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Las cosas por su nombre

Benjamín Torres Gotay

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25 de noviembre de 2012

Lo que le pasó a Santini

Hay cena y reunión familiar de Acción de Gracias. El hombre recibe de su hijo una cerveza helada. La abre, se da un sorbo, se sienta e, intrigado, hasta conmovido podría decirse, le dice al hijo: “Ven acá, ¿tú le puedes decir a Benjamín Torres Gotay que me explique el triunfo de Carmen Yulín Cruz? Todo lo demás yo lo entiendo, pero eso no”.

Esto pasó en Manatí el jueves y se la contó un compañero de trabajo al que escribe esta columna, quien casualmente lleva un par de semanas con la misma intriga y, sabiendo los riesgos que corre al meter a sí mismo de personaje en su artículo, pero no pudiendo dejar pasar el pie forzado que le brinda el distinguido ciudadano, decide, de una vez y por todas, intentar una aproximación al asombroso triunfo de Carmen Yulín Cruz en la contienda por la Alcaldía de San Juan.

Lo primero que hay que decir es que la victoria causa hoy menos asombro que en las primeras horas del 7 de noviembre, cuando empezó a quedar claro que Carmen Yulín Cruz había logrado lo que, de lejos, parecía impensable: la pitirre, como se hace llamar, había dado una de las grandes sorpresas en la historia de la política puertorriqueña al derribar la figura faraónica de Jorge Santini.

Causa menos asombro ahora porque, al tener que abrir por primera vez en 12 años los libros de la alcaldía a elementos externos, queda clara la fantasía tropical en que vivía el alcalde Santini al estar anunciando constantemente proyectos faraónicos que, cuando no se quedaban en letreros, le causaban un fuerte drenaje a las finanzas del ayuntamiento.

El municipio, hemos visto, está ahogado en deudas y al borde de la bancarrota y aunque eso es algo de lo que, por razones que los periodistas tenemos que evaluar, no se hablaba mucho, en la vida de la gente que dependía, para esto o para aquello, del ayuntamiento, se notaba. Para no ir más lejos, los que recibían servicios en el Hospital Municipal saben que alguna vez hubo que cancelar algún procedimiento por falta de algo tan elemental como vendajes.

A los que nunca faltó “esto o aquello” fue a los publicistas de San Juan, porque ahí sí que Santini no escatimaba. El gasto fue multimillonario. Se sabrá con certeza matemática cuando el equipo de Cruz pueda entrar ya sin restricciones en los libros del ayuntamiento. Pero se habla de cerca de $60 millones. $60 millones, o lo que sea, hasta un centavo, en anuncios, cuando faltaba hasta el vendaje que ponerle a alguien a quien se le hizo una operación en el Hospital Municipal.

A eso se le une un alcalde que se comportaba como dueño de la ciudad, que insultaba y aplastaba sin contemplaciones a cualquiera que le hiciera la más mínima oposición, y que se hacía acompañar de gente que parecía más parodia que persona, como Albita Rivera, y uno entiende que una profunda aversión hacia Santini y todo lo que tuviera que ver con él llevaba un tiempo fermentándose en San Juan.

Llega entonces Carmen Yulín Cruz.

Llega con esa sonrisa que es tanto de la boca como de los ojos. Llega como es, sin disimular nada. Llega hablando de inclusión, de alianzas con otros sectores políticos, de presupuestos participativos, de gobernanza democrática. Llega con sus virtudes y defectos expuestos a la luz del sol. Llega acompañada de independentistas, obreros, gays, esos a los que otros no tocan ni con vara larga. Llega hablando claro y eso, la claridad, los electores lo aprecian. Llega, en fin, sin miedo.

Llegar, sin embargo, es solo una manera de decirlo, porque Carmen Yulín Cruz llevaba tiempo ahí, metida en las comunidades, cogiendo sol y quemando suela por obreros, estudiantes, mujeres, toda suerte de desamparados. En otras palabras, no se trata aquí de alguien que un día estaba pensando para qué correr y dijo ‘ahí la cosa se ve fácil’ y se tira. Su aspiración de siempre, lo ha dicho y lo ha demostrado, era ser alcaldesa de San Juan.

En fin, que el desgaste, la mala administración y las ínfulas mesiánicas de Santini chocaron con el carácter auténtico de una mujer que se hizo sola, que no le teme a lo que es y que tiene la trayectoria para probar que de verdad cree en lo que ofrece y se dio lo que era inimaginable para todos, menos para ella y algunos soñadores que la acompañaron en la aventura.

Eso, amigo de Manatí, fue lo que a grandes rasgos el que escribe esta columna cree que le pasó a Santini.

(benjamin.torres@elnuevodia.com, Twitter.com/TorresGotay)

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