador Luis Fortuño, como acaba de anunciar, quiere lograr ser reelecto tiene que atacar este violento monstruo que está consumiendo a nuestra Isla. O al menos aparentar que está haciendo algo. Botar al Superintendente que no funciona, como lleva pidiendo la oposición política hace meses, da la impresión de que actúa aunque es una admisión de fracaso.

José Figueroa Sancha, durante su nombramiento por el gobernador Luis Fortuño en noviembre de 2008. (Foto de Archivo, El Nuevo Día)
La verdad es que el Superintendente pisaba y nunca arrancó. Tampoco daba visos de que sus tácticas funcionarían. Hace un tiempo quedó evidenciado que la Policía estaba traqueteando con estadísticas para dar la impresión de que las cifras del crimen bajaban. Y Figueroa Sancha no era muy brillante en su proyección. Su declaración más reciente, tras el operativo antidrogas en La Perla, es que tendríamos que prepararnos para ver más asesinatos a raiz de esto pues vendría la guerra por el control de los puntos que dependían de la narcoganga arrestada.
Por supuesto que tiene razón en lo que decía el Súper. Pero entonces ¿nada puede hacer para impedir esos asesinatos? Si eso es así, ¿para qué siguen haciendo redadas? ¿No resulta ya obvio que esa estrategia por sí misma no resulta en menor criminalidad? ¿Cuándo entonces habrá visos de que esta violencia aplastante amainará?
Lo cierto es que por bueno que sea un Superintendente de la Policía, y Figueroa Sancha finalmente no convenció ni al Gobernador que lo nombró, la lucha contra la criminalidad no es asunto que resolverá ningún funcionario policiaco.
Aquí hace falta una estrategia anticrimen que lo ataque desde muchos ángulos, a corto y largo plazo. Si vamos a rescatar a esta Isla para hacerla vivible en algún tiempo, tendría que haber unión de esfuerzos gubernamentales, privados, cívicos, que impacten comunidades, escuelas, familias, adictos a drogas, confinados, para rehabilitación verdadera, así como atender a jóvenes en riesgo de caer en la delincuencia, atacar la pobreza y la salud mental de nuestro pueblo. Haría falta que haya oportunidades económicas y de trabajo reales que aquí no se ven a corto plazo mientras la narcoeconomía está ahí, disponible para todo el que tenga necesidad de ganarse un billetal. Ahí está el doloroso ejemplo de Piculín Ortiz.
Si se perdió la guerra contra las drogas, habría que hablar de medidas drásticas y arriesgadas que se han dado en otros lugares como la medicación de drogas y quizás la polémica legalización de la marihuana para descriminalizar a los adictos y tumbarle el negocio a los malditos narcotraficantes, culpables del continuo baño de sangres en nuestras calles. Pero para medidas así en Puerto Rico, aquí no hay poderes políticos suficientes para implantarlas pues dependemos de las leyes federales vigentes.
¿Hay luz al final del túnel? He escuchado cientos de estudios sobre el crimen a lo largo de los años y miles de propuestas sociales para atajarlos. Pero no se implantan, se sigue haciendo lo mismo, esperando resultados distintos y aquí estamos, sufriendo la vida cada vez más insegura en esta Isla que amamos tanto. Aquí estamos, escuchando de cómo matan ancianos, de cómo acribillan niños, que aumentan los robos, que pican en cantos a jóvenes y nos preguntamos si nos podría tocar el turno en la cruel lotería de la violencia.
Se va Figueroa Sancha, se queda un Superintendente interino y luego llegará alguno en propiedad. Los asesinatos, cada vez más despiadados y escalofriantes, continuarán, porque no es cuestión de tener más policías y darles más armas si el gobierno y todos los puertorriqueños no nos unimos para trabajar con las causas sociales profundas que provocan la criminalidad. ¿Hasta cuándo, Puerto Rico?
Ojalá que la salida de Figueroa Sancha pueda provocar una instropección social sobre la criminalidad y puedan buscarse nuevas alternativas porque en esta batalla contra el crimen, literalmente, se nos va la vida.
Si quieres comunicarte con Nelson Gabriel Berríos, puedes escribirle a nberrios@elnuevodia.com

Nelson Gabriel Berríos es un veterano periodista ponceño que labora como Editor de la Edición Domini...


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