En mi pasada columna hablé sobre las divisiones sociales que sufre nuestra sociedad. Dos reacciones a esa columna me llevan a escribir ésta. La primera me acusa de "dividir a Puerto Rico" y la segunda de ser inconsistente al hablar de la pobreza. Respondo con amor a ambas inquietudes.
En primer lugar, es evidente que existen grandes divisiones en la sociedad puertorriqueña. Si señalo algunas de esas divisiones, es para reflexionar sobre cómo superarlas. No tiene sentido pensar que yo he creado esas divisiones o que deseo agrandarlas.
En segundo lugar, reafirmo la idea de que la sociedad puertorriqueña tiene que prepararse para enfrentar la crisis económica que vendrá cuando los Estados Unidos recorte las ayudas federales que se reparten en la Isla. Como hemos visto en el renovado debate sobre los fondos para asistencia nutricional, esos cambios pueden ser súbitos, profundos y tajantes. Y Puerto Rico no tiene representación con voz y voto en la legislatura estadounidense para defender esos fondos.
Ante la posible crisis, es importante romper el ciclo de dependencia por medio del estudio arduo y el trabajo duro. Sin embargo, eso no cancela que son muchas las personas puertorriqueñas que viven en la pobreza a pesar de trabajar a tiempo completo. Sí, en Puerto Rico hay muchos profesionales que luchan cada día para poner pan sobre la mesa.
El prejuicio social nos lleva a pensar que la pobreza es una consecuencia de la mala actitud de la gente pobre; que son pobres porque no aprovecharon las oportunidades que le dio la vida, porque no estudiaron duro o porque no desean trabajar. Y si bien existen algunas personas que permanecen en la pobreza debido a sus malas actitudes, hay miles de personas puertorriqueñas que son pobres a pesar de que trabajan duro y estudian con fervor.
Miles de obreros no diestros reciben salarios mensuales que apenas llegan a $1,200 al mes. A esto se añaden maestros y maestras, particularmente en colegios privados. Muchas de estas personas se llevan a su casa menos de $1,000 al mes, después de los descuentos gubernamentales. Para colmo, muchos obtienen contratos de agosto a mayo, quedando sin sustento durante el verano. Y sí, muchos de los colegios que siguen estas prácticas son religiosos.
Siga sumando la gente desempleada y subempleada. Esta pasado semestre mi hija mayor tuvo a un ingeniero graduado del Recinto de Mayagüez de la UPR como maestro de ciencias, dado que el joven no encuentra trabajo en su campo. Y ese maestro no está solo. Son miles los graduados universitarios que no encuentran empleo en los campos que estudiaron.
Y no podemos olvidar los estragos que causa el divorcio en el país. Una maestra divorciada con dos o tres niños a su cargo tiene que luchar para mantener a su familia. Y si el padre de los chicos no es responsable con el sustento asignado, hasta puede pasar hambre, particularmente a finales de la quincena. Del mismo modo, conozco hombres que pagan pensiones responsablemente, quedándose con cerca de $600 para subsistir el mes.
¿Y qué me dice de las personas con enfermedades crónicas o condiciones de salud que les impiden trabajar? Muchos de estos ciudadanos también viven en la pobreza.
Es importante que las organizaciones comunitarias se muevan a misericordia, ayudando a quienes pasan necesidad. En particular, las Iglesias deben tener programas para ayudar a la clase trabajadora que lucha contra la pobreza, lo que en inglés llaman "the working poor".
Como ven, el problema de la pobreza es muy complejo y no hay soluciones fáciles para atajarlo. Esa complejidad me obliga a ver el tema desde distintas perspectivas, pues deseo llegar a comprenderlo a cabalidad. Agradeceré sus comentarios sobre el tema, particularmente los enfocados a cómo superar la pobreza, con énfasis en la que afecta a la clase trabajadora del país.
¿Qué opina usted? Le invito a compartir su opinión, comentando tanto el contenido de esta columna como los comentarios de otros lectores y de otras lectoras.
El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR. http://www.drpablojimenez.com

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